Terminales transporte público: amenaza a la salud y el pudor

Por Carlos Luis Baron jueves 15 de marzo, 2012

Por doquier que pasa el transeúnte dominicano y encuentra en su camino terminales de rutas de transporte, el hedor a urea delatará el lugar muchos metros antes de llegar. Este es uno de los muchos males, intrínsecos al sector transporte. La improvisación con que éstas surgen y la poca entereza de las autoridades en organizar el sector, es una seria amenaza a la salud pública, el pudor y las buenas costumbres. La concentración de muchos hombres, con los más bajos niveles educativos y todo tipo de malas costumbres, en lugares sin ningunas condiciones, crea problemas. Muchos de aquellos señores, sacan sus miembros y se orinan, sin miramiento, en cualquier lugar.

Allí son comunes las expresiones más groseras que se puedan escuchar; los juegos de manos, conducen a serias peleas; suelen coincidir descuidistas, ladrones y atracadores. En esos lugares y sus alrededores, se puede apreciar en toda su dimensión la degradación que tiene esta sociedad.

Esperando que se llene el vehículo, igual que muchos, hemos escuchado en sus conversaciones la apreciación que tienen sobre el pasajero. Para ellos, los que estamos obligados a montarnos en sus medios de transporte somos unos animales. Sin duda, como tales nos tratan. No existen, para ellos, normas de higiene que les podamos exigir. Los usuarios con nuestras manos y vestuarios, de una u otra forma les limpiamos su fuente de sustento.

Las situaciones que tienen que soportar los ciudadanos en las terminales de rutas del transporte son muchas. Las ofensas hacia ellos son variadas y generan menos conflictos ya que los agredidos, las mayorías de las veces, logran o les hacen comprender, que es con lúmpenes que se está tratando. Sin duda estos no tienen que perder y con este cuento tienen aterrorizados a quienes los mantienen. Las autoridades lo saben.

El sector transporte, ha sido durante muchos años, el más sólido espacio de oportunidad a los jóvenes. Aquellos muchachos que de una u otra forma han sido rechazados por la sociedad han encontrado cabida en este sector. Tal vez como castigo a una población que no ha sabido protestar o no ha visto su futuro reflejado en el porvenir de sus hijos, nos lo colocan como trago amargo. Las acciones, irrespeto, malos tratos e imposiciones que día tras día nos llegan desde los transportistas, son parte de lo que hemos contribuido a que se deforme entre nosotros.

Aunque les llegan algunos problemas colaterales del transporte, nuestros dirigentes y sus familias, están ajenos a las situaciones de las terminales de rutas. ¡Qué bueno para ellos y los dirigentes transportistas parásitos de lúmpenes, ya que si fueran afectados tuvieran el dolor de cabeza de tener que corregir un problema que, les deja beneficios políticos y económicos! Se haría irresistible para gobiernos comprometidos con el desorden, de Buena a primera, tratar de llevar orden a un sector que su costumbre es “hacer lo que le venga en gana”.

Tenemos conocimientos de que no es poco el dinero que los transportistas pagan por el derecho a operar en las rutas. Es difícil entender que parte de ese dinero no se los devuelvan en facilidades mínimas, como debes, en un local donde puedan realizar sus necesidades inmediatas, o al menos alquilar baños ambulatorios. La idea es, fuñir los pasajeros con las groserías, la hediondez y los focos de hacinamiento distribuidos por doquier. Esto no debe seguir así. ¡Debemos aprender a pensar, a sentir y a actuar como una sociedad!

La organización del transporte es uno de los grandes problemas que hemos de enfrentar. Este problema, aunque beneficia a dos o tres, nos hace perder muchos recursos, vida y, retrasa las posibilidades de desarrollo del país y hace más precario el poder adquisitivo de los sueldos y los presupuestos familiares. Vivimos como si no nos enteráramos de esto. Ante las dificultades que tenemos que enfrentar con los que comandan el transporte, cada cual aspira y busca resolver su problema comprando su carro.

Si bien el sector transporte trabaja acorde con los principios de ser un servicio privado, éste debe ser regulado. No es posible que ellos decidan dónde poner sus terminales y que las autoridades se los permitan. Ya es hora de que se le ponga coto a todas las vagabunderías que allí se suscitan. De una u otra forma, los ayuntamientos deben velar por dar un curso de servicio al cliente a choferes y cobradores que les permita operar en el territorio de los cabildos. Las relaciones y la higiene en las terminales deben estar normadas por reglas que vengan desde los ayuntamientos. Debemos empezar a incorporar a los individuos de este sector al respeto de sus clientes.