Rescate avanza lento entre granizo, críticas y riesgo epidemias

Por martes 11 de octubre, 2005

Muzaffarabad (Pakistán),(EFE).- Las lluvias que han comenzado a caer con intensidad en la Cachemira pakistaní dificultan aún más el trabajo de los equipos de rescate, que afrontan una tarea titánica de la que el mayor riesgo ahora es la propagación de epidemias.

La situación es extremadamente grave en la región de Muzaffarabad, donde están todavía sepultados la mayoría de las más de 50.000 víctimas mortales, según cálculos no oficiales, causadas por el fuerte terremoto que sacudió el norte de Pakistán el pasado sábado.

En la capital de la Cachemira pakistaní, donde esta mañana granizaba con intensidad, el traslado de los heridos y el reparto de agua, mantas y alimentos, así como el levantamiento de campos de refugiados, eran las únicas preocupaciones.

Apenas había tiempo ni material suficiente para comenzar a desenterrar a las miles de víctimas mortales, aunque algunas personas todavía se afanaban en escarbar con las manos entre los cascotes en busca de sus allegados.

Además, la lluvia y el granizo obligó a los pocos equipos de rescate que han podido llegar ya a este agreste área a detener sus máquinas durante prácticamente toda la mañana.

Cuando al caer la tarde, la tormenta amainó, el hedor de los cientos de miles de cadáveres se apoderó de una ciudad que parece más de muertos que de vivos.

"Tenemos dos grandes problemas: uno, la carencia de recursos y materiales, y dos la distribución de esa ayuda. Han pasado más de cuatro días y el Gobierno ha hecho muy poco", se quejaba a EFE Asif Yacub, responsable de la organización humanitaria pakistaní "Wassed Helped Hands".

La misma crítica expresaba el parlamentario Matlub In-Kalabani, quien hacía un llamamiento desesperado al Ejecutivo y a la comunidad internacional.

"Necesitamos tiendas y comida, mantas, medicinas, helicópteros. La gente está en unas condiciones deplorables. ¿Dónde está la ayuda?", se preguntaba.

La ayuda arriba, aunque a cuentagotas, en helicóptero o a través de la carretera, aún llena de obstáculos y peligrosa por el riesgo constante de desprendimientos.

"Estamos aquí desde el domingo, pero es muy difícil trabajar. Ayer conseguimos rescatar a una personas viva", explicó a EFE Kiubanch Atilgan, bombero del Ejército turco.

En otras zonas, se afanaban con el mismo ahínco e igual ánimo equipos de rescate rusos, alemanes, británicos e incluso miembros del ilegalizado grupo extremista islámico pakistaní Yascar e-Taiba, sin una aparente coordinación y una sensación constante de caos en toda la urbe.

"Sabemos de personas que sobrevivieron al seísmo pero que han perecido después bajo los cascotes por la falta de ayuda. Nosotros llegamos aquí el mismo día y tenemos 25 ambulancias", repetía el doctor Naim Mugal, jefe de los galenos de la organización Yamat e Dawa, adscrita al grupo.

Yamat e Dawa concentraba en una de las riberas del río Nellum, que atraviesa la ciudad, un campamento con cerca de una treintena de austeras tiendas de campaña en las que se refugian medio millar de heridos.

Estos son ahora la principal preocupación de los desbordados equipos de socorro, ya que los cadáveres atrapados desde hace más de cuatro días se comienzan a descomponer, hecho que unido a la escasez de medicinas, agua y alimentos, amenaza con propalar epidemias.

Según cifras oficiales, existe más de 1.250.000 personas sin hogar en las áreas afectadas, algunas todavía inaccesibles por lo escarpado de un terreno que es antesala de la gigantesca cordillera del Karakorum.

"Esto es similar al huracán que hubo en EEUU. Muertos por todas partes, debajo de cada casa", explicaba a EFE Yacub.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió hoy de que si no se soluciona el saneamiento del agua, "seremos testigos de serios problemas de salud".

"La salud es una de las principales preocupaciones en este momento, con tanta gente muerta y herida. Se están enviando muchos equipos médicos pero se necesitan más", dijo su responsable en Pakistán, Khalif Bile.

El ministro paquistaní de Sanidad, Muhammad Nair Khan detalló, por su parte, que enfermedades como el cólera, el tétanos o la diarrea podrían extenderse en las zonas afectadas.

"Ya se habla de 40.000, pero nosotros creemos que son muchos más. De momento sólo podemos atender a los vivos porque no hay medios para sacar a los muertos", señaló Mugal.

Algunos de esos cadáveres, que amenazan con contaminar el agua, comenzaban ya a apilarse a la intemperie en lugares tan peregrinos como el salón de bodas del desplomado hotel Nellam, uno de los más famosos de la ciudad, convertido en improvisada e insalubre morgue. EFE