Terror Callejero

Por Carlos Luis Baron martes 14 de febrero, 2012

El autoritarismo y el olor de polvora, solo ayudan al mantenimiento del orden público cuando se está cometiendo in-situ un delito. Luego lo sepultan. El juez habla por sentencia y no en la oración de los cementerios. Por demas, es una acción contraproducente, porque casi siempre viola los derechos humanos de personas que ciertamente no se sabe si cometieron un delito o no, y su ferreo efecto levanta malquerencias en la población.

Las redadas indiscriminadas constituyen un grave problema de exceso de autoridad. Por simple capricho, hasta por el color de una camisa, se detiene a un ciudadano y en ocasiones se le somete a tratos vejatorios.

En una verdadera labor de inteligencia, las redadas tienen que ser selectivas. Apresar de acuerdo a los resultados de una investigación. En el país las redadas son para prevenir el crimen.

Tenemos que partir de que nadie nace delincuente. Es el medio social que tiene de referencia el que lo va inclinando hacia un lado u otro. Respetuoso violador de las leyes.

No puede haber confusiones. Nadie nace delincuente. Pero si se puede nacer en un hogar de delincuentes. Son dos cosas distintas.

El que nace en un hogar constituido por violadores de las leyes va a seguir ese ejemplo, y a su vez, también será un responsable de estar de un lado oculto de la sociedad.

Pero la causa fundamental de la delincuencia es la exclusión y la marginalidad social. Surgen más delincuentes donde hay desesperación social, que en otras capas poblacionales.

Hay delincuentes de cuello blanco, que son intocables, y carroñeros de esquinas, que mueren en los intercambios de disparos.

La justicia, los tribunales y las balas también tienen su repartición de miserias y de riquezas. Una de las mejores prevenciones del delito, es tener una policía sana.

Cuando la autoridad es acusada de ser abusadora, o de entrar en actos de corrupción, la población le coge miedo, y le pierde el respeto.

Como auxiliar de la justicia, la Policía está para dar confianza al ciudadano, porque su función central es proteger al pueblo, y reducir los índices de violencia.

Por hora, sería bueno que los organismos de seguridad, como la Policía, sean respetuosos de los derechos de los ciudadanos y verdaderos auxiliares de la justicia.

Solo con la implementaciòn de esos dos ingredientes, se estarán dando pasos preventivos certeros, para controlar el crimen y el terror callejero.