Trujillo: la hidra

Por Carlos Luis Baron viernes 1 de junio, 2012

Rafael Leonidas Trujillo Molina estuvo bien muerto. A los dictadores sólo les queda un camino, el exilio o la muerte. Trujillo logró sobrevivir, porque se le puso borrón y cuenta nueva a su régimen, y pena capital al despojos tirado en la parte oscura de un automóvil. Un régimen de gobierno, no es un hombre. Una dictadura tiene una cara visible, pero no es un gendarme solitario. Una era de gobierno, buena o mala, no es el capricho de un Tonto de la Colina, sino una expresión social de un determinado grupo de ciudadanos.

Jesús no fue un tonto de la colina, como decían los Beatles, sino el hombre que revolucionó el mundo, y Trujillo no fue la negación rotunda de la dominicanidad, sino parte de un ente social, y el sueño de primavera del malestar de capas sociales irredentas, que vendieron su libertad, a cambio de un irreal rompimiento de cadenas.

Una parte de la sociedad tiene que apoyar y dar impulso a un gobierno, o éste se cae como un castillo de naipes. La revolución francesa, contó con el apoyo de una parte de los sectores sociales, pero la destronada monarquía también tenía sus seguidores.

El rey y los revolucionarios fueron guillotinados, pero el viejo y el nuevo orden se adhirieron al corso que mezcló a las dos Francia. Con el correr del tiempo, la revolución y la monarquía pasaron a ser piezas de museo y fue un militar, con ínfulas de nuevo emperador, el que se hizo cargo del sable, sobre un caballo blanco.

La dictadura de Trujillo no fue el mero capricho de un hombre, de un sanguinario, de un déspota, sino una expresión fiel y contundente de una época de la historia dominicana.

De ahí, que la decapitación de Trujillo, fue la muerte de un hombre, pero no de su sistema. La era de Trujillo no murió con el Benefector, sino que se coló en la sociedad dominicana, y se incrustró en los nuevos espacios políticos y sociales.

Trujillo estuvo bien muerto. A los dictadores sólo les queda un camino, el exilio o la muerte. Trujillo no iba a coger exilio. Ahora, su regimen de 30 años quedó vivo e intocable,.

El nuevo liderazgo político nacional salió de esas filas del trujillismo, y con el borrón y cuenta nueva encima, se fue metiendo en la sociedad, hasta llegar a nuestros días.

En un plano sociológico, si se hubiera cortado de raíz a la tiranía Trujillista, los héroes e impulsores de la revolución de Abril hubieran sido otros. Ese es un solo ejemplo.

Fue la élite de las Fuerzas Armadas trujillistas, sus oficiales jovenes y allegados con lazos de familiaridad a la fuerza de sustentación militar de ese régimen, los que hicieron posible la guerra Patria.

De ambos lados. De San Isidro y constitucionalista. Si esas Fuerzas Armadas hubieran sido depuradas a la caída del tirano, el acontecer nacional habría cambiado de imagen y de metas.

El reciclaje político de una dictadura es posible cuando el germen vivo del régimen es intocable, y las partes sociales con pretederminación sólo tratan de orientar su rumbo personal y no social.

Trujillo surgió de la desesperanza del pueblo, del hambre, de la miseria, de la opresión, de la división social. Se vendió como el salvador de esa mayoría expoliada por los grandes terretenientes, por los comisionistas, por los de sangre azul. Levantó falsas esperanza, pero la carne de fango no busca realidades, sino un espejismo al que aferrarse.

Trujillo ni fue, ni ha sido superado, en la realidad de la sociedad dominicana, ni de ayer ni de hoy. Y no es superado, porque su regimen no fue exterminado, sino que se mezcló con los protagonistas de los nuevos acontecimientos.

En vez de ser un hombre de bicornios y botas, se transformó en un arquetipo de acción, en la corrupción, en el crimen de Estado, en la deriva de la nave de las esperanzas.

Tenemos que matar a Trujillo. Su fantasma está vivo, porque su régimen no se sepultó. El 30 de Mayo sólo se eliminó una de las cabezas de la hidra.