Un cura, un guardia y un amigo en Codetel

Por Carlos Luis Baron viernes 23 de marzo, 2012

Freddy Beras Goico solía resaltar la excelente gestión de relaciones públicas que hizo Celso Thompson en Codetel, hace alrededor de un cuarto de siglo, rememorando cómo en uno de sus programas de televisión al hacer un concurso preguntando quién inventó el teléfono innumerables despistados llamaban diciendo: “¡Celso Thompson!”. El propio don Celso, cuya bonhomía era proverbial, a su vez recordaba cómo otro funcionario de la antigua Codetel, en la época en que comenzó la competencia entre más de una empresa de telecomunicaciones, solía relajar diciendo “este sería el mejor negocio del mundo ¡si los clientes no zuñeran tanto!”.

En una época un chin más lejana, el humorista Cuquín Victoria dijo por televisión una frase que quizás ni él recuerde, pero que se me grabó poderosamente: “En este país para ser feliz y sentirse protegido, hay que tener de amigo a un cura, a un guardia y ¡a un empleado de Codetel!”. Antes de que la expansión de las telecomunicaciones motivara la entrada de nuevos prestadores de servicios, conseguir que atendieran a uno en la compañía de teléfonos era una odisea.

Estos recuerdos me vienen a la mente porque por dos veces corridas mis artículos de martes y viernes en este periódico Hoy no fueron publicados. El viernes pasado, una avería que me dejó sin Internet me impidió enviar mi columna a tiempo. Y este martes, gracias a otro “apagoncito” de Internet, no pude avisar al periódico que podían usar el artículo enviado días antes.

Pero comoquiera mi opinión expresada por televisión y por otros diarios digitales, sobre la calamidad del mal servicio, junto con llamadas telefónicas implorando piedad a antiguos amigos que aún trabajan allá, provocó algo inusitado. Ahora llaman casi cada media hora preguntando cómo está el servicio (¡sigue pésimo!); en un solo día dos equipos de la propia Claro (¡no contratistas!) pasaron horas “investigando” todos los alambres en casa. Encontraron innumerables “macos” que dizque corrigieron, pero no…

Que un proveedor de servicios de telecomunicaciones haga su mejor esfuerzo por cumplir sus obligaciones contractuales quizás no merezca ningún agradecimiento. A mí sinceramente me apena mucho que tanta atención sea dada a quien puede quejarse públicamente, pues imagino el tortol de los que no pueden expresar sus quejas.

Ojalá quede atrás la necesidad de amigos en Codetel. (¡¿Pueden creer que amanecí sin cable ni teléfono en casa!?). ¡Oh Claro!