Seguridad Pública

Por Carlos Luis Baron jueves 19 de julio, 2012

La inseguridad pública, obliga a tomar medidas extremas, por lo menos para que la ciudadanía se sienta tranquila. Con los atracos y los robos hay un grave problema de percepción, y es que cuando se tornan masivos e indiscriminados, todos temen ser la próxima víctima.

Como si fuera una selección política, la gente piensa que no le va a tocar, porque vive en una zona residencial; porque no tiene dinero; porque lleva guardaespaldas; porque toma medidas de seguridad, pero el robo no lo detiene nadie.

Es como aquella vieja canción de los revolucionarios idos, de que no me preocupé cuando vinieron a buscar al maestro, porque no soy educador; no me preocupé cuando vinieron a buscar al cura, porque no soy religioso; no me preocupé cuando vinieron a buscar al doctor, porque ni curo ni defiendo; no me preocupé cuando vinieron a buscar a Pedro Pueblo, porque no soy un Don Nadie: hoy comprendo que debí preocuparme, me vinieron a buscar a mí.

Todos vamos a ser sometidos a la violencia en un momento u otro. En una sociedad convulsionada nadie está libre de ser atracado, de ser asaltado, de que se violen sus derechos ciudadanos.

En los regimenes de mano férrea, el que no se mete directamente en la política tiene una licencia para vivir en tranquilidad. Usted no habla de política, y el regimen no se mete con usted. Es una ecuación vergonzante pero muy simple. Doblo las rodillas para reir y no llorar. Restrinjo mi libertad, para que no me jalen los cabellos. La tranquilidad, en ocasiones, para muchos, es más importante que la libertad.

No debe ser así. Las constantes luchas por el derecho a la libre expresión habla bien claro de que el pueblo no dobla sus rodillas ante verdugos ocasionales.

Pero con el pandillerismo, el narcotráfico o cualquier género de violencia, el espectro es difícil. Es un enemigo tangible, que está estudiando el momento oportuno de dar su sablazo.

Es la sociedad, a través de sus instrumentos competentes, como la Policía, los organismos de seguridad, la justicia, la que tiene que enfrentar al crimen organizado.

El ciudadano tiene que vivir una vida digna, y debe dar todo su respaldo a las autoridades para que continúen enfrentando cualquier manifestación de delito. Pero también tenemos que pensar que los que arriesgan la vida en la lucha contra la violencia, son marginados sociales, viven en casas de techo de guano, se montan en guagua y las mujeres, cuando son policías y guardias, pasan el trabajo de cualquier dama pobre.

El primer paso para enfrentar el delito, es mejorar las condiciones de vida de los policías y encargados de velar por el orden público. Solo eso dará fortaleza moral y mejor dedicación de trabajo y evitará las tentaciones.