Un líder con los pies de barro

Por Carlos Luis Baron sábado 28 de enero, 2012

Cosas que parecen ridículas, en determinados contextos pueden devenir en interesantes y útiles. Y si como dice un antiguo refrán que “para muestra basta un botón” obsérvese la particularidad del microclima que conforma el capullón de algún candidato presidencial que al abrigo de su fuerte personalidad no admite críticas ni disensos.

Desde esa actitud dominante el Jefe sólo admitirá estar rodeado de sectas que no pueden o no se atreven a discernir entre el acierto y el error por tener claro y asumido que su deber primordial es el de aplaudir incondicionalmente.

Esa mezcla de miedo y admiración les impide comprender, filtrar y procesar lo que quiere la gente común.

La mala memoria histórica que se infiere de la campaña argumental impulsora de la candidatura de Hipólito Mejía les lleva a reiterar comportamientos del pasado al asumir la misma representación de la federación de grupos (PPH – PRD). Otra vez tratan de imponer esa retórica consistente en hacer todo tipo de ofertas, promesas e ilusionismos sin fundamento, que vistos hoy, desde una perspectiva histórica, inevitablemente caen en el ridículo.

Su entorno, que por aquella época lo ensalzaba como el nuevo líder del país, ahora ingenuamente se repite creyendo que la gente que antes se entusiasmaba con sus intervenciones volverá a caer en lo que la verdad histórica demostró que en la práctica era solo una ficción.

De poco le sirvió percatarse de la verdad cuando sufrió una caída tan espectacular como su triunfo, pareciendo no haber aprendido nada de sus errores.

Actualmente, la estrategia de su campaña depende de los mismos círculos de incondicionales que, con el fin de ocupar una posición en un hipotético futuro gobierno, celebran todo lo que el candidato habla y a su vez tratan de que el pueblo se haga eco de sus repetitivas declaraciones.

Estos señores no se han dado cuenta que ya pasó la época de los líderes autócratas a quienes nadie podía cuestionar y creen en cambio que, como ellos, la gente común vive de la política y se comunica en sus propios códigos.

Afortunadamente esto ya no es así porque la traumática experiencia que tienen las dominicanas y dominicanos de la administración de ese señor es suficiente para ilustrar que las promesas sin sustancia son inviables para mejorar las condiciones de vida del pueblo.

Pocos son los que creen que Mejía cumpla con sus ofertas o en el juego que a su alrededor fingen sus compromisarios. Al igual que en la fábula, los cortesanos no se atreven a decirle al rey que está desfilando desnudo y que la gente se ríe de él, que no mire la política desde los ojos inflamados de sus seguidores o desde la perspectiva interesada de quienes aspiran a ser funcionarios, sino desde la óptica de la gente común.

Se viene encendiendo para Mejía y su entorno la luz titilante del abismo sin retorno y el cambio radical del humor social.

Y no es que lo diga yo. Surge de los últimos estudios realizados por las consultoras de mayor trayectoria y experiencia empírica que garantizan la seriedad de lo que no en vano el gran GALLUP, padre de las encuestas de opinión, llamó “el pulso de la democracia”

Y ASÍ SERÁ.