Un mal enfoque

Por El Nuevo Diario miércoles 21 de marzo, 2012

He visto con pesar, como las cifras de muertes de mujeres a manos de su pareja no cesan, y junto a los decesos innecesarios crece el número de huérfanos sin un debido cuidado psicológico y económico tras la tragedia, porque en la mayoría de los casos, el agresor se suicida.

El Ministerio de la Mujer junto a otros organismos, entre ellos las fiscalías, asumen tímidamente una campaña que no llega a la raíz del asunto social tan complejo que nos arropa.

Veo pocas campañas de sensibilización sobre el tema en los distintos medios de comunicación, y lo poco que hay no dice nada: solo invita a unirse a una jornada contra la no violencia hacia a la mujer.

Las autoridades no han sabido enfocar bien el tema, solo hablan de aumento de penas, de prevención, pero ahí se quedan… en declaraciones y promesas de acabar con el mal, un problema que radica en las entrañas del hogar y que debe enfocarse de manera integral para reducirlo.

Es fácil hablar y prometer, y decir que tenemos la solución.

Desde que tengo uso de razón, recuerdo que en casa a los hombres les era prohibido agarrar una escoba o hacer alguna tarea que redujera su hombría ante los ojos de los terceros: eso debe cambiar.

Un mal enfoque se ha dado a la orientación de un problema que atañe a todos, principalmente a los progenitores; a los que crían, que en definitiva también deben asumir que deben cambiar la metodología de formación de sus hijos y nietos.

Hay que reducir la dosis de machismo que se inyecta en el hogar; mamá y papá deben enseñar que las tareas del hogar deben dividirse en igual proporción y que ninguna disminuirá la condición o género del que la ejecute.

Hay que enseñar a mamá y papá, así como también a los maestros de escuelas, que “el subdesarrollo mental debe evolucionar y dejar de avalar ideas tan absurdas como esa que celebra que el hombre es más hombre por tener varias parejas, cuando la realidad es que con dicha acción se irrespeta él y a la sociedad misma.

Las autoridades deben ir un poco más allá, adentrarse en los barrios y en las escuelas, porque el tema radica profundamente en la formación y la educación deficiente que impera tanto en los hogares como en los centros de estudios.

No enfoquemos el problema directamente en una campaña hacia la mujer, cuando debemos empeñarnos más en dirigirla hacia los hombres, que no han sido orientados sobre cómo asumir el hecho de que algo acaba y que debe aceptarlo con respeto y dejarlo ir.

Enfoquemos la solución hacia el mal real: la educación y concientización hacia el hombre mal orientado que debe aprender que el derecho de amar y dejar de amar es de todos.