Tradiciones de Navidad

Por Carlos Luis Baron miércoles 26 de diciembre, 2012

A poca distancia del lugar donde nació el rey David, Mil y muchos años más atrás vio la luz de la vida el niño que había sido prometido como el salvador del mundo, y aunque la misión que le fue encomendada era muy noble, era claro que solo podría ser realizada por quien tenía potestad para perdonar pecados. Y llamara a su nombre Emmanuel que quiere decir Dios con nosotros, realidad que es vivida y aceptada por la totalidad de los cristianos que pueblan el universo y que esperan la llegada de ese miso mesías que se hizo hombre para redimir la humanidad del pecado.

Jesús nació en un pesebre, un establo, cosa muy diferente a la que dibujan hoy los pintores y decoradores de este mundo moderno, algo muy parecido a lo que hacen los artesanos y toda la fantasía confisterial que al construir el pesebre lo adornan con tantas exquisiteces que parecen la habitación de un príncipe, del heredero de uno de los tronos terrenales con que cuenta a montones la humanidad, y esta viene a ser la gran mentira con que por siglos se ha desorientado al hombre.

Un establo es en realidad el lugar donde guardan los animales que trabajan para el hombre y sus empresas, algo rustico, sucio, oscuro, descuidado, con malos olores, ¿ha pasado usted alguna vez por el lugar donde pasta el ganado?, es el lugar más sucio del planeta y allí nació el más puro y sublime de los que alguna vez hallan habitado la tierra y nació por que le fue encomendada la misión de vivir y morir para redimir al hombre del pecado ¡Hermoso gesto verdad!.

Jovani Papini el inmenso escritor italiano al escribir su versión de la historia de Cristo nos dice: No nació Jesús en un establo por casualidad, ¿No es el mundo un inmenso establo donde los hombres engullen y estercoliza?, ¿No cambian por infernal alquimia las cosas más bellas, más puras, mas divinas en excrementos?, luego se tumban sobre los montones de estiércol y llaman a eso gozar de la vida, sobre la tierra porqueriza, precaria donde todos los hermoseamientos y perfumes no pueden ocultar el estiércol. Apareció una noche Jesús dado a luz por una virgen sin manchas, armado solamente de su inocencia, por ello no importa que toda la propaganda de la sociedad capitalista desvirtué el verdadero significado de la navidad, para muchos estas fiestas tienen un origen en el festival cristiano de la navidad (Natale Noel) witnock o christmas, viene del latín cristes maese (Misa de Cristo).

Según algunos historiadores que se encargaban de recoger datos de los acontecimientos más importantes que se registraban en el mundo de entonces la fecha del 25 de Diciembre apareció por primera vez como la fecha del nacimiento del niño, viernes 25 de Diciembre alrededor de 15 días después de la luna llena en el año probable 554, sobre la elección de esta fecha para el nacimiento de Jesús parece que fue escogida por asuntos de carácter ideológico, ya que la única fiesta que se celebraba entonces era la fiesta pagana del sol lo que quiere significar que la verdadera fecha del nacimiento de Cristo no está del todo claro, aunque lo que realmente nadie discute es la realidad de su nacimiento así como tampoco la obra bienhechora de Jesús en la tierra en esta tierra que a tantos años vive llena de esperanzas, esperanzas que son el sostén de toda esta pérdida humanidad.

Poco importa pues el día correcto, lo que de verdad debe importarnos es que Jesús con su predica de amor cambio el curso de los tiempos, que trazo rutas ideales que son hoy día el único consuelo para hallar paz en esta tribulada humanidad.

Por ello más importante que las guirnaldas y sus colores, el bullicio inclemente, el consumismo despiadado que convierte hombres y mujeres en guiñapos humanos es la relación que podamos cultivar con el altísimo y la fortaleza que estos días nos aporten, que al festejar la fecha con que la humanidad ha fijado el nacimiento de Cristo y que en el almanaque nos acerca al fin del año podamos hacer una balance exhaustivo en nuestros logros y desaciertos y que al gozarnos en el nacimiento glorioso reflexionemos en lo que hicimos y lo que no pudimos hacer, que la aspiración de ser buenos nunca decaiga en nosotros así como tampoco la necesidad de ser para los otros lo mismo que somos para nosotros mismos y que al levantar nuestros ojos para dar gracias no por la fecha de su nacimiento sino por su nacimiento en si mismo porque ese acontecimiento libro al hombre de su condición de esclavo y que sean las noches de la navidad un momento para la reflexión, para la reunión de familias, para el encuentro con los amigos, para celebrar la proximidad de una vida mejor, un tiempo para el perdón ¡y que haya paz para todos!