SÁNCHEZ: Defensor Público

Por Carlos Luis Baron martes 5 de junio, 2012

Fundó la República junto a Juan Pablo Duarte y se le retribuyó mal. Su Tía María Trinidad y su hermano Andrés fueron pasados por las armas en el primer cumpleaños de la patria. Sufrió el exilio forzoso, la persecución y la envidia de poderosos conciudadanos, pero esto no disminuyó su acendrado amor por la República Dominicana. Romántico, sacrificó su propia vida: ¡es el mártir de la patria!

Francisco del Rosario Sánchez fue un político de los pies a la cabeza, pero como político no vivió de la política. Tuvo muy buena formación de hogar y de escuela: su padre, Narciso Sánchez, enseñó al pequeño Francisco a confeccionar y comercializar peines de concha y le envió a los mejores centros de enseñanzas de la época en Santo Domingo. El resultado de esta formación es la preocupación constante de Sánchez por la independencia en lo social y en lo individual.

Sánchez obtiene el titulo de Defensor Público, es decir, abogado, algunos años después de la independencia nacional. Profesión que ejerció con hidalguía y gran calidad técnica entre 1849 a 1859, interrumpida en este año -y para siempre-, para defender la República de la anexión. En aquellos años el país no tenía universidad abierta (La Universidad de Santo Thomas de Aquino fue cerrada a raíz de la ocupación haitiana), era la Suprema Corte de Justicia, previa evaluación, que autorizaba y nombraba a los abogados para postular ante los tribunales de justicia de la República, bajo el titulo de Defensores Públicos.

Un Defensor Público de la Primera República era un abogado privado que servía a titulo oneroso a la ciudadanía. El Defensor Público de hoy es un servidor público, que asiste a título gratuito a los acusados penalmente que carezcan de abogado privado. En los años 50s, Sánchez, se retrajo un poco de la política y se dedicó de manera intensa y con éxito al ejercicio de la profesión abogado. Instaló oficina junto a Pedro de Castro y Castro en la calle Hostos (antigua Hospital) con Arzobispo Noel (antigua Arquillo) en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Ramón Lugo Lovatón y Emilio Rodríguez Demorizi en biografías de Sánchez, publican una gran documentación de los casos penales y civiles manejados por el prócer y de su clientela. Resumiendo: participó como abogado defensor del Gral. Pedro Florentino; defensa del poeta Nicolás Ureña de Mendoza en la litis con el Dr. Manuel María Valverde; defensa del señor Jacinto Peynado en un proceso penal; abogado del cónsul de E.U.A, señor J. Elliot, etc.

El incendio del palacio de justicia en el año 1925, nos privó de las actuaciones de Sánchez como abogado, sin embargo, dos casos penales se han salvado para la posteridad: el caso de homicidio Georges-Grandgerard y la autodefensa del Cercado. Ambos casos revelan las dotes de gran orador del prócer y también el conocimiento de su tiempo, la condición humana y la técnica legal.

La defensa del caso Georges-Grandgerard es producto del momento histórico en que aconteció. Un escándalo: Víctor George ultimó a su esposa e hirió al señor Grandgerard, movido por la relación adúltera de estos. La teoría de defensa de Sánchez se observa nítidamente en el discurso de clausura, absolución del acusado por éste, primero, haber sido presa del escarnio y la pasión, y segundo, el deber de salvaguardar la fidelidad y buenas costumbres.

Preciso recordar que se trata de un suceso ocurrido hace más de 150 años y hay verlo con los ojos de la sociedad de aquel tiempo, que Sánchez como abogado conocía bien y que tenía respaldo legal con la antigua excusa legal del homicidio en los casos de adulterio, hoy derogado.

Aquí fragmentos del discurso de defensa de Sánchez:

“Magistrados: hoy vais a fallar sobre una causa célebre, célebre debe ser también vuestra decisión. Establecido el hecho queda establecido el derecho y éste clama en voz alta por la absolución de Víctor Georges.”

“No echéis en el olvido que la inconcebible condenación del acusado, a más de la injusticia, tendría un grave inconveniente, que sería dar pábulo a la concupiscencia; su absolución a más de la justicia, tendría una ventaja, que sería fortificar el respeto de las parejas a la obligación de fidelidad.”

“Vuestro veredicto sobre materia tan importante, será juzgado por la posteridad porque será imperecedero en los fastos jurídico de la República. Y vos, Señor Procurador Fiscal, centinela de la ley, guardián de las buenas costumbres, pues que ejercéis en beneficio de la sociedad las funciones que ejercían los Censores Romanos: tened presente que vuestro ejercicio no es exclusivo para la acusación sino también para absolución porque no sois el verdugo de la ley, sino el patrono de la justicia y de las buenas costumbres. Vosotros todos los que componéis exclusivamente el Tribunal tened presente que sin templanza no hay justicia y que en lugar de considerar la absolución de Georges como la impunidad de un delito, debéis comprender que su condenación sería como el premio del crimen horrendo que ocasionó el delito.”

“Para los muertos justicia, y equidad para el vivo.”

La autodefensa del Cercado es la más difundida. Sánchez es acusado de “traición” por haber tomado las armas contra el proyecto de anexión de la República a España. Este crimen se castigaba con la pena capital. Sánchez, se jugaba la vida.

Vela Zanetti en los “Mártires de San Juan,” retrata genialmente como debió haber sido aquel juicio realizado en el Cercado. Aparece el prócer herido y ensimismado, quizá repasando su vida, sentado con la bandera nacional terciada desde el hombro derecho hasta sus muslos. No guarda esperanza, todo está escrito.

La autodefensa del Cercado es muy espontánea, pues el prócer no tenía previsto defenderse técnicamente, pero las actitudes inquisitoriales de los juzgadores, le apremiaron a que asumiera su propia defensa. Esta defensa es una pieza muy valiosa del discurso forense. Allí muestra Sánchez su formación como jurista: no había dudas que se había levantado en armas, pero contra quién… ¿Contra España? Ella no le juzga. ¿Contra la República Dominicana? La están enajenando y las leyes autorizan a mantenerla. Todo un dilema debidamente construido.

Finalmente, algunos fragmentos de la autodefensa de Sánchez:

“¡Magistrado Presidente! ¡Sé que todo está escrito!, Desde este momento seré abogado de mi propia causa!

¿En virtud de qué ley se nos acusa? ¿Amparándose en cuál ley se pide para nosotros la pena de muerte? ¿Invocándose la ley dominicana? ¡Imposible! La ley dominicana no puede condenar a quienes no han cometido otro crimen que el de querer conservar la República Dominicana. ¿Invocando la ley española? No tendréis derecho para ello. Vosotros sois oficiales del ejército dominicano. ¿Dónde está la ordenanza española que rige vuestros actos? ¿Dónde está el Código español en virtud de la cual nos condenaríais? ¿Es posible admitir que en el Código penal español haya un artículo por el cual los hombres que defienden la independencia de su país deben ser acusados y condenados a muerte? Pero veo que el señor Fiscal pide para estos hombres, lo mismo que para mí, la pena capital. Si hay un culpable, el único soy yo. Estos hombres vinieron porque yo los conquisté.”

“¡Para mí, nada! ¡Yo muero con mi obra!…