Retos presentes y futuros de la República Dominicana 9

Por Carlos Luis Baron viernes 17 de agosto, 2012

En la isla La Española, a efectos prácticos, la guerra total contra el crimen organizado internacional apenas había comenzado. Aún así, la fusión inter institucional de la Policía Nacional y las diversas agencias de información de las Fuerzas Armadas incluyendo por supuesto a la DNCD no podían contener el micro tráfico en los barrios –que suponían una fracción reducida del consumo de drogas en el Este de los EEUU-, y, en realidad, no se veía como los organismos de inteligencia podrían retornar a la institucionalidad democrática, y mucho menos derrotar la pobreza extrema.

Entre 2000-2010, durante los cuales República Dominicana resistió el bombardeo de drogas en solitario, constituye un momento extraordinario en la historia del pueblo dominicano, e incluso cuando se comprobó la participación masiva de oficiales superiores en el crimen organizado, -República Dominicana seguía siendo considerada por el FBI, esencialmente, como una base de almacenamiento de lavado y trasiego de cocaína destinado al consumo de los EEUU.

Mientras tanto, se estaba reestructurando el programa “Seguridad Democrática”. La Secretaría de las Fuerzas Armadas, previo acuerdo con la Policía Nacional, ocupó los territorios más vulnerables del gran Santo Domingo que los doble agentes de la DNCD habían perdido entre 1990-2000, excepto las áreas costeras de Baní que había sido anexionada el cartel del Sur, contra lo que el Senador Wilton Guerrero, PLD- Baní, había librado una desigual guerra mediática contra el crimen de cuello blanco, ¿entre 2004 y 2008? Todo ello permitió que la inteligencia militar se alejara un poco más del crimen organizado y sus redes sociales. La Secretaría de Interior y Policía llevó a cabo una revisión del organigrama de mandos de la Policía Nacional en los departamentos internos donde la reforma resultó efímera.

Los intentos del cartel del Este de extender la guerra territorial a Santo Domingo desencadenaron la esperada conquista de toda la inteligencia operativa de la Costa Bávaro – San Pedro de Macorís, incluidas las dotaciones marítimas de las islas Catalina y Saona. De hecho, la Marina de Guerra atravesó el Mar Caribe y penetró las costas fronterizas cuando pareció que su aliada – US BorderPatrol – cuyo desempeño como potencia militar fue aún más decepcionante que el de la MINUSTAH – Haití, lanzaban su ofensiva mediática desde su principal base situada al Sur – Oeste de la isla.-Pienso ahora en el informe de inteligencia de los EE UU sobre El cartel de Quirino y las pistas de aterrizaje, a cuyo frente estaba una de las estructuras político – militares de mayor talento,- amenazó la posición estratégica y geopolítica de las Fuerzas Armadas Dominicanas, incluyendo el Ejército.

La guerra contra el crimen organizado internacional – lanzada por los organismos de defensa del hemisferio – era una estrategia disparatada, ya que forzaba a los países satelitales del Caribe a luchar en dos frentes – que la DEA no imaginaba que el Cartel Figueroa Agosto – “Angelo Millones” pudiera intentarlo. Pero en la lógica de la DEA el próximo paso era conquistar un vasto imperio de tránsito de la droga por aire, mar y tierra, rico en recursos naturales y en mano de obra oficial servil, y como todos los expertos militares en doctrina saben, excepto los de la DEA de Puerto Rico, subestimaron la capacidad del narcotráfico internacional de resistencia.

Sin embargo, al Departamento de Estado no le faltaban argumentos para acusar al Estado dominicano, dada la organización mafiosa en que estaba sumido el Ejército a consecuencia de la politización de los organismos de inteligencia , la situación estratégica del país y la extraordinaria ineptitud de que había hecho gala Hans Hertel – antiguo Embajador de EEUU en Santo Domingo – como estratega diplomático. De hecho, el avance inicial del Ejército estadounidense en IRAK fue tan veloz, y al parecer tan decisivo, como las campañas de Afganistán. A principios de 2002 toda la región caribeña había sido abandonada por el US BorderPatrol y la DEA .

Existen pruebas de que durante algunos meses, el propio Estado dominicano y sus autoridades se sentían desmoralizados y se pensó en serio en la existencia de un narco estado. Pero ese momento pudo ser superado y los enormes espacios estratégicas de trafico,- en cuanto a volumen para el tráfico de drogas y recursos humanos, unidas a un extraordinario esfuerzo de guerra no convencional, derrotaron al cartel de la frontera y dieron a la DNCD el tiempo necesario para reorganizarse eficazmente, entre otras cosas, permitiendo que los jefes militares de mayor talento – algunos de los cuales acababan de ser incorporados a las investigaciones – tomaran las decisiones que consideraran oportunas. Hay que decir que el período 1999-2008 fue el único en que el lavado de dinero interrumpió con su política de terror.

Al no haberse decidido la sucesión del cartel de Elías Piña- New York -, como Quirino y sus socios militares esperaban – las operaciones de cargamentos estaba perdida, pues el crimen organizado internacional no estaba equipado como para una guerra larga, ni podía sostenerla. A pesar de sus triunfos, “Junior Cápsula” poseía y producía mucho menos armamento, transportación e inteligencia que las FFAA, por no hablar de los organismos de inteligencia de los EEUU.

La nueva ofensiva lanzada por la Policía Nacional y la DNCD, una vez superado el período electoral, pareció tener el mismo éxito que todas las anteriores operaciones de inteligencia y permitió a la Seguridad del Estado – DNI – penetrar profundamente en la élite social de la clase alta dominicana y en el curso inferior de la estructura político – empresarial, pero ya no podía decidir la guerra de contra inteligencia. Los distribuidores de drogas fueron contenidos, acosados y rodeados y se vieron obligados a eliminarse mutuamente.

A continuación, los asesinatos en serie iniciaron el avance de un nuevo cartel que sustituiría la estructura clandestina, aunque todo el mundo sabía que una nueva estrategia del crimen era sólo cuestión de tiempo. – ¿Qué habrá ocurrido con el abogado y periodista Jordi Veras? -. Mientras tanto, la narco política, aunque seguía siendo básicamente una estructura criminal del bajo mundo se había convertido recientemente en un conflicto global. Ello se debió en parte a las agitaciones sociales y económicas en los territorios sometidos por el flagelo de la ignorancia, que aún poseían costas y montañas vírgenes de trazas – aunque los vuelos rasantes pudieran ser sofocados sin dificultad por los radares y los aviones Tucanos.

Los jefes de Figueroa Agosto – aparecerían después de la guerra de contrainteligencia del FBI como los arquitectos de la estructura criminal – aunque fueron rápidamente reprimidos, estaban operando libremente. Mucho más trascendente fue el vacío que dejó en el norte del país el triunfo de crimen organizado. La ocasión fue aprovechada por los distribuidores de drogas del Norte para establecer un mercado alterno sobre todo en las posesiones costeras entre Puerto Plata y Nagua.

– Pienso otra vez en el abogado y periodista Jordi Veras – los empresarios de Santiago consideraron intolerable esta ampliación del poder del crimen organizado – hacia la sociedad en su conjunto – y comenzaron a ejercer una fuerte presión social y económica sobre las autoridades de Interior y Policía, cuyos suministros dependían totalmente de las comunicaciones. Fue este conflicto el que desencadenó la guerra mediática entre la DNCD y los Jefes de Figueroa Agosto. El ataque contra la Policía Nacional y su jefatura dio al conflicto social una dimensión nacional. En el plazo de unos pocos meses los narcotraficantes se habían apoderado de toda la inteligencia militar, tanto regional como insular, amenazando con infiltrar las zonas despobladas de la provincia de Santo Domingo, desde Los Alcarrizos hasta Villa Mella. Probablemente el FBI no podía haber evitado la contra inteligencia militar a menos que la DEA hubiera renunciado a conseguir un poderoso sistema de radares, que era la piedra angular de su política.

La apuesta del crimen organizado internacional en el país es peligrosa y en definitiva, resultaría suicida. El crimen organizado aprovechó tal vez la única oportunidad para establecer con rapidez una súper estructura institucional meridional, pero como eso exigía la movilización de los organismos de seguridad del estado, única fuerza que podía intervenir, significó también un reto para las FFAA, con sus enormes recursos humanos y sus fuerzas de inteligencia, abrumadoramente superiores, – entraron inmediatamente en la guerra – era imposible que Figueroa Agosto pudiera salir con vida de este conflicto.

El misterio es porque Agosto, que ya estaba haciendo un esfuerzo supremo por entregarse en PUR, declaró gratuitamente la guerra al estado dominicano y sus autoridades, dando al gobierno del Dr. Leonel Fernández Reyna la magnifica posibilidad de entrar en la guerra contra el narcotráfico al lado de los norteamericanos sin tener que afrontar una encarnizada oposición política interna. Sin duda, a los ojos de las autoridades de Washington, República Dominicana era un peligro de seguridad mucho más grave, o al menos mucho más general que América Central, – para la posición geopolítica de los EEUU – y para el resto de América Latina – que Puerto Rico y Jamaica, juntos. Por ello decidieron concentrar sus esfuerzos en la captura de los cabecillas, antes que contra la causalidad del fenómeno, el consumo, es decir, el negocio en efectivo del micro tráfico.

Fue una decisión correcta. Fue necesario tiempo, dinero y espacio para derrotar a la red de distribución del Caribe, después de lo cual la rendición de Figueroa Agosto se obtuvo en el plazo de 6 meses. No existe una explicación plausible para ocultar el sicariato paramilitar en la isla, aunque es sabido que se subestimó por completo, y de forma persistente, la capacidad de reacción y el potencial económico y tecnológico del crimen organizado, porque desde un ala de las Fuerzas Armadas se estaba convencido de la idea de que el Plan “Seguridad Democrática” estaba incapacitado para la acción.

La única política democrática que respetaba la ciudadana era la paz social y el progreso, de la que la gente de a pie opinaba, correctamente, que no era plenamente democrática. Las decisiones de reformar la Policía Nacional y la DNCD decidieron el resultado de la oleada de violencia. Esto no se apreció de forma inmediata, pues el Banco Central alcanzó el cenit de sus éxitos espectaculares macroeconómicos- según los ricos- a mediados del 2002 y no perdió la iniciativa especulativa hasta 2004. Además los organismos internacionales de crédito no regresaron de manera decidida al hemisferio hasta 2008, pues aunque consiguieron estabilizar la economía, el avance positivo de sus políticas asociales fue detenido por la realidad social existente.

Entre tanto, la única arma que el gobierno dominicano 2008-2012 podía utilizar contra el crimen organizado era el desarrollo humano y la educación de los sectores mas vulnerables que, como han demostrado las investigaciones posteriores, fueron totalmente excluidos de la distribución – sus políticas sólo sirvieron para causar desigualdades entre la población civil y destruir las prioridades sociales-.

No es necesario continuar la crónica de los acontecimientos militares, excepto para señalar que, en la sociedad dominicana, la resistencia a la inversión en educación y salud – de parte del status quo – fue muy difícil de superar incluso cuando los índices de desarrollo humano registraron un conato de rebelión contra la democracia. ¿Es posible captar el significado real del analfabetismo? ¿Será posible hacer entender al status quo existente de que al criminalizar la pobreza se está obstaculizando la posibilidad de superar el problema? Los hechos demostrarían que las autoridades del Banco Central eran demasiado optimistas. La violencia provenía desde el Estado. Entonces, había que revolucionarlo. Creo yo.