Retos presentes y futuros de la República Dominicana

Por Carlos Luis Baron miércoles 18 de julio, 2012

Los retos son tantos como problemas tiene la República Dominicana.

Uno de nuestros principales desafíos, la educación, facilita solucionar muchos otros flagelos que hoy laceran a la población dominicana y que también aparecen en el horizonte nacional como grandes retos a superar.

No debe ser una educación simple (a. e. i. o. u…más sabe el burro que tú). Tiene que conllevar el rescate y reforzamiento de principios, de la moral y los valores éticos, ideales que de manera colectiva ha ido perdiendo este pueblo.

La falta de esos principios es hoy una gran falla, de la que se derivan males tan nocivos como la corrupción en todos los estamentos, delincuencia en las más diversas manifestaciones, violencia, inconductas de todo tipo, y otros lastres ciudadanos.

La carencia de educación en un pueblo equivale a incapacidad mental, lo que a su vez dificulta enfrentar los desafíos que nos presenta la vida. Sin formación, sin preparación o capacitación la sociedad va simplemente a la deriva.

Sectores, panelistas, profesionales y comunicadores han agotado un tiempo precioso en encontrar un culpable de esta catástrofe social. Y en esa discusión le caen culpas al gobierno, a las escuelas, los hogares, a la familia y hasta a la tecnología.

No nos damos cuenta que queriendo establecer responsabilidades solo encontramos a un culpable, más no obtenemos una solución al problema, que es lo esencial.

Algunos dicen que en parte nuestro deterioro social es resultado del progresivo avance tecnológico, que ha traído consigo malas influencias de otras culturas, costumbres y modismos, muchas veces nocivos, cargadas de antivalores.

No debe enfocarse necesariamente así, ya que una sólida educación y formación deben proteger a un pueblo de invasiones foráneas que puedan minar y dañar actitudes, conductas y comportamientos humanos.

La facilidad de la tecnología (internet y redes sociales) recorre el mundo, sin excluir a ningún país. Y hay lugares donde la actividad tecnológica ha revolucionado todo sin deteriorar ni cambiar la conducta de sus habitantes. Tal vez porque la educación y la formación han sido muro de contención contra ello. La clave debe ser darle el uso adecuado, apropiado.

En República Dominicana hay que empezar una jornada sin precedente, para acabar de manera efectiva y decidida con la ignorancia que se expresa en múltiples aspectos y niveles de nuestra sociedad.

Un ambicioso programa de educación y de enseñanza que vaya desde la educación inicial hasta la académica o universitaria. No sólo un programa de alfabetización (leer y escribir). Tiene que ser mucho más que eso.

Se requiere incluir formación integral del ser humano, donde resalte el aprendizaje y la práctica de los valores éticos y morales.

Se necesita, con carácter de urgencia, mejorar la calidad humana en el país.

El programa educativo debe ser de participación colectiva, desde el Estado dominicano, pasando por las instituciones públicas y privadas hasta llegar a los propios hogares, a las familias.

La educación, esa formación del individuo, no puede seguir quedando limitada a las aulas. Se trata de la salvación y purificación de la sociedad, por lo que su alcance debe no tener límites.

La cobertura que ofrece la tecnología debe ser aprovechada para lanzar y llevar a cabo un proyecto de educación integral, rescatando la decencia y aquellos parámetros inherentes a una sociedad para su mejor convivencia.

“Nos está faltando educación escolar, pero también hogareña para suplir los elementos esenciales de la calidad de vida”. Así decía un trozo del editorial de El Nuevo Diario del miércoles 18 de julio, y no es menos cierto.

Medios tan importantes e imprescindibles como la radio, la televisión, prensa escrita y digital son canales idóneos para expandir y encausar esta jornada educativa. Vamos a hacerlo.

La música, de gran consumo entre chicos y adultos, deberíamos convertirla en una vía expedita para transmitir conocimientos y valores a la sociedad, para educar y formar a todo un pueblo que necesita parar este derrotero peligroso, de consecuencias funestas si no se detienen las actuales conductas.

Un merengue, una bachata, una salsa, un bolero y una balada deberían incluir mensajes positivos sobre la calidad humana y espiritual. Es un complemento que daría resultados significativos. Por qué no probar con eso?.

Igual y con más énfasis debe hacerse con la llamada música urbana. El reguetón, dembow y hip-hop deberían ser cargados de letras educativas, ilustrativas del bien vivir, que formen a buenos y valiosos ciudadanos. Es importante por la gran cantidad de jóvenes y adolescentes que consume y absorbe esta música, se aprenden y aplican todo su contenido. Vibran al escucharlo.

Un viejo dicho popular dice que “los jóvenes de hoy son el futuro de mañana”. Qué tipo de mañana le espera al país con los actuales códigos de conducta que exhiben nuestros jóvenes de ahora?

La respuesta a la pregunta debería ser obvia, pero este artículo está dedicado a inspirar un cambio en ese destino oscuro e incierto, estableciendo como un reto esencial rescatar de la ignorancia y del desconocimiento a un pueblo sumido y atrapado en un deterioro, en una crisis progresiva de valores éticos y morales.

Debe ser como un “Grito Nacional”, un toque de campana, que llegue a cada hogar dominicano donde se abra una puerta o venta hacia una revolución pacífica de la educación, la formación y la integridad moral y ética.

Sin escatimar ni disminuir esfuerzos ni sacrificios en recursos y voluntades, para conseguir la meta de una sana y mejor sociedad, para tener buenos y ejemplares ciudadanos, desde el más humilde hasta el más encumbrado.

“Si se quiere se puede, si se puede que nadie se quede”. Este es el eslogan que sugiere este artículo para involucrar a todos los dominicanos y dominicanas en una campaña firme y de cobertura nacional por la educación y la formación ciudadana.

En las escuelas públicas, colegios privados y todo lugar donde se imparte docencia debe volver a implementarse la enseñanza de la moral y cívica, desaparecidas de manera inexplicable e injustificable de las aulas dominicanas.

El deterioro de la sociedad actual no solo demanda urgentemente el restablecimiento de esas asignaturas, sino que las mismas sean reforzadas, ampliadas y enriquecidas con aspectos sustanciales de valor ético y moral, para que todos transitemos una conducta decente y ejemplar, con civismo, honestidad y moderación.

La buena conducta fruto de una formación hogareña y escolar “ahoga” ambiciones desmedidas adquiridas por un joven o adulto que creció o es –“bombardeado” por el consumismo y capitalismo de hoy, que junto a la falta de oportunidades crea la recete perfecta para un desastre social.

En las décadas del 70 y 80 no existían las oportunidades de empleos u ocupación, igual que hoy; pero la población, especialmente la juventud de entonces, no era tentada por las ambiciones ni el afán de poseer fortunas, bienes y cosas materiales, porque para la época la gente, que disponía de menos escuelas, estaba dotada de ciertos niveles de reciedumbre moral y ética, adquirida en los propios hogares.

Los patrones y códigos de conducta eran, para bien, muy distintos a los actuales. Hoy todo ha cambiado, al parecer, por la revolución y el boom de la tecnología, que todo lo puede y nada restringe, que penetra y puede dañar a débiles e indefensos si no hay un caparazón que los proteja: la educación, la buena formación.

La tecnología, más que necesaria imprescindible, además de su gran utilidad, despacha también inspiraciones que corrompen, y eso cala justo cuando la sociedad dominicana ha perdido valores éticos y morales, que pudo ser la protección a esta eventual amenaza.

El internet, las redes sociales serán importantes ahora y lo seguirán siendo mucho más en el futuro. Ya no podemos concebir el mundo sin estas poderosas herramientas. Saber utilizarlas debe marcar la diferencia.

República Dominicana, para un bienestar colectivo, necesita un cambio radical en materia de educación y de enseñanza. El reto debe comenzar ahora para ganarle a la descomposición social, a la inversión de valores, que llevan una carrera veloz.

Hoy, son muchos los jóvenes que aspiran a encontrar una brecha por donde puedan entrar y llegar a ocupar un puesto político, desdiciendo de años dorados de una sociedad en la que esas mismas personas protestaban y se manifestaban contra las malas acciones de la dirigencia gobernante. Por qué?

La desaparición de principios, costumbres, valores y normas de buena conducta les ha hecho ver en el panorama que hay un camino más corto y más fácil para llegar a alcanzar objetivos materiales.

Es inminente que esta práctica, que pasa de una generación a otra, sea detenida. No se puede permitir que continúe ni que se expanda, amenazando con dañar lo bueno y sano que aún queda de esta sociedad, y que no atrape a las generaciones por venir.

“Si se quiere se puede, si se puede que nadie se quede”. El reto es hacerlo y el desafío es comenzarlo ahora. (Educación para una mejor formación de la sociedad).