Steve Jobs, o la irracionalidad del genio

Por Carlos Luis Baron viernes 10 de febrero, 2012

Lo confieso: con un tipo con la personalidad y el mal carácter de Steve Jobs, yo no hubiese sido capaz siquiera de tratarlo. Lo digo, por la complejidad de la personalidad que el escritor Walter Isaacson nos proyecta en la biografía que el propio Jobs, en vida, le solicitara que escribiera -en absoluta libertad- sobre su vida, éxitos y fracasos.

En ella (en la biografía) el personaje Steve Jobs se presenta -quizás como en ninguna otra biografía que haya leído- con toda la complejidad de su ser y genio. Por lo mismo, resulta un retrato fiel, crudo, y, a veces, hasta inhumano y odioso de una figura desbordadamente inteligente, exigente y creativa de quien -y gracia a su ingenio-, la humanidad -toda- estará en deuda por algún tiempo, o quizás, por siempre.

En un primer plano, diríamos que Steve era un Hippy, un rebelde, u desadaptado, en fin, un tipo raro que andaba -en los años 70s y 80s- hediendo, desaliñado y con un abandono inaguantable. Pero, al mismo tiempo, portador de una personalidad atrayente, seductora y excesivamente delatora del genio en cierne.

El retrato sobre Steve que Walter Isaacson nos recrea, es un largo relato plagado de referencias técnicas (muy cansonas para el vulgo o neófito en asuntos de informática, negocios y tecnología), de estrategias empresariales-mercadológicas, de frustraciones y laceraciones familiares, de visiones ejecutivas, de tejemanejes, de exigencias y competencias excesivas de la invención, y del frío mundo de los negocios. Pero en medio de esa vorágine, aflora -y es latente en todo el libro- el espíritu por el detalle y por la excelencia en la mente de un ser hurgador que concibió esta máxima: “La gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”.

De las setecientas páginas y tantas de la biografía ¿qué eventos resaltar para los lectores? Opino que algunas ideas y preocupaciones del genio, y -se me antoja- algunos retazos de sus encuentros e intercambios con el Presidente Barak Obama (2010-2011). ¿Qué le dijo? Oigamos.

“La reunión [con Obama] duró en realidad cuarenta y cinco minutos y Jobs no se mordió la lengua, “Está encaminándose a una presidencia de un único mandato”, le dijo Jobs a Obama nada más empezar. Para evitarlo, señaló que la Administración tenía que acercarse más a las empresas. Describió lo sencillo que resultaba construir una fábrica en China, y señaló que en aquel momento era casi imposible hacer algo así en los Estados Unidos, principalmente debido a las normativas y a los costes innecesario.

Jobs también atacó el sistema educativo estadounidense….” (Pág. 677).

Y dijo del Presidente Obama: “…Tiene problemas para dirigir el pais por su miedo a ofender a la gente…”. No obstante y a pesar de esa opinión de Jobs, enterémonos de esta otra alegría-aspiración: “Jobs se alegró de ver que Obama mantenía un seguimiento sobre la cuestión [se refería a la idea o proyecto –a sugerencia suya- de formar 30.000 ingenieros de producción…], y hablaron por teléfono algunas veces tras la reunión. Se ofreció a crear los anuncios políticos de Obama para la campaña de 2012”.

“Jobs tenía muchas otras ideas y proyectos que quería desarrollar. Quería revolucionar la industria de los libros de texto y salvar las columnas vertebrales de los sufridos estudiantes que arrastraban sus mochilas de un lado a otros mediante la creación de textos electrónicos y material curricular para iPad”.

También una autorreflexión de Jobs: “¿Qué me motivaba? Creo que la mayoría de las personas creativas quieren expresar su agradecimiento por ser capaces de aprovechar el trabajo que otros han llevado a cabo antes que ellos. Yo no inventé el lenguaje ni las matemáticas que utilizo. Produzco solo una pequeña parte de mis alimentos; y ninguna de mis prendas está hecha por mi. Todo lo que hago depende de otros miembros de nuestra especie y de los hombros a los que nos subimos. Y muchos de nosotros queremos contribuir con algo para devolverle el favor a nuestra especie y para añadir algo nuevo al flujo de la humanidad….” (Pág. 706).

Y finalmente, este retazo-creencia de honda convicción filosófica en medio de una conversación con su biógrafo: “Reconoció que, a medida que se enfrentaba a la muerte, podía estar exagerando aquella posibilidad por un deseo de creer en una vida mas allá de esta. “Me gusta pensar que hay algo que sobrevive después de morir -comentó-.Resulta extraño pensar que puedas acumular toda esta experiencia y tal vez algo de sabiduría, y que simplemente desaparezca, así que quiero creer que hay algo que sobrevive, que a lo mejor tu conciencia resiste.

Se quedó callado durante un buen rato “Pero, por otra parte, a lo mejor es como un botón de encendido y apagado –añadió-. !Clic!, y ya no estás.

Entonces hizo de nuevo una pausa y sonrió levemente. “A lo mejor por eso nunca me gustó poner botones de encendido y apagado en los aparatos de Apple”. ¡Que final!.

Sí, porque la vida de Jobs que Isaacson nos revela no se apartó ni un segundo de ese designio que él se ladró a fuerza de dedicación, tenacidad y talento.