Sinergismo

Por Carlos Luis Baron viernes 22 de junio, 2012

El esquema de desarrollo de las naciones más poderosas gira en torno a sus recursos naturales. Dichos recursos son bien aprovechados por el ingenio del brazo económico y tecnológico del hombre, de ese modo se construye una nación influyente con relación al resto de los países de todo el planeta; de ahí el denominado “imperio”.

Los países del grupo (G-7 y G-10) para citar un ejemplo: nacen de una impronta histórica que desde sus inicios fueron hegemónicos en las concepciones de métodos sistemáticos, propiciando una mística de trabajo, con tendencia al desarrollo, instaurando regímenes de órdenes institucionales para sus estados.

Esto no aconteció con los países latino americanos y otros países del bajo mundo, a pesar de las riquezas naturales del que disponen: quedan rezagados porque en su génesis sembraron mucha pobreza y por ende se han supeditados a las dependencias económicas de esos llamados grupos de “poder”, que inciden incluso en nuestros propios recursos naturales y soberanías.

Los llamados países “tercermundistas “disponen de las riquezas estratégicas para fortalecer los medios de producción de esos países del G-7, G-10, y G-20… ya que son los que tienen los medios económicos y tecnológicos para emprender sus políticas imperiales, cuya plataformas le sirven para conservar su hegemonía por todo el globo. Entiendo que con los recursos naturales que conforman esos países, pueden más bien formar alianzas en su conjunto, que los legitimen como grupos asociados de naciones que están en igualdad de condiciones para competir con las demás potencias económicas, tanto en lo industrial como en lo tecnológico.

¿Cómo podemos lograr convertirnos en países aliados poderosos? Bien, asumiendo responsabilidades de estado, reorientando los intereses particulares a intereses generales, crear una buena política de desarrollo sincera, que ayude a generar los cambios necesarios, que eleven los niveles de conciencia del individuo, para construir en su entorno (una sociedad ejemplar) enérgica; sembrando una cultura de honestidad, integridad y sobre todo de renovación constante, menos egoísta y más equitativa. Todas estas proposiciones servirán de ejemplo a otras generaciones que den soporte a esta filosofía y estilo de vida.