Transición presidencial

Por Carlos Luis Baron viernes 29 de junio, 2012

La transición es extremadamente larga en la República Dominicana. En las próximas reformas Constitucionales debe ser acortada. Proponemos que entre la elección de un Presidente y su juramentación y puesta de posesión, pasen quince días o dos semanas.

Desde que un líder aspira a la Presidencia de la República con miras a ganar, tiene en su libreta los nombres de los que serán sus ministros y sus principales colaboradores, de ahí que no necesite un tiempo extra para rebuscar designaciones.

Por suerte, ahora estamos en una transición de paz, entre un presidente actual y un presidente entrante que son del mismo partido, y los cuales son compañeros desde hace muchos años.

Es una transición en tranquilidad y confianza de que continuará sin ningun tropiezo el regimen de libertades que hay en la República Dominicana. De ello todos debemos estar seguros.

Pero abogamos que cuando se hagan reformas Constitucionales, se ponga que el Presidente electo debe ser posesionado dos semanas después de ser declarado ganador.

No hay inconvenientes si hay primera o segunda vuelta, porque ello lo puede determinar el legislador en el papel, y de esa forma dar segura continuidd del modo más rápido.

El período largo de transición puede ocasionar inconvenientes cuando el presidente en acción pertenece a un partido distinto del electo. Hay choques de poderes e intromisión en trabajos y búsqueda de datos que se prolongan por tiempo eterno.

En consecuencia, hay que seguir el ejemplo de los países desarrollados, donde en cuestión de semanas es juramentado el nuevo Presidente. Pasa en Francia, los Estados Unidos, y en todas las naciones Europeas.

La institucionalidad dominicana es prácticamente nueva. Proviene desde la muerte de Trujillo y hay juristas que apuntan que comienza con el Gobierno de Don Antonio Guzmán Fernández, luego de los doce años de Balaguer.

Con los sistemas modernos de cómputos, la Junta Central Electoral está en capacidad de en 24 horas tener al ganador de las elecciones, y agilizando los papeles, en varios días todo está listo. Entonces no hay razón para un alargamiento anti-histórico.

Desde luego este tema no se puede festinar. Estamos lanzando una idea para el debate. Cualquier cambio en la transición debe ser aprobado en una reforma constitucional, donde participen todos los sectores de la vida nacional.

Es el camino de ir fortaleciendo la institucionalidad nacional.