Saber qué es el hombre en verdad, ¡se impone hoy!

Por Carlos Luis Baron martes 21 de febrero, 2012

¿Qué es el hombre? Esa es una de las preguntas más difíciles de responder en el ámbito propiamente esotérico, por lo insondable que resulta cualquier respuesta para el interlocutor que manifiesta la inquietud de saber, aun se encuentre este último hollando senderos de alta espiritualidad.

Hay que imaginarse entonces, como sería el intentar hacerlo en el contexto religioso convencional, partiendo de la interpretación, muy subjetiva en la mayoría de los casos, de literaturas que, aun se consideren sagradas, están al alcance de todos; y por tanto, resultan inteligibles para la mayoría de lectores, sin la utilización de complementos adicionales, obligados siempre.

Y no es por incapacidad en el orden académico, sino más bien por la falta de concienciación, en cuanto a la verdadera naturaleza del hombre, y su procedencia en términos de evolución espiritual, como del rol que en verdad le sobre compete sobre el planeta Tierra.

Claro, el tratar de ofrecer una respuesta a la interrogante de que se trata, se hace de acuerdo con el nivel de conocimientos que haya logrado cada cual, y del acceso literario espiritual limitado en base al cual se haga; y por consiguiente, no resulta criticable del todo, ya que siempre algo se aporta, aunque sea incompleto.

Además, de ordinario despierta interés en otros que han podido llegar un poco más lejos, en el sentido de las investigaciones requeridas, siempre de carácter esotérico, por tratar de complementar lo dicho, a los fines de que se logre alcanzar una mayor edificación sobre asuntos de tanta importancia para la humanidad en general.

El procurar ofrecer una contesta completa sobre lo que es hombre en realidad, supeditado a algunos textos y versículos exclusivos de las Sagradas Escrituras, no es lo más aconsejable, porque puede inducir a confusiones, más que clarificar por completo.

Ahora, no es que el Sagrado Libro no contenga parte de las respuestas; ¡sí que las hay! Pero, hay que tratar de descodificar los mensajes relativos; y, extraer la quintaesencia a los allí plasmado, trasladándose mentalmente hacia las esferas del conocimiento espiritual profundo; procurando a la vez, fuentes complementarias del saber esotérico, en el contexto de lo que aquí se trata.

En la Biblia no está todo cuanto el hombre debe conocer; además de los efectos tergiversantes provenientes de las traducciones de que ha sido objeto, como los matices egotistas personales a veces incluidos. Esta última razón es la que ha provocado la creación de tantas sextas religiosas, aun teniendo como base el mismo libro.

Maestros de gran sabiduría, muy connotados a nivel mundial, dijeron durante su estadía y recorridos por el plano físico, y así lo dejaron escrito, que el hombre es un Atributo divino, de Dios Mismo en expresión terrenal; un actor en su Obra de manifestación terrena, que debe proceder como tal, sin identificaciones propias. Y eso, no aparece escrito de forma tan directa en la Sagrada Biblia, para ser entendido. Sí, que se puede inferir de los versículos 1-3, del libro de Juan, y de Jeremías 10-23.

Los hombres somos Dios Mismo en expresión terrenal, reiteramos, con roles distintos que manifestar cada uno. De ahí, las diferencias individuales que se verifican, tal cual ocurre en las obras teatrales y las películas; sólo que, en el caso de la especie humana, la dirección general está a cargo del Gran Arquitecto del Universo, que es el Hacedor de todo.

Hace unos días, precisamente, escribimos en el importante medio digital “Nuevo Diario”, un artículo bajo el título, “Razón de las diferencias individuales en la especie humana”, tratando de explicar sobre las mismas en todos los órdenes – físico emocional y mental -, y que las mismas están en función directa con el papel que a cada cual le toque desarrollar durante los tránsitos de vida, subsistencia física, dentro de la Gran Obra Divina de manifestación terrenal. ¡Todos los hombres no podemos ser iguales! Probablemente, eso satisfaga una importante pregunta.

Luego, para conocernos los hombres en realidad, y por tanto, al Dios inmanente que mora a lo interno de cada uno, podríamos comenzar por hacerlo estudiando la “Sagrada Biblia”, en una fase inicial. Pero, para conocer en verdad esa Presencia Divina que siempre nos dirige, y que es un fragmento o reflejo en el interior de las personas, del Padre Supremo en los Cielos, designadas las mismas como sus Atributos encarnados, la única y real fuente infalible, se encuentra dentro de nosotros mismos. ¡Ahí sí que está todo cuanto debemos saber, y la perfecta guía! No hay que buscar nada fuera.

Señor Francisco Rojas, columnista del periódico “El Día”, gracias por lo expuesto en su trabajo, “Qué es el hombre”, en la edición del 9-2-12, pues nos motivó a escribir sobre el tema una vez más.