¡Sí que debería ser tratado el tema energético nacional!

Por Carlos Luis Baron jueves 23 de febrero, 2012

Según aparece en una pequeña reseña de prensa publicada en el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 22-2-12, el señor Celso Marranzini, vicepresidente ejecutivo de la CDEEE, pide no incluir el tema energético nacional en los debates y parloteos de la campaña electoral que cursa.

Claro, de acuerdo con lo que aquí estila en los procesos de esa naturaleza, colmados de demagogias, falsas promesas y retóricas dirigidas, sería lo más aconsejable, dadas las intríngulis y características muy sui generis que envuelve esa problemática, tan delicada y significativa para la nación en general. Y es que, evidentemente, en ese panorama así matizado, se le haría mucho más daño que bien al país, en virtud de los intereses empresariales-políticos compartidos que rigen en el área.

Hay temas que, por su innegable complejidad no deben ser incluidos en los aguerridos planteamientos y los dimes y diretes que caracterizan las campañas proselitistas nacionales. Ese es un asunto que, al igual que otros, por su naturaleza e implicaciones de órdenes diversos, no debe mezclarse con aspectos enteramente políticos de momento; sino, que merece reservarse para otros tiempos y circunstancias; en escenarios dentro de los cuales se pueda tratar con la seriedad y voluntad debidas, que el mismo implica.

Es evidente que, “todos son culpables”, como bien lo señala el señor Marranzini; tanto el sector político como el empresarial, agregaríamos nosotros, por los maridajes y componendas que se han dado entre ambos, con trascendencia hasta la opinión pública en general.

Según expresara dicho funcionario, “Apelo a la sensatez de nuestros candidatos a la presidencia para que el tema el eléctrico no sea incluido como agenda de campaña, ya que si vamos a buscar responsables, todos somos culpables de una u otra manera del problema energético nacional”. ¡Esa apreciación de culpabilidad es muy cierta!, y justificativa a la vez, aunque no debería constituir un pretexto, para dejar de introducir con firme voluntad las enmiendas que se requieren, al tiempo de no continuar dándoles largas a una situación tan deleznable.

Si en este país los principales actores en el ruedo político, con pretensiones a dirigir los destinos nacionales tuvieran reales intenciones de trabajar por el bien de todos los dominicanos, al margen de los intereses particulares, incluyendo los foráneos, algo que de ordinario no ocurre, ese sería uno de los asuntos de mayor trascendencia a incluir en un próximo programa de gobierno.

Y por supuesto, procedería el confrontar entonces los pareceres individuales relativos, como las alternativas posibles de solución, durante ésta o cualquier campaña electoral, en que mediaran, principalmente, la honestidad y el deseo de servir, para tratar de resolverle dicho problemazo a esta República.

Pues, como bien es sabido en todos los ámbitos de esta nación, con el servicio público de la energía eléctrica – deficientísimo -, la población en general se siente engañada, al tener que pagar por el mismo una tarifa considerada la más cara del área del Caribe, según los expertos, amén de estar obligada a soportar las grandes tandas de apagones que se verifican, normalmente medalaganarias y abusivas.

Y que, todo eso se origina en el gran maridaje político-empresarial que media en el jugoso negocio, en base a los leoninos contratos suscritos con las generadoras, que a quien menos benefician es al país; sí, a los grupos regentes.

Sin embargo, que la mayor preocupación de la CDEEE, presidida durante los últimos años por el señor Celso Marranzini, ha sido la concertación de préstamos internacionales, para la pagar las deudas acumuladas con los generadores, ¡y nada más!; que todo el resto se queda en anuncios de desarrollo y eficientización del área, sin que el progreso real se alcance a ver. La gente percibe que todo no es más que falacias, burlas y abusos en contra de las grandes mayoría nacionales.

Otra aseveración que mueve a inquietud en la exposición del señor Marranzini, es cuando él dice que, “Yo le aseguro a usted que dentro de los próximos años veremos resuelto el problema energético que hemos arrastrado por décadas”.

Una gran pregunta que se deriva en torno a esa aseveración es, ¿cuál será la forma en que se habrá de lidiar con los intereses políticos-empresariales que se mueven dentro del sector? Pero además, habría otra interrogante de mucha consideración, y que se refiere a la satisfacción plena de todas las condicionantes dirigidas, que de seguro envuelven los contratos de préstamos suscritos para el área, que han proporcionado un flujo de tantos recursos financieros para las actividades inherentes a la misma. Y por último, hasta cuándo estará en el cargo el señor Marranzini, que habla con esa firmeza sobre la solución requerida.

La gravedad fehaciente del problema energético nacional, que abate a una gran parte del país, en términos de los altos precios a que se ofrece el servicio, como la ineficiencia que se registra en relación con el mismo, reiteramos que debería ser un tema de capital importancia en el marco de la presente campaña electoral, siempre y cuando los actores políticos que participan, estén en capacidad de interceder realmente, para resolver esa preocupante situación generalizada.

Pero, lamentablemente, no es eso lo que aquí se estila. Lo que hoy tenemos de cara, es un nuevo proceso electoral caracterizado por: las falsas promesas, el transfuguismo, y el gran negocio de la política, como una de las inversiones más rentables aquí.

Entonces, resulta obvio entender la posición del señor Marranzini; ya que, la vigencia plena de esas condiciones últimas, sí que les restaría meritos a las actitudes de querer abordar el tema durante el proceso.

No obstante, se deben crear otras dentro del mismo, para intentar debatir y proponer soluciones sobre la temática, con la mayor objetividad posible; más aun si es tomado en consideración que, no todos los competidores están altamente comprometidos con los patrocinadores que sustentan económicamente sus campañas. ¡Algo se podría lograr en consecuencia!

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