República Dominicana, democracia compartida

Por Carlos Luis Baron viernes 31 de agosto, 2012

La transición Dominicana a la democracia puede empezar a discutirse desde el propio término transición, así como sus tiempos y sus características. No cabe duda que da lugar a una larga, compleja y hasta farragosa discusión teórica. Pero el cambio político puede calibrarse también desde un punto de vista que se encuentre sustentado mucho más en datos duros.

Contra las opiniones que insisten en empequeñecer y hasta negar la importancia de las transformaciones, así como de quienes sólo consideran trascendente la alternancia en la presidencia de la República, Luis Tejada nos presenta la forma en que nuestro país ha experimentado el paso de un poder casi indisputado en manos del PLD, a un poder que es cada vez más compartido, distribuido entre las distintas fuerzas políticas de nuestro país.

Sin duda, es un útil mapa que nos permite conocer cómo ha cambiado de forma gradual el país.

Luis Tejada, "ofrece evidencia empírica del modo (pausado y atropellado hasta 1996, acelerado y más institucionalizado desde entonces) en el que se fueron produciendo estas modificaciones (y la posibilidad de la alternancia, en la realidad del poder compartido), y parte de una premisa básica: el pluralismo llegó para quedarse."

Para Luis Tejada, en la República Dominicana se ha vivido el tránsito de un autoritarismo mayoritario, que significa un sistema de partido hegemónico con elecciones no competitivas y del ejercicio monopólico del poder, a una democracia consensual, que es un sistema multipartidista en elecciones competitivas, en el que el poder tiene que ser compartido.

El inicio de dicha transición, pese a los importantes antecedentes de las reformas electorales de 1963 y 1978, se da en 2000, cuando, debido a los resultados electorales que dieron a los partidos de oposición una cantidad de diputados inédita, se ponen límites reales, constitucionales, al poder de decisión hegemónico posrevolucionario, en el que el poder político se encontraba concentrado en la presidencia de la República, quien disponía de su amplia mayoría en el Congreso Constitucional. Un esquema similar se reprodujo en el 2008.

En dicho acotamiento al poder jugó un papel importante que el sistema electoral Dominicano fue modificándose de un sistema electoral estrictamente mayoritario para ir asumiendo un carácter mixto, en el que las minorías van adquiriendo mayor representación gracias a la instauración de la proporcionalidad. Esto ha llevado a los partidos a trabar acuerdos que permitan establecer eficacia en las decisiones y condiciones de gobernabilidad.

Además de lo anterior, el partido del presidente tuvo que cambiar su tradicional estructura corporativa a una territorial, además de la forma de elección de sus candidatos, en un proceso que el autor llama de racionalización del poder del presidente.

Los cambios en la representación política dan cuenta de la transición Dominicana. Por ejemplo, en la Cámara de Diputados, a partir de 1996 se acabó la época en que un solo partido contaba con la mayoría calificada y doce años más tarde terminó se con la mayoría absoluta. Esto es atribuido a la creciente competitividad de nuestras elecciones y al sistema electoral mixto, que han dado lugar al "gobierno dividido".