Sacerdotes deploran el hambre y la reaparición de los secuestros en Haití

Por sábado 12 de abril, 2008

Santiago, 12 de Abril 2008.- Un grupo de sacerdotes jesuitas haitianos, condenaron la miseria que padecen millones de sus compatriotas, quienes dijeron que son víctimas del alza vertiginosa e incesante de los precios de los productos de primera necesidad y que son incapaces de atender sus necesidades más elementales, como la alimentación.

En un documento entregado a la prensa y firmado por los sacerdotes Pérard Monestime; Derino Sainfariste; Kawas François; André Charbonneau; Miller Lamothe; Claude Souffrant; Ramiro Pampols; Kénel Sénatus; Gilles Beauchemin; Gontrand Décoste; Frère Mathurin Charlot; Thomas Dabady y Godefroy Midy.

En ese sentido, dicen estar profundamente conmovidos por esta intolerable situación e indignante que amenaza con ensombrecer el país con nuevos dramas.

Aseguran sentirse profundamente unidos a este pueblo que sufre y sinceramente solidarios con los más castigados.

Y en nombre de nuestra fe cristiana y de nuestro compromiso como padres jesuitas, exhortan a los responsables políticos, al Presidente de la República, René Préval, a tomar rápidamente decisiones que se apliquen y que restablezcan la confianza y la paz; a emprender una profunda reforma de las instituciones para, al fin, poner al país en el camino del desarrollo.

Afirman que los altos responsables del Estado como son el primer Ministro, ministros, secretarios de Estado, directores generales, senadores, diputados, a corto plazo, a elaborar y poner en marcha y a la menor dilación un programa de urgencia real y eficaz para aminorar los sufrimientos de la población.

Mientras que a largo plazo, se dediquen a utilizar los recursos intelectuales y el conocimiento de nacionales y extranjeros para elaborar y poner en marcha un verdadero plan de desarrollo nacional.

Hacen una advertencia a los partidos y organizaciones políticas a asumir su responsabilidad de criticar y controlar la acción del gobierno, a ayudar en la búsqueda de soluciones apropiadas al drama que vive nuestra sociedad y a participar efectivamente en la reforma del Estado para sacar a nuestro país de la vergüenza y el marasmo.

Imploran a los comerciantes, a los industriales, a los importadores, a los banqueros y otras fuerzas vivas de la nación

a contribuir al alivio de los sufrimientos de nuestros ciudadanos y nuestras ciudadanas; a concienciarse de la necesidad de trabajar juntos para ayudar a que Haití avance.

A todos los miembros de la sociedad civil: líderes religiosos, educadores, estudiantes, dirigentes y miembros de las asociaciones, sindicatos, obreros, artesanos, pequeños comerciantes, agricultores a avanzar y buscar juntos soluciones a los problemas de nuestro pueblo.

En torno a la comunidad internacional, demandan que en especial a los países amigos de Haití y a las instituciones financieras multilaterales, a respetar sus compromisos con Haití, sobre todo sus numerosas promesas de cooperación, y a ayudar realmente al país a salir de este atolladero.

Establecen que el pueblo de Haití, continúa reclamando, gritando y convocando a aquellos que has elegido para que te sirvan.

Apelando a que la fuerza será la no violencia organizada y continua, que la violencia nunca es eficaz y deben descontinuar en ese convulsionado país.

Condenan el descenso de la producción en todos los sectores de la economía nacional, que llevan a la hambruna y a la total indigencia.

Deploran la vergonzosa e insoportable depauperización de las poblaciones urbanas y rurales, el aumento de la inseguridad, especialmente la reaparición del fenómeno de los secuestros, y la desesperación de los jóvenes.

Afirman que ellos son la voz de los jesuitas de Haití, y quienes trabajan en diversos campos, y son testigos del drama cotidiano que viven millones de hermanas y hermanos haitianos.

Consideran de que como Yahvé en el desierto, ellos ven la miseria del pueblo y oyen sus gritos, por lo que hacen la voz de alarma internacional antre la ola de violencia y la miseria de su gente.

Y dicen que su nación está sumergida en la vergüenza y la desesperanza, con su soberanía pisoteada y con la mayoría de la población viviendo en condiciones infrahumanas.

Exponen que la miseria del pueblo también es, hoy en día un dolor de cabeza y una cruda realidad.

Los religiosos atribuyen algunas de esas situaciones a la incapacidad total de la mayoría de los gobernantes de hacer frente a los problemas fundamentales de la sociedad.

Cita que la ausencia total de una oposición política constructiva, susceptible de controlar y estimular una actuación gubernamental en beneficio de la nación.

Advierten sobre la total aniquilación de la función política del Parlamento, lleno de incomposturas, tales como la corrupción, la venta de cargos y otras acciones delictivas

Insisten en la irresponsabilidad de la comunidad internacional, sobre todo de los países que se dicen amigos de Haití.

Asumen una posición contrario a las instituciones financieras multilaterales, como son el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo que no han mantenido sus promesas a Haití y asisten cínicamente al descenso a los infiernos de la sociedad haitiana.

Señalan que el pueblo haitiano es valiente, pero ya no puede más, por estar atormentado por la miseria, y ha lanzado su grito para que el mismo se convierte en llamada.

Exponen que el grito del pueblo es, hoy día de que los miles de jóvenes que toman las calles para decir que ya no pueden más y que exigen que los responsables políticos asuman sus culpas.

Que los millones de desempleados, atenazados por el hambre, que gritan su cólera en las calles de Puerto Príncipe y en las ciudades de provincias.

Y que los padres y las madres que no pueden alimentar a sus familias y que están gritando su miseria en las manifestaciones callejeras.

De igual manera que los niños demacrados de las barriadas marginales y de los campos que gritan todos los días porque no encuentran qué comer y porque no tienen futuro.

En su documento, exponen los sacerdotes de Haití que reclama que nunca bajes los brazos, que el pueblo tenga valo y que todo el mundo debe ir en auxilio de ese empobrecido país.

Formulan algunas citas entre las que se enumeran que Debes ayudarme a que te ayude. Contigo puedo hacer mucho. Sin ti, no lo lograré. Me necesitas, lo osé. Soy tu Aliado irremplazable. Pero yo también te necesito a ti, a tus gritos, a tu unidad, a tu experiencia de pueblo que sufre, a tu valor. ¡Vamos, trabajemos juntos! La victoria estará de nuestro lado porque luchamos por una causa justa.