Un presidente auténtico

Por Carlos Luis Baron viernes 21 de diciembre, 2012

Para los que llevamos años siguiendo al actual Presidente Danilo Medina en nada nos sorprende la forma en que viene marcando su estilo de gobernar: sencillo, coloquial y directo. No hay nada ensayado. No hay poses, no hay parafernalias, es más, ni siquiera ruido. En otras palabras, el Presidente es el mismo de siempre. Es un estilo -como ha dicho su jefe de prensa-: “frugal”. Pero es más que eso, es la continuación sin disimulos ni ínfulas de su invariable autenticidad como ciudadano y dirigente político; sólo que ahora su rol ha cambiado: ¡es el Presidente de todos!

Siempre ha sido así: directo y coloquial, pero agudo y atento. Nada de zigzagueos ni de verdades a medias. No transige con la mentira ni la simulación. Prefiere al sincero y directo. Pierde su tiempo el que osa entretenerlo con cuentos y excusas. Y más ahora que no tiene tiempo para improvisaciones ni adivinanzas.

Es un Presidente curtido en el trato in situ, por ello conoce -como dice el refrán- “al cojo sentado y al ciego durmiendo”, o como guardia viejo que “con un ojo repasa y con el otro lee”.

Con él, en la jefatura del Estado, el país aprenderá a disciplinarse y a organizarse. Y mejor: los funcionarios y burócratas a ceñirse al programa y al librito. O como en la sociedad japonesa, para lograr resultados, “al clavo que sobresale se le da el martillazo”. Es decir, que hay un director de orquesta y una partitura; y el que desafina, no toca más. Así de sencillo.

Pero lo infinitamente superior de este gobierno es que la agenda social -mil veces pospuesta- es el centro programático y el eje transversal de las prioridades que son: los ciudadanos y su entorno geográfico, cultural, laboral, educativo, ambiental, sanitario y potencialidades de desarrollo.

Y no hay forma de variar ni de torcer el pulso del capitán que conduce la nave, pues está convencido e imbuido, por formación y compromiso, de que no llegará a puerto si se detiene a escullar lloros y lamentos, o peor, a complacer intrascendencias individuales.

El que lo apoyó a ningún precio, sabe que su agenda es sólo una: el país, la patria, la nación. Lo demás, puede esperar…

O acaso, ¿no fue eso lo que ofertamos?.