Salida del cuerpo de paz

Por Carlos Luis Baron domingo 22 de enero, 2012

La rampante inseguridad que se vive en América Central ha hecho que decenas de miembros del Cuerpo de Paz dejen Honduras, en una decisión que afectará también a El Salvador y Guatemala.

De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, estos tres países encabezan las tasas de homicidios más altas del mundo, lo que refleja la grave situación social, empeorada por la pobreza, que agobia a esos pintorescos sectores de la geografía de nuestro continente.

Durante el gobierno del presidente John F. Kennedy, en 1961, se creó este benéfico organismo que ha trabajado en 139 países, con reconocida eficiencia, guiado por nobles objetivos, como son los concernientes a la concordia, la amistad y la democracia. Los pueblos en vías de desarrollo, como los nuestros, requieren este tipo de asistencia que beneficia a los más necesitados.

Por lo general, integran el Cuerpo de Paz jóvenes voluntarios, mujeres y hombres que, dejando las comodidades de su país nativo y apartándose del calor familiar, impulsados por el afán de servir, llegan a los más apartados sectores, como son las comunidades rurales, para ayudar a la consecución de obras de infraestructura, entre otras: agua potable, servicios de salubridad, construcción de escuelas públicas y viviendas, prevención del VIH y otros proyectos de fundamental importancia para una vida digna, incluyéndose en ellos capacitación para emprendimientos productivos. Obras imprescindibles que no pueden ser satisfechas por la acción gubernamental de los países subdesarrollados, precisamente por la carencia de recursos y otras causas que no es necesario analizar en este artículo.

¿Cómo no agradecer este tipo de colaboración, repleta de reconcentrado humanismo, de altos ideales? Latinoamérica y el Caribe necesitan a esta clase de “misioneros de la democracia”, a quienes por lo menos se les debe demostrar simpatía cuando no sinceros agradecimientos y hasta afecto.

Las condiciones socioeconómicas de nuestra región no son de las mejores, por ello laborar incansablemente para superarlas debe ser la prioridad, singularmente para los gobernantes que, por mandato patriótico, deben buscar lo mejor para sus gobernados y uno de los mecanismos, sensatos y recomendables, es buscar alianzas positivas con naciones prósperas.

Estas reflexiones que tienden a reconocer la importancia de la colaboración internacional, como la que brinda el Cuerpo de Paz, en este mundo globalizado, recomiendan el apoyo externo también hacia campos que merecen igualmente atención preferente, como el narcotráfico o la galopante violencia, dos de los males de mayor peligrosidad para latinoamericanos y caribeños.