Sólo nos recordamos de Santa Bárbara cuando llueve

Por Carlos Luis Baron miércoles 9 de mayo, 2012

Cuando uno lee algunas de las reseñas publicadas sobre el devastador incendio que se produjo en el área turística “Pueblo de Pescadores”, Las Terrenas, provincia de Samaná, República Dominicana, y reflexiona un poco respecto de sus consecuencias, los tropiezos súbitos y las dificultades que se presentaron en ocasión del siniestro, para poder combatirle de manera oportuna, como el gran factor incidente de las limitaciones bomberiles locales, de inmediato llega a la mente el sentido que subyace en la frase popular que encabeza.

Y es que, cualquiera no se explica, y se preguntaría por tanto, cómo es posible que una zona dedicada al comercio turístico del país, que es una de sus principales columnas en el ámbito económico – gran fuente de divisas -, en la que se realizan cuantiosas inversiones financieras que, obviamente, reportan jugosos beneficios empresariales, adolezca, no cuente con una bien equipada estación de bomberos, cuyos miembros tengan una adecuada remuneración salarial, dispuestos siempre a prestar sus oportunos y valiosos servicios, cuando se presenten situaciones desastrosas como esa, caracterizadas por la “subitud”, con que normalmente ocurren.

Claro, cuando arden las llamas, sí que nos recordamos del teléfono de los “apaga fuegos”; y no precisamente, para colaborar con esa institución, donándole los equipos imprescindibles para que puedan realizar su trabajo; sino, para que vengan a socorrernos, a “manos peladas”, como se dice, en los momentos de los apuros incendiarios que a veces se presentan.

Después que pasa el “ciclón de las llamas”, entonces vienen por tanto, las lamentaciones, el evaluar los daños causados, etc.; y por supuesto, las intenciones tardías de crear las medidas preventivas de lugar. Claro, “cuando ya es demasiado tarde”, como reza un dicho pueblerino.

Por eso vemos ahora, en relación con el hecho de que se trata, que el flamante ministro de Turismo se apresta a que la entidad que representa, colabore en lo inmediato con la reconstrucción del poblado que resultó afectado; y también, anunció “la donación de un camión de bomberos que estará al servicio en Las Terrenas, aunque manifestó que eso no era de su competencia”. O sea que, se podría interpretar como un favor; ¡que eso le toca a otro!

Por su parte, Fabeth Martínez, directora ejecutiva de la Asociación de Propietarios de Hoteles, Bares y Restaurantes de Samaná, lamentó los hechos acaecidos, según los medios periodísticos, y los calificó como un duro golpe para el desarrollo turístico de Samaná, al tiempo de solicitar la colaboración de todos lo sectores de la zona, “para que juntos afronten de manera urgente la situación”.

Esa petición que ahora ella hace, debió realizarse con anterioridad; pero, en el sentido de la prevención, en términos de aunar esfuerzos y contribuir con los aportes económicos requeridos, entre todos los empresarios establecidos en esa importante zona turística, tomando en consideración además, la protección de sus inversiones cuantiosas, para el establecimiento y conservación de una moderna y bien equipada estación de bomberos, en capacidad de ofrecer oportunos servicios a toda esa área.

En países como el nuestro, donde la corrupción campea por sus fueros, no se puede estar dependiendo de políticos, que sólo van a los cargos a buscar lo de ellos, tal como hablan los moradores de aquel lugar, que califican “la sindicatura que tienen de corrupta; que sólo está para cobrar impuestos; y que, ellos están cansados con los tantos arbitrios que se les impone. Sin embargo, que ni siquiera un camión de bomberos se ha podido conseguir para la comunidad, que lo viene demandando desde hace años. (Véase periódico HOY, edición del 8-5-12, página 10ª).

Lo ocurrido allí, es un buen espejo, en el que se deben ver todos los propietarios y comerciantes del sector turismo, que operan en otros lugares de la nación, para que traten de prevenir sobre futuras consecuencias incendiarias dentro de sus áreas de ejercicio, procurando y manteniendo un equipo de hombres “apaga fuegos”, con todo cuanto sea necesario para acudir en su auxilio, cuando el tiempo apremia, cuando los minutos cuentan, aun tengan que sacrificar parte de sus pingües beneficios, para colaborar con los mismos económicamente.

¡A poner entonces, las barbas en remojo!