Terremotos, suelos, estructuras y sentido común

Por Carlos Luis Baron viernes 8 de junio, 2012

Dicen que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, pero aun así hay mucha gente, entre ellos académicos y no académicos, que han nacido con un sentido común muy bien desarrollado, lo que indica que a veces no hay que ser un brillante profesional para tener sentido común, y que hay profesionales que no tienen sentido común.

Estando recientemente en Barranquilla, invitado por la Alcaldía de allí, para, junto a otros especialistas colombianos, cubanos y chilenos, analizar la situación de los deslizamientos de las laderas occidentales que han hecho colapsar miles de viviendas, edificios, calles, aceras y tuberías, y presentar soluciones prácticas que impidan la quiebra económica de la Alcaldía, recomendamos reducir el peso de las masas arcillosas deslizantes y drenar el agua intersticial y el agua superficial. Como debe ser.

En el auditorio estaban presentes profesionales de la ingeniería, contratistas de obras derrumbadas y funcionarios de la Alcaldía, y una de ellas tomó un turno para decir que se sentía confundida con nuestra recomendación, ya que los geólogos de Barranquilla le habían recomendado poner mucho peso sobre los derrumbes para estabilizarlos, es decir, construir muchas edificaciones encima de los suelos que se derrumban. Quizás por no entender las causas del problema, y las soluciones naturales, es que han tenido derrumbes indetenibles durante los últimos 40 años.

Considerar que poner más peso a una masa de suelo que se desliza, es la mejor forma de estabilizarlo, demuestra falta de sentido común, ya que durante las inspecciones de los derrumbes nos encontramos con una humilde señora iletrada, que habita en uno de los sectores marginados que se deslizan, y nos explicó que para evitar que su casa se derrumbe le ha colocado arena a su alrededor como forma de drenar el agua de lluvia, y que para sacar el agua del subsuelo ha sembrado matas de plátano que absorben el agua. Genial.

El gran sentido común de esa humilde señora iletrada nos impresionó tanto que así lo destacamos en nuestro informe técnico, y hasta recomendamos que sea designada como facilitadora y promotora de soluciones entre los demás vecinos de otros sectores que se derrumban, porque ella entiende el problema geotécnico e hidrogeológico mejor que muchos profesionales egresados de universidades.

De manera casi secuenciada, tres días después, al dictar una conferencia en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, sobre suelos y terremotos en la ciudad de Santiago, un ingeniero estructuralista presente en el público agotó un turno para calificar de falacias lo dicho por nosotros sobre la vulnerabilidad de las edificaciones altas, con pisos blandos, construidas sobre los suelos arcillosos de Santiago, y se atrevió a decir, frente a todos los presentes, que en los suelos arcillosos, mientras más alto es un edificio, mejor comportamiento tiene al momento de un terremoto. Santo Dios. Cuánto nos falta aprender!

La forma arrogante de hablar de este ingeniero estructuralista que se considera experto en estructuras sismo resistentes, y la de otros estructuralistas que piensan igual a él, es lo que explica por qué el terremoto de Haití, de magnitud 7.0, destruyó 300 mil viviendas, 30 mil comercios y 5 mil escuelas construidas sobre las zonas arcillosas de Puerto Príncipe; explica el por qué el temblor de 6.5M ocurrido el 22 septiembre de 2003 destruyó tantas viviendas y escuelas en Puerto Plata; y por qué los pequeños temblores de 5.2M de Ocoa y Nagua, en este año 2012, dañaron escuelas, hospitales y viviendas en Ocoa, Azua, Nagua y Sánchez.

Hay ingenieros en ejercicio que al carecer del más mínimo sentido común, se constituyen en peligros públicos para la ciudadanía, ante la indiferencia del ministerio de obras públicas, con el agravante de que se sienten tan seguros de sus conocimientos invertidos, que hasta se expresan de forma desafiante, porque no hay nada más atrevido que la ignorancia extrema.

Vistas así las cosas, quizás el mayor peligro para la ciudadanía no lo representan los terremotos, sino aquellos ingenieros estructuralistas que se niegan a entender y aceptar las formas diferentes de comportamiento sísmico de los suelos flexibles.

El ingeniero estructuralista que no entienda muy bien lo que ha de pasar del suelo hacia abajo al momento de un fuerte terremoto, jamás podrá diseñar y construir una buena estructura que al momento de un terremoto responda bien del suelo hacia arriba.

Países como Japón, Estados Unidos, México, Chile, Taiwán, Turquía, India, Rusia y China, entre otros, donde hay muy buenos ingenieros especializados en estructuras sismo resistentes, respetan los suelos arcillosos y arenosos y limitan la altura de las edificaciones, porque los terremotos del pasado han provocado grandes destrucciones sobre los suelos flexibles, no obstante las modernas metodologías de amortiguamiento lateral y vertical para absorber las deformaciones estructurales provocadas por las aceleraciones sísmicas horizontales y verticales de esos suelos flexibles.

Los ingenieros estructuralistas diseñan sus estructuras asumiendo muchas variables que desconocen, porque nunca se conoce anticipadamente la magnitud del sismo, ni la ubicación del epicentro, ni la distancia hipocentral, ni la duración del sismo; pero tampoco se ocupan de medir las velocidades de propagación de las ondas sísmicas de corte, ni el período de vibración del suelo, ni el módulo de rigidez de la roca o suelo, ni el módulo de Young dinámico. Construimos suponiendo datos sísmicos que desconocemos.

Pero así como hay suelos diferentes, hay ingenieros diferentes, porque en honor a la verdad, hay muchos ingenieros especializados en estructuras sismo resistentes que se esfuerzan en conocer cada día más sobre las diferentes respuestas sísmicas de los diferentes tipos de suelos, porque han visto que estructuras malas, construidas sobre rocas buenas, han respondido muy bien al momento de un terremoto, y que estructuras aparentemente buenas, construidas sobre suelos flexibles, como en China, México y Haití, han respondido muy mal y han colapsado provocando miles y miles de muertes, y están conscientes de que en materia de sismos todavía hay mucho que aprender para proteger a la gente que está desprotegida.