Un grito, ante lo marcadamente ancilar

Por Carlos Luis Baron lunes 18 de junio, 2012

Nueva York.-Hay que estar bien abocinado para obviar y no lamentar la reciente muerte de cuatro vidas jóvenes asesinados por fuerzas represivas y opresivas, en el municipio de Salcedo. Bien sabemos que el periodismo, ejercido limpiamente, no deja pingües beneficios, pero ante estos hechos, no se pueden defender las acciones del gobierno a capa y espada.

Pero tal parece que, en este caso, para algunos periodistas respetados y respetables alguna vez como colegas; la “capa” son los poderes que otorga el cubrirse con el gobierno, y la “espada”, los dineros que se devengan por defender lo indefendible. Ciertamente, hay escritos que a todas luces resultan imprudentes y antitácticos.

Que se culpe a un partido de auspiciar los enfrentamientos suscitados en Salcedo, en la provincia Hermanas Mirabal, es una cosa; pero sobreponer esos argumentos a la pérdida de cuatro vidas con violencia policial y militar que creíamos desaparecidas, es sencillamente espantoso; es una práctica tan abyecta que apunta a lo marcadamente ancilar.

Hay que haber sido siempre un farsante o no haber recibido nunca un pellizco ni un empellón de manos de los todavía sempiternos abusadores al servicio de un Estado que diezman a nuestros ciudadanos. Estos desaciertos, nos envían el funesto mensaje de que en República Dominicana ha mermado sensiblemente, el periodismo de denuncia e informaciones constructivas.

El que escribe este artículo, quedó marcado, cuando en su adolescencia fue golpeado inmisericordemente por esbirros al servicio del gobierno que encabezó Joaquín Balaguer.

Cuando vimos que un joven aún mal herido y sangrando fue obligado a caminar y maltratado por un contingente militar en Salcedo; recordamos aquellos momentos en que fuimos severamente golpeados y tratados de forma similar, aunque en otras circunstancias.

Sin quererlo, observando los episodios abusivos en esa comunidad, también recordamos como un amigo universitario resultó asfixiado, luego de la detonación de una bomba lacrimógena, en el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). El desaparecido amigo, contemporáneo en materia de estudios, apellidado Mateo y Mateo, pereció en el correr los aciagos años de los 70’.

Ahora a décadas de esa fatalidad, ocurre algo peor, una joven embarazada murió en iguales circunstancias. Pero se perdieron dos vidas con un sólo atropello.

Aunque no estamos de acuerdo con el accionar de ninguno de los gobiernos que hasta ahora nos han gobernado luego del ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo, defendemos el derecho que tiene cualquier periodista o comunicador de defender cualesquiera de estas parcelas partidarias.

Pero de ahí a defender al gobierno por politiquerías de la más baja laya, cuasi obviando estas muertes, sin antes hacer un llamado a la moderación por parte del gobierno y las autoridades; es sencillamente insólito y sobrecogedor.

El autor es periodista directivo del CDP en Nueva York, donde reside