Reglas mediáticas del debate electoral

Por Carlos Luis Baron domingo 18 de marzo, 2012

Desde un principio, intuyendo que tenía todas las de perder, Hipólito Mejía rehuyó el debate electoral. Danilo Medina, ahora, cuando todas las encuestas le dan como seguro ganador, en un gesto de grandeza que enaltece su estatura política, concede la polémica televisiva que en realidad no necesita.

Pero cuidado.

Todo debate electoral implica una instancia previa en que las partes acuerdan las reglas que regirán la confrontación. Regularmente, los grupos asesores de campaña discuten y deciden por anticipado cómo se regulará el evento procurando cada una imponer las condiciones que mejor convengan al respectivo candidato. Esta etapa es tan relevante que la falta de consenso en las reglas de juego puede derivar en que el debate se demore o termine frustrado.

Técnicamente, todo lo que hace a la visibilidad del candidato asociado a los recursos de filmación puede resultar decisivo. Reglas como los tiempos de intervención, bloques temáticos predefinidos, el sorteo para ver quien inicia o finaliza cada tema, la posibilidad de preguntas directas entre los candidatos, la eventual extensión de cada alocución y repuesta en particular, si se permitirán interrupciones, la duración de la introducción o los cierres individuales, deben dejarse expresamente pactados en el correspondiente protocolo.

El movimiento de las cámaras constituye también un eje central en lo que se vincula al tipo de filmación, primeros planos que se realicen, cantidad y uso de los mismos, soliendo establecerse expresamente la prohibición de que la cámara se pose sobre el candidato que no está hablando, dado que esto permite el uso no verbal cuando se expresa el oponente, de forma tal que puede estar minando el discurso del que habla.

Está demostrado que cuando las cámaras hacen centro en el que desaprueba con constantes gestos el discurso del contrario, se degrada el juego limpio y la sensación de competencia al igual que las interrupciones verbales violan los turnos correspondientes, por lo que la prevención de estas maniobras desleales deben ser rigurosamente estipuladas para no dar ventajas que dañen a quien está realizando el discurso. La gestualidad emitida por uno de los participantes cuando escucha a su interlocutor no puede ser privilegiada por el plano de corte. En esas condiciones, una simple elevación de hombros, un gesto con la mano o una sonrisa irónica pueden llegar a ser astutos recursos para descalificar al otro.

El conocimiento de estas técnicas es decisivo en la eficacia del debate dado que los factores que muchas veces parecen superfluos terminan siendo trascendentales, llegando a pactarse por ejemplo la temperatura de la sala que puede ser una desventaja para quien transpira más, el tipo de atril que puede significar mayor o menor comodidad según la altura y apariencia, los maquilladores, si son puestos por los medios de comunicación o por el propio candidato, la determinación sobre apuntes, números, tablas comparativas y objetos permitidos, contactos con asistentes técnicos, audífonos inalámbricos y la posibilidad de desplegar material extra son elementos que pueden marcar diferencias.

Existen múltiples ejemplos de debates políticos en los cuales los candidatos presidenciales (España de 2008 – Zapatero vs. Rajoy) presentaron datos y gráficos que avalaban sus posiciones y posibilitaban criticar al adversario.

En República Dominicana se acordará un formato entre los dos principales candidatos, a manera del bipartidismo estadounidense o sistemas con ballotage, debiendo quedar claro quiénes asistirán al estudio de filmación, y en caso que el público fuese permitido, quién y cómo se lo seleccionará, ya sea con criterios partidistas o espectadores “independientes”.

El detrás de cámaras, los noticieros periodísticos que realizarán la cobertura, las salas donde se alojan partidarios, consultores y simpatizantes, son especificaciones que se suman al escenario competitivo e impactan en mayor o menor medida en la formación de opinión pública que en definitiva es el objetivo al que se quiere llegar.

Todos estos elementos paralingüísticos o metaseñales frente a la enunciación del otro, son componentes aptos para apuntalar los discursos, basados en técnicas de proxémicas, kinésicas y disciplinas afines, que inciden en el resultado de un debate cuando éste es televisado o retransmitido digitalmente por primera vez.

Esperemos pues que este evento sea la génesis de una nueva tradición que llegue para quedarse definitivamente en nuestro País.

Que así sea.

El autor es

Consultor especialista en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales, egresado de la Universidad Católica Dámaso Larrañaga del Uruguay.