Rol que reclama el nuevo año

Por Carlos Luis Baron domingo 1 de enero, 2012

Estamos iniciando un nuevo año y con él tenemos muchas tareas por delante. Sin embargo, hay una gran tarea que tenemos todos los que amamos de verdad este país: erradicar, de una vez por todas, la fatídica corrupción que impide el desarrollo en todos los aspectos.

Una persona honesta es aquella que aspira a observar los códigos de conducta más elevados, cuyas decisiones se basan en discernir claramente entre lo que es correcto y lo que es erróneo. Una persona honesta aprecia la interconexión del mundo y no se apropia, malgasta, abusa o desperdicia los recursos destinados al bienestar de la sociedad.

Una persona honesta no da por supuesto el derecho a disponer de manera indiscriminada de recursos que no le pertenecen y que se le han dado en custodia.

Los recursos bien utilizados crean bienestar y se multiplican. La persona que está seriamente comprometida con el desarrollo y con el progreso mantiene la honestidad como un principio constante en la construcción de una sociedad justa, en donde puedan distribuirse las riquezas de forma equitativa y así contribuir al bien común.

Son muchas las formas de hacer trampa en los negocios como usar una pesa falsa en la balanza, colocar un aceite especial al motor de un automóvil para evitar que humee y ocultar un motor dañado, pasar dinero falso, colocar precios abusivos, vender alimentos caducados y muchos otros usos. De esta forma, los comerciantes ganan dinero deshonestamente. Sin embargo, esto no sólo se aplica a los comerciantes, a todos se nos presentará alguna vez la fatídica oportunidad de engañar a alguien y es aquí donde debemos aplicar a toda costa el Valor de la Honestidad.

Uno de los actos deshonestos más extendidos hoy día se refiere a la corrupción en el manejo de los fondos públicos. El dinero del Estado es propiedad del pueblo, el cual pone en manos de los funcionarios su confianza para que realicen una labor social a favor de todos.

No obstante, hoy día esa función social del Estado está en entredicho, cuando cientos de funcionarios públicos exhiben propiedades cuyo costo de adquisición supera en mucho sus sueldos, por muy elevados que sean.

Las arcas del Estado están siendo arrasadas por gente que ha olvidado sus principios y bases ideológicas y se ha dejado pervertir por la ambición desmedida, el lujo y una falsa creencia de que los fondos públicos son del Gobierno, cuando en verdad corresponden a un pueblo que gime a gritos más atención pública en cuanto a educación, salud, vivienda y alimentación. ¿Cuándo terminará este saqueo?. Sólo cuando la sociedad reconozca que la verdadera riqueza reside en la práctica de los Valores Universales, dentro de los cuales se encuentra la Honestidad.

Esos funcionarios corruptos son un reflejo de la sociedad, ella los ha creado, por lo tanto hay que cambiar la desvalorización de la sociedad actual y dotarla de Valores que forjen personas sanas e incapaces de adueñarse de lo ajeno.

Un señor contó una vez que se vio en tremendo aprieto cuando en la caja de un restaurante fue delatado por querer pagar con un billete falso. Allí sufrió una gran humillación y cuando todo pasó, pensó qué hacer: ¿Seguir pasando aquel billete falso o destruirlo?. Pensó que lo había engañado, pero no quiso que otra persona pasara por lo mismo, así que decidió ser honesto, terminó ahí mismo aquel engaño y destruyó el billete.

Este señor pudo seguir pasando el billete, pero tomó la decisión más inteligente: ser honesto. Asimismo, es necesario que todos, funcionarios públicos y ciudadanía se apeguen a normas éticas contrarias al soborno, la concusión, el peculado, el tráfico de influencia y demás acciones contrarias al bien común.

La persona honesta, por sí misma, es garantía de fidelidad, discreción, trabajo profesional y seguridad en el uso y manejo de los bienes materiales. La honradez es un valor cuya práctica debe comenzar con uno mismo, ya que cuando uno se respeta a sí mismo, jamás se rebajaría a actuar contrario a lo que es correcto. Tenemos una tarea pendiente para el 2012 y los años venideros: erradicar definitivamente la corrupción e instaurar en su lugar la práctica de la honestidad en el manejo de los fondos públicos y en las relaciones comerciales en general. Aunque parezca contradictorio, cuando una persona es honesta se convierte verdaderamente en millonaria.

Director Ejecutivo Consejo Regional de Desarrollo, (CRD)

Abogado, economista y experto en planificación.