Un antro llamado “La góndola”

Por Carlos Luis Baron jueves 5 de julio, 2012

Nueva York.-Dos sucesos ocurridos en República Dominicana, operaron en mi siquis cierto regresionismo, porque, sin quererlo, me remontaron a los aciagos años de mi mocedad cuando fui encerrado en la Penitenciaria Nacional de la Victoria y hube de conocer un nicho de perversiones denominado “La góndola”; en el nefasto régimen que encabezó, Joaquín Balaguer.

Los recientes acontecimientos de Salcedo, en el que un joven, ya, casi moribundo, con una bala alojada en el estómago fue maltratado y golpeado por militares que portaban armas largas, hasta que finalmente murió y anterior a ese hecho, el haber recibido la noticia de que murió el médico y exdirigente emepedeísta Roberto Félix Batista, aunque no son hechos precisamente similares; me hicieron rememorar mi paso, por las ergástulas de La Victoria.

Lo del joven abusado y asesinado en Salcedo, me perturbó porque recordé cuando se me golpeó salvajemente, mientras manaba profusa sangre de mi cabeza y era conducido al Palacio de La Policía Nacional; al de Justicia de Ciudad Nueva y, posteriormente, al penal de La Victoria, en el poblado del mismo nombre.

Recuerdo que mi compañero de celda, la número ocho, la de los políticos en aquella época, Félix Batista, oriundo de Barahona, junto a otros izquierdistas, evitó que otros presidiarios con serios prontuarios delincuenciales; me violaran en un camastro que realmente era un antro de corrupción. Durante el gobierno de Balaguer, muchos menores fueron abusados sexualmente y, algunos, forzosamente, cayeron en el homosexualismo.

El que oye el término de “la góndola”, lo asocia con las naves que surcan los canales venecianos, donde se han tejido decenas de leyendas de enamorados que se pasean en el interior de esas ligeras embarcaciones, o cuando no, piensan en aquella canción que hizo famosa el cantante Charlles Aznavour…Una góndola va/cobijando un amor/ el que yo te entregué/ dime tú dónde está. Así dice una estrofa de una de mis melodías favoritas: “Venecia sin ti”.

Pero nada de eso, en este caso, “la góndola” era una doble camilla de hierro, cubierta con un cortinaje, en donde los depravados que cumplían largas condenas en el referido centro carcelario, a punta de cuchillo, violaban sexualmente, a otros reclusos. O usted se dejaba violar o lo herían o quitaban la vida.

Mi historia es bien extensa, pero trataré de sintetizar. Recuerdo que uno de los reclusos comunes me llamó e inquirió, -¿tú eres fernandito el hijo de Doña Juana? Claro que hube de responder que sí, siendo un ingenuo mozalbete y encerrado en el penal de La Victoria.

El individuo, que aparentemente era un hombre sensato me habló de Villa Francisca, Borojol; de mi hermano mayor y el único de madre, y hasta sabía en el liceo que estudiaba y que cursaba el segundo teórico. Con estas precisiones, uno diría que este sujeto conoce bien a uno, sobre todo, cuando insistía en decir que visitaba esos barrios.

No sólo eso, el hombre me dijo que podía dormir ahí, señalándome la cama con un muy mullido colchón y hasta me ofreció de comer. Claro, el individuo había indagado sobre mis generales, quién era; ese era el anzuelo. Mi compañero de celda, Roberto, entonces con más edad y mucho más avispado que yo, me alertó; me llevó de regreso a la celda junto a los demás reclusos izquierdistas, entre los que figuraban los hermanos Aristy, y me explicó a que me exponía, si me dejaba engatusar por aquel delincuente.

Aunque no llegué a ser víctima de violación sexual, esta historia, podría edificar a los revolucionarios e inquietos jóvenes de ahora. Porque dudo mucho que, en estos momentos y por la naturaleza de la actual gestión gubernamental; no se puedan repetir esos hechos. Maltratar y encerrar a los menores, y exponerlos a tan horrendos abusos.

El autor es periodista directivo del CDP en Nueva York, donde reside