Sociedad y suicidios

Por El Nuevo Diario miércoles 28 de marzo, 2012

Uno de los temas que últimamente ha estado sobre el tapete en el país, es el de los suicidios, el cual ha venido siendo abordado por profesionales de la conducta (psicólogos), y connotados psiquiatras nacionales, tratando de definir y analizar razones, como circunstancias prevalecientes que puedan estar induciendo a las personas a tomar una decisión de esa naturaleza.

Evidentemente, y como era de esperarse, muy variadas son las causas que han salido a relucir, destacándose las de origen económico asfixiante, pasionales, afecciones mentales propias, estados depresivos profundos, exclusión social, frustraciones, etc., que en realidad son las más comunes; las que más a la vista están.

Ahora, hay otras que, por estar menos evidenciadas claro, es decir, con énfasis sólo a nivel de actitudes personales latentes en realidad, no han sido tocadas en esta ocasión. Y, por consiguiente, no se les ha dado el carácter que requerirían.

Son algunas que, también podrían estar incidiendo en esa problemática, y que guardan estrecha relación con nuestra sociedad misma en sentido general, en cuanto a lo inhóspita, como despreciable que en determinados momentos ésta ya resulta, para los que han cumplido con sus designios, en términos espirituales, según ampliaremos más adelante.

Aunque resulte lastimoso decirlo, no cabe duda de que, vivir en la República Dominicana para estos tiempos, se ha convertido en un mayúsculo tormento, con marcada gravitación en el orden de lo emocional, para toda persona que siempre trate de proceder con apego a lo ético moral, y que aspire a disfrutar de un estado nacional de convivencia pacífica.

El grado de degeneración a que ha llegado la sociedad dominicana no tiene parangón en el marco de los últimos lustros. Se ha rebosado la copa en todos los órdenes. No se confía en la justicia; la dignidad y el decoro brillan por su ausencia; se fueron a pique los cánones institucionales; la autoridad canta y no se le escucha.

Todo se dejado caer en manos de la delincuencia, mientras las leyes se convierten en letras muertas, como aquellas de las canciones que han pasado de moda, y que sólo son cantadas algunas de sus frases por interpretes interesados, cuando las circunstancias les favorecen

Las cosas que a diario se ven y se escuchan en este país, ante la mirada indiferente de muchas de las seudos autoridades que se tienen, y sin luz aparente al final del túnel, sólo crean desasosiego, incomodidad, desesperanza, y un sentimiento de impotencia, que en ocasiones irrita y hasta enfada sobremanera.

Amén de todo eso, se ha conformado una gran estructura que abarca la radio, televisión y prensa escrita, en la que “sandaceros y sandaceras”, gente que habla sandeces, se utilizan como cajas de resonancia, para loar y justificar comportamientos indebidos. También forman parte de la red creada, otros que sólo viven hablando, repitiendo como gallaretas y criticando; haciendo llover sobre mojado, sin aportar absolutamente nada. ¡Hablando disparates, a través de los medios de comunicación de masa, nada se va a resolver en este país!

El plan degenerativo y antinacional, como podría denominarse, está tan bien concebido, que todos esos programas, como las publicaciones diseñadas, para alienar y entretener a la población, mientras la sociedad se derrumba, atrapada en el funesto triangulo subyugador de la politiquería corrupta, el endeudamiento externo y el narcotráfico, facturan cuantiosos recursos por concepto de patrocinio, incluyendo los que provienen de las instituciones gubernamentales, que uno se pregunta, ¿para qué, y por qué, tienen que promoverse, con definidos trabajos a cargo?

Realmente, es un panorama muy deprimente el que se vive en esta nación dominicana, con tanto desorden, falta de autoridad y de civismo; donde lo políticos que aspiran a gobernar se mercadean al igual que cualquier producto de los que la población consume. En la que para optar por la presidencia de la República, es muy poca la formación académica exigible; requiriéndose parcialmente de esta última, dicho sea de paso, sólo para ser síndico o regidor.

Ahora, los entornos nacionales de esa naturaleza se van conformando con el paso del tiempo, como consecuencia de múltiple razones; entre estas, y probablemente la más poderosa, que lo es el cúmulo de efectos derivados de las causas sembradas con anterioridad, y que por ley natural (causa y efecto) arrojan en su momento los frutos correspondientes. “Todos sembramos lo que recogemos”, reza una máxima esotérica, lo cual no solamente está supeditado a lo personal; sino también, a lo nacional

La verdad es que, aunque son ambientes que muchas veces provocan desolación, depresión e irritabilidad en determinadas personas, no hay duda sin embargo, de que son escenarios como éstos en los que les ha correspondido el tener que interactuar terrenalmente, por propósitos y diseños contemplados en sus corrientes de vida.

El hecho de haber nacido en tal país o región, no es fortuito o accidental; es algo previamente seleccionado y aceptado, porque allí se encuentran las condiciones humanas y ambientales apropiadas, para que se puedan conquistar efectos pendientes de causas incurridas en el orden individual, que se traducirían luego en evolución, espiritualmente hablando.

Es lógico suponer entonces que, una vez se haya logrado ese propósito, posiblemente la sociedad con la que se ha tenido que convivir, nos habrá de resultar incomoda, desagradable, y hasta podríamos llegar a odiarla, lo que nos movería a tratar de abandonarla, máxime cuando la impotencia se hace eco en el hombre, para promover los cambios que son necesarios a su entender.

Y, cuando no es posible emigrar de un núcleo social a otro, porque las circunstancias obligan permanencia, como logrado ya el nivel de conciencia espiritual propuesto, es muy probable que se pueda caer en un estado desolador, depresivo agudo, por no querer seguir soportando aquello con lo que no se está de acuerdo, sin nada que poder hacer, y que repercute cada vez más de forma negativa, en términos emocionales, situación que podría eventualmente inducir a la preferencia por dejar el plano terrenal, aun sea a destiempo, por decisión suicida.

Es aquí precisamente, donde surge la inquietud y preocupación que nos mueve; que motivan principalmente la exposición presente, dada la situación degradante que se viene dando en la República Dominicana; al igual que, la desesperanza, irritabilidad y desasosiego que envuelve a una gran parte de su población, la cual se considera ya desamparada; que está deprimida en grado sumo, y falta de fe en sus figuras cimeras.

Evidentemente, el recurrir a una decisión de esa naturaleza, sin importar razones, estaría muy en función también del nivel de evolución espiritual que se tenga, que sería el único que puede arrojar luz sobre las funestas consecuencias que se van derivar, al precipitar la partida (muerte física), antes de lo prescripto, en términos del tiempo calendario otorgado por la Divinidad Suprema, para la corriente de vida terrenal individualizada. ¿Pero, cuántos tienen la expansión de conciencia necesaria, para combatir los impulsos negativos de una personalidad lacerada por el medio ambiente en que se desenvuelven y se expresan?

Nosotros hemos conocido sobre casos de personas que han partido (muerto) en esas circunstancias, y que inducen a plantearse la posibilidad de que la determinación de suicidarse haya sido tomada por esa causa, ya que otras razones resultarían inexplicable, a la luz del comportamiento observado, y las prerrogativas que la vida les ha proporcionado.

Entendemos que, ya para estos tiempos en que el hipnotismo no se considera brujería, como antes, sino que se ha aceptado hoy como un procedimiento médico-terapéutico, a través del cual se logran las llamadas “regresiones, y que es usado por psiquiatras y psicólogos, en busca de razones para el estudio, análisis y comprensión de determinados comportamientos actuales de las personas que tratan, en base a lo que se pueda conocer sobre sus vidas anteriores, aun no sea totalmente siempre factible, por lo insondable de cada Expresión Divina a través de los seres humanos, el suicidio, como posible causa de muerte inducida, tiene también que ser investigado y manejado por los profesionales de esas disciplinas, en el marco de lo esotérico-espiritual; de modo que, pueda ser controlado desde esa misma óptica, y que no solamente se vea como algo inherente a lo somático-sensual, en el universo de las materialidades.

Ese es el principal interés pues, por ese tipo de investigación, no tan usual; y que es obvio, a nuestro humilde entender se requiere, en el marco de una muy posible estrecha relación, influencias del entorno social con respecto a determinados suicidios, por la razón anterior expuesta.

Es el que hemos querido que despertar a través de esta amplia opinión, destacando previamente, la problemática del país nuestro, que consideramos se tomará su tiempo el corregirle. Y que, deberá ser el primero en expiar, como nación, las causas que se encuentran en la base de su problemática generalizada, muy poderosas por cierto.

“Las naciones recogen lo que siembran, y tienen los gobiernos que se merecen”. Aquí hemos sembrado y elegido muy mal, en diversas ocasiones. Posiblemente, lo peor no haya llegado aún, ¡esperemos!

Muchos optarán por emigrar, si es que pueden, o les dejan hacerlo; o, terminarán, por suicidarse; siendo esta última determinación posible, la que debe mover a los psiquiatras y psicólogos dominicanos, a investigar razones también, fuera del Universo manifiesto, para eficientizar su labor, partiendo de la incompatibilidad expresada ya en el tiempo.

La forma de poder controlar y disuadir de esa actitud a las personas que ellos entiendan en riesgo, o capaces de tomar tal decisión, por el influjo de lo social propiamente, y la falta de correspondencia con el nivel de conciencia espiritual que se haya logrado experimentar, se reportaría como un gran éxito en su labor profesional