Siria en el ojo del huracán

Por Carlos Luis Baron martes 19 de junio, 2012

La “Primavera Árabe” estalló cuando el tunecino Mohamed Abouzizi, se prendió fuego en una plaza pública de la capital tunecina, porque no lo dejaban ganarse la vida como vendedor ambulante, esa fue la gota que rebozó la copa. Las manifestaciones contra la dictadura corrupta de Ben-Alí, estallaron en todo el país y se extendieron por todo el mundo Árabe: Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Bahrein, Yemen, Siria, y Libia.

Tanto en Egipto como en Yemen donde gobernaban dictadores amigos de los EU, se buscó la formula de cambiar algo para que todo siguiera igual. Así fue como una junta militar se hizo cargo del poder en Egipto y mantiene detenido a Hosni Mubarack en un hotel de una ciudad a orillas del mar. En Tunes hubo elecciones y ganó un amigo de occidente en Yemen se logró un acuerdo y lo que parecía una inminente guerra civil se desarticuló con la salida hacia territorio Norte Americano de Ali Abdullah Saleh a un dorado exilio a disfrutar junto a su familia de los cientos de millones de dólares robados a un pueblo lleno de miseria como es el pueblo yemení.

Mientras en estos países se llegaban a arreglos para salvar las vidas y los bienes de sus respectivos dictadores, en Libia la situación fue totalmente diferente. La oposición nunca quiso negociar y el Consejo de Seguridad de la ONU, con el aval de China y Rusia, produjo la resolución 1973, la cual estableció un corredor aéreo dizque para proteger a los civiles, lo que en realidad se convirtió en apoyo aéreo para las fuerzas mercenarias que trataban de derrocar a Mohanmar Khadafi, cosa que lograron después de varios meses de resistencia de las fuerzas leales y la alta traición y compra de los altos jefes militares que tenían la responsabilidad de la defensa de la ciudad capital de Trípoli, la cual entregaron sin disparar un solo tiro. Hecho prisionero, mientras trataba de escapar de la ciudad de Sirte, Muamar Khadafi y su hijo fueron humillados, vejados, sodomizados y asesinados luego de haber sido capturados vivos.

En los otros países Árabes las salidas a las crisis que se presentaron se solucionaron de forma tal que no afectara los intereses del imperio en esa tan importante región del mundo. Las manifestaciones pro democracia en Arabia Saudita fueron duramente reprimidas con cárceles, amenazas, desapariciones y muertes de parte de las fuerzas represivas del régimen Saudita.

En Bahrein las manifestaciones en pro de la democracia y las libertades civiles terminaron, cuando tropas del ejercito Saudita invadieron el pequeño reino del Golfo Persia, ahogando en sangre el movimiento de protesta y apuntalando el régimen de AL-Jalifa, protegiendo a su vez la quinta flota de los EEUU que permanece anclada en esa parte del mundo. Nadie protestó por la descarada intervención de tropas del reino Saudita en este pequeño país, en violación de la carta de las naciones Unidas y el derecho internacional.

Las manifestaciones en Siria han tomado otro rumbo. A pesar de los esfuerzos del gobierno de Bashar al Asad, quien ha introducido cambios en su gobierno modificando la constitución mediante un referendo popular, convocando a elecciones para escoger un nuevo parlamento y aceptando el plan de paz del enviado especial del secretario general de la ONU, Koffi Annan, que plantea entre otras cosas un cese al fuego, el cual el gobierno sirio ha acatado, pero que los grupos armados no han aceptado y por el contrario, mantienen una cadena de violaciones y provocaciones, pidiendo a gritos una intervención extranjera para derrocar el gobierno legitimo de AL Asad.

Es oportuno aclarar que el plan de atacar a Siria e Irán no es nuevo. Tiene años en carpeta. En el 20003 Israel invadió al Líbano bajo el pretexto de eliminar el grupo de la resistencia islámica Hezbola, catalogado de terrorista por el gobierno de los EU y de acuerdo con los estrategas del sionismo.

Esta sería una operación rápida, como a las que nos tiene acostumbrado el ejército israelí, atacando por sorpresa y sin previo aviso. Mas no obstante la invasión duraba dos meses y la resistencia del grupo paramilitar Hezbollá no parecía debilitada y en cada oportunidad sus golpes al ejercito de Israel eran mas contundentes y audaces, las pérdidas en hombres y material bélico eran considerables y el alto mando tomo la dolorosa dedición de suspender la ofensiva, de manera incondicional y sin haber logrado uno solo de sus objetivos.

Todo esto a pesar de contar Israel con el dominio del espacio aéreo y la indiferencia del ejército libanés, que en ningún momento enfrenta a las tropas israelíes, que pisoteaban su territorio. El prestigio de Hezbolla creció en todo el mundo Árabe porque por primera vez en los más de cincuenta años del conflicto, es la única ocasión en que un grupo armado Árabe derrota al ejército sionista.

Todos los planes de invasión a Siria fueron postergados para esperar una mejor ocasión, que de acuerdo con sus planes se presenta ahora y se pondría nueva vez en ejecución con ligeras variantes: ya no se atacará primero al Líbano y tampoco se usaría el ejercito israelí para esos fines, sino que se atacaría primero a Siria, usando el libreto libio. Es decir, fomentando la subversión interna y creando un caos total para buscar la intervención de la ONU y su brazo armado la OTAN. A Siria se le considera la fuente de suministros del grupo Hezbollá y después de la de ocupación otra vez atacaría con todo su poder a fin de vengar la humillación del 2003.

La nueva invasión al Líbano se haría en dos frentes. Por un lado atacarían las tropas de Israel y por el otro lado las fuerzas que ocuparían Siria. Así se allanaría el camino para el ataque al pueblo Persa. Irán no debería vacilar en cumplir el tratado de ayuda mutua y asistencia reciproca firmado entre ambos estados y defender con todo su poderío militar a la nación Árabe, a sabiendas de que el próximo objetivo a atacar son ellos.

La interrogante que todos nos hacemos es: ¿Podrá Siria resistir una invasión a gran escala de parte de las fuerzas de la OTAN los EEUU e Israel? Soy de los que cree que eso depende de la moral de los mandos militares y la dirección política. Si la guerra mediática y sicológica logra romper la moral y la fe en su capacidad para resistir la ofensiva militar, los días del régimen baazista habrán llegado a su fin. No importa cuan sofisticado sea el arsenal militar sirio, ni todo el apoyo que puedan ofrecerle los países amigos. Solo una moral insobornable y un liderazgo incorruptible harían la diferencia.

Si las fuerzas retardatarias del mundo lograran ese objetivo, fijarían sus ojos en su traspatio, y entonces toda América Latina estaría en grave peligro.