Simpatía versus propuesta programática

Por El Nuevo Diario jueves 23 de febrero, 2012

No sé si estoy equivocado, pero percibo que hay una intención -consciente- de muchos votantes (jóvenes y no tan jóvenes) de no dejarse atrapar por la propaganda y el folclor de la actual campaña política-electoral. Más bien, esa mayoría parece que se aleja de esa manipulación y da señales de que quiere escuchar y pensar antes de ir a votar.

Si resultase así -y yo lo creo-, habremos dado un salto cualitativo-cívico como país y sociedad, pues querrá decir que, en poco tiempo, el “borreguismo” y el “ñamerismo” (las dos corrientes hegemónicas de la actividad política y de no poco de las jerarquías de nuestra ‘partidocracia’) pasaran a mejor vida. ¡Enhorabuena!

Partiendo de esa percepción, cierta o no, me aventuro -contradiciendo a mucho- a sostener que más que simpatía o liderazgo mesiánico (como otrora), lo que la gente anda buscando son ideas y propuestas sustentables y realizables en boca de algún candidato que su trayectoria política y preparación profesional pueda refrendar y, sobre todo, dar garantía de cumplimiento programático.

Pero aquí es donde, como dice la gente, “la puerca tuerce el rabo”, pues, ¿cuál de los actuales candidatos -con posibilidades de ganar- tiene una propuesta programática sustentable y realizable? Que yo sepa -y esté oyendo- de los candidatos el único que viene haciendo un esfuerzo digno y coherente en ese sentido es Danilo Medina. Hipólito Mejía -con todo el respeto- no ha sido capaz siquiera de esbozar una sola idea dicha con solemnidad y compromiso programático. Mas bien, se ha ido por su estilo de chercha y relajo (y mas que ello, adolece de una orfandad programática que da pena), a parte de cometer algunos errores garrafales: servicio militar obligatorio, tarjeta solidaridad que solo sirve para beber romo, reivindicar algunas “cosas buenas” de Trujillo, etcétera.

Lo de la primera dama, más que carisma -que sin duda lo tiene- es que hay una valoración positiva de su gestión al frente de las tareas sociales que viene desarrollando. Esa gerencia efectiva es la que le ha ganado simpatía, y por ello, al convertirse en sujeto político-electoral potencial (candidata vicepresidencial), a desatado los demonios de sus adversarios -que curiosamente al principio la subestimaron- pues igual que el candidato Danilo Medina maneja ideas y propuestas. Entonces, ese binomio (el de Danilo-Margarita) es, en parte igual, propositivo, lo que no se da con el binomio Hipólito-Abinader, que el primero es extremadamente cherchoso y caricaturesco; y el segundo, pálido y sin arraigo. Por demás, creo saludable -para el país- que los liderazgos basados en lo carismático, mesiánico y populacho vayan quedando atrás, y que la sociedad -como ahora- comience a valorar más que discursos, gestos, ‘roba la gallina’ e histrionismos de campaña, propuestas programáticas y trayectoria política-profesional de quienes aspiran a dirigir la nación.

Creo que, con Danilo y Margarita, los días del borreguismo y del ñamerismo perderán toda vigencia en los partidos políticos, la administración pública y el Estado. ¡Ya es hora!

Finalmente, hay dos propuesta-ofertas programáticas del candidato Danilo Medina que me apasionan y que me entusiasman sobremanera: la reforma del actual currículo educativo (imagínense: a partir del 2013, no habrá un solo niño, en edad escolar, en las calles, o que se acueste sin comer, ya que el horario de todas las escuelas públicas será de 8:00 AM a 4:00 PM); y la otra de gran trascendencia es: el combate sin tregua a la corrupción pública y privada (porque estemos claro -tal cual ha dicho Danilo Medina- corruptos no solo son los políticos, también, hay jueces, militares, empresarios, banqueros, periodistas, abogados y un largo etcétera). De mi parte, con estas dos propuestas -de aplicarse (y no tengo duda de que Danilo Medina la cumplirá)- me doy por satisfecho y pago.