Retos presentes y futuros de la República Dominicana

Por Carlos Luis Baron martes 21 de agosto, 2012

El mar y el cielo no se juntarán, pero sí podrán juntarse decisión, firmeza, esfuerzos y voluntades para cambiar nuestra actitud y conseguir una cultura del cumplimiento de la Ley.

República Dominicana debe asumirlo como uno de sus principales retos.

Aquí se viola todo y la violación se hace de manera olímpica, sin descaro, sin temor. No hace falta este trabajo periodístico para ilustrar lo que ocurre al respecto.

El país habrá abocarse a una gran jornada cívica nacional para cumplir y hacer cumplir sus leyes, sus reglamentos y disposiciones.

Nadie debe quedarse fuera del “salón” y todos debemos “bailar” la música de la obediencia al mandato de la ley.

Dominicanos y extranjeros, visitantes y todo aquel que pise este suelo deben acogerse a las reglas o normas establecidas por una autoridad competente.

Hace falta una jornada o campaña que abarque una invitación cívica a actuar apegado a todas las normas, desde la Constitución de la República hasta la violación de la luz roja de un semáforo.

No podemos seguir viviendo de forma ilegal. Faltamos a una ley de vida cuando se vive así.

Vivimos en una violación flagrante. Se vulnera la Ley en el gobierno, en el sector privado, y lo que es peor, los propios ciudadanos (que exigimos buena conducta de las autoridades) realizamos nuestra cotidianidad en la ilegalidad.

Lo dijo recientemente el editorialista de El Nuevo Diario: “Hemos arraigado tanto ese criterio (la ilegalidad) que consideramos un mérito ser violadores de la ley”.

Aquí un ejemplo palpable de una violación cotidiana: Nuestras calles son una especie de selva salvaje, donde dominan las violaciones y la violencia. Quienes observan las reglas parecen unos idiotas en medio de este ambiente.

Así no puede ser. Esto no puede seguir.

Una realidad lamentable que tenemos que cambiar.

El objetivo de la Ley es organizar la vida en sociedad, lograr equidad, garantizar derechos y deberes. Su fin debe ser el bien común.

Cumplirla y hacerla cumplir también es una misión sagrada.

El país, la sociedad, todos de manera individual y colectiva, sufrimos este régimen violatorio de las leyes y disposiciones reglamentarias.

Obviamos un peligro latente: La violación a la Ley es la fórmula perfecta para un desastre social de magnitudes incalculables en el tiempo.

Lo peor que nos está pasando es la impunidad con el irrespeto a las leyes. No se cumplen y ninguna autoridad se motiva a hacerlas cumplir.

Hay que tomar acciones serias y decididas contra todo aquel que viole e irrespete la ley.

Su cumplimiento lo cambia todo a favor. Logramos un mejor país, tendremos una mejor sociedad, un clima de paz y tranquilidad necesario para la convivencia humana.

Vamos a inclinarnos ante el imperio de la Ley.