Seguimos adornando esa prenda tan manoseada: El vestuario acomodaticio a los femenicidios

Por Carlos Luis Baron martes 17 de julio, 2012

Uno de los profesionales más indicados para tratar de ofrecer su concurso a la población, en pos de ayudar a combatir el problema de los llamados femenicidios, son los psicólogos precisamente, como especialistas en el estudio, investigación, manejo de técnicas, y efectivas orientaciones correctivas, en lo que respecta a los comportamientos que observan determinadas personas, que necesitan ser mejorados, o cambiados por completo.

Pero ocurre que, algunos de esos, como otros de los que más podrían aportar también a la solución de una problemática in crescendo cada vez más, y que se perfila muy difícil de enfrentar en nuestro país, por la forma en que ha venido siendo manejada, continúan adornando el vestuario que les han puesto al fenómeno, pero que poco les interesa conocer, según se aprecia, la tela que se ha estado utilizando para su confección; como tampoco, el estilo bajo el cual se sigue fabricando.

A las base reales en que se originó esa situación deleznable, que la han continuado sustentándole y fomentándole más aun, no se quiere bajar, para desde allí tratar de intentar comenzar a corregir el mal. Todos los aprestos visibles se quedan en la superficialidad, por lo que se prosigue, tirándole piedras a la Luna.

Pero ello decíamos más arriba, de la importancia que reportaría la participación de los psicólogos en la búsqueda de las vías de soluciones más apropiadas para enfrentar lo que se podría considerar ya como un flagelo social de alta significación para la nación, debido a su capacidad investigativa en las causas que motivan ciertos comportamientos inadecuados, como son los que hoy se verifican, tanto a nivel tanto de muchos hombres, como de un sinnúmero de mujeres, que ignoran ambos casi por completo, la esencia espiritual de su verdadero ser.

Claro, estamos hablando de profesionales de la conducta identificados por completo con los lineamientos que se prescriben, y que son trazados en el marco puro del ejercicio de la disciplina, marginándose casi en su totalidad los condicionamientos mentales, por adhesión a determinada corriente de pensamiento, como es el caso de la mal concebida liberación femenina, que puedan inclinar la balanza hacia a uno de los sexo existentes, las mujeres como es obvio.

Es por ello que, nos llamó la atención el trabajo que publicara la señora Raluilma Martínez de Abreu, psicóloga, en el periódico Diario Libre, del 13-7-12, bajo el título “No Violencia hacia la Mujer”, en el cual ella externa algunos pareceres con relación a los femenicidios, que lucen algo divorciados del verdadero sentido de su especialidad, investigar en ese amplio contexto de la conducta humana, para procurar enmendar comportamientos impropios.

Evidentemente, está hablando en este caso una mujer. Y, por los juicios que ella expresa sobre ese problema, como con respecto a algunas razones que en su opinión lo provocan, retratan su óptica femenina para abordar el asunto, y su inclinación obvia por la susodicha corriente de pensamiento moderna, basada en la exigibilidad de los derechos de la mujer, y errada la propensión a la competencia abierta y total con respecto el sexo opuesto.

Tanto es así, que ella basa sus planteamientos en hechos que van directamente a los aspectos que tienen que ver con la crianza otrora de las mujeres, donde el hombre siempre era visto y concebido como el “líder, la cabeza de la familia, el que provee, el jefe”.

Además, “en que la mujer debería de tener derechos iguales que el hombre, y que hay que luchar por eso”. Son factores incidentes ambos a su juicio, en la medida en que se trata de romper con lo primero, y lograr lo segundo. ¡No creemos que eso provoque una violencia extrema tal en contra de las féminas!

Ahora, lo que probablemente esa señora no esté ponderando es que, de la exigencia de derechos, a la degeneración femenina actual, como a la inobservancia de los roles de la mujer, a partir del descalabro de esa tan importante célula primaria denominada la familia, hay un trecho bastante grande.

Esos episodios que aquí a diario se ven en nuestras calles y avenidas, de tantas mujeres exhibiéndose casi desnudas; de niñas que a penas saben bañarse, si acaso, saliendo de algunas escuelas, con la barriga a la boca, como dice la gente, cuando no es que se les nota estar embarazadas a lo lejos, pone más que en evidencia que hay muy poco material pensante en sus cabezas; que no han recibido formación hogareña, o procedente de alguna institución educativa competente.

Y qué decir sobre el alto consumo de drogas; la adhesión a los ritmos metálicos, como a los ritos satánicos, sin que las iglesias digan nada con relación a esos últimos, que son condicionantes que vienen arropando a la sociedad nacional, en términos de la mayoría de los actos desaprensivos que ocurren en el seno de la misma.

No hay que ser muy inteligente para pensar en que, para cualquier hombre matar y descuartizar a otros ser humano, sea varón o mujer, y en especial cuando se trata de esta última, madre de sus hijos, ¡tienen que haber diversas cosas de consideración incidiendo; eso no tan sencillo de tratar!

Bajo un estado de ánimo normal, a sangre fría, y sin que se tenga una poderosa causa inductora, aunque mal asimilada por supuesto, para proceder de esa manera, eso, ¡no lo hace nadie! Se tiene que estar endemoniado, como lo cataloga el pueblo, o bajo los efectos alucinantes de una droga muy poderosa, amén del motivo principal envuelto.

Además, no pueden dejarse de lado tampoco, los aspectos referentes a la lenidad y desatenciones judiciales nuestras, que se producen en torno a tales hechos, y las respectivas denuncias previas a su ocurrencia, de parte de un sinnúmero de mujeres que se sienten amenazadas por los maridos, y los ex, como por los amantes aventureros ocasionales de que también algunas disfrutan.

Entonces, con todo el respeto que nos merece la señora psicóloga escribiente, nos permitimos decirle que, ese es un tema que tiene muchas aristas y telas por donde cortar, para pretender supeditarlo en gran parte a los patrones de conducta familiares pasados, que tenían incluso hasta cierta conexión con algunas enseñanzas de carácter bíblico. Lo que pasa es que, ahora no conviene adherirse a las mismas, chocan de frente con modernismo distorsionador influyente.

También se refiere la profesional de la conducta, como causante del problema, a la exigibilidad de los derechos de la mujer, en igualdad de condiciones con relación al sexo opuesto, una concepción bastante errada en la forma en que se asimila.

Todo el que conoce un poco sobre la verdadera naturaleza, como de la esencia intrínseca del ser más importante sobre el Planeta Tierra – LA MUJER -, y el que no lo considere así, está muy equivocado, cuando ella procede como tal, claro está, sabe que ese sentido de competitividad concreta a que hoy algunas desinformadas aspiran con relación al hombre, es un craso error, una vana ilusión, ¡que eso nunca será posible!

Finalmente, el combatir las acciones criminales de esa naturaleza, no es asunto de marchas de protesta, como ella también toca, en ocasión de la última realizada; bullicios callejeros, prensa, y habladeros superficiales, etc.

¡No!, es de asumir las actitudes investigativas sobre las causas determinantes que originan aquella violencia tan extravagante hacia la mujer, con voluntad real de atacarles desde ahí mismas. Y, recomendar de manera expresa las medidas que se estime resulten ser autocorrectivas por parte de las representantes del llamado sexo débil, que no es tal cosa, que se puedan considerar proclives a ser afectadas.

Le reiteramos nuestro respeto, señora Martínez de Abreu.

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