Un tema de, ¡muy alta reflexión!: Los trasplantes de órganos

Por Carlos Luis Baron lunes 12 de marzo, 2012

Según han sostenido, y plasmado por demás en muchas de sus obras, los grandes maestros de la sabiduría, tanto del lejano pasado, muy antiguo, como de tiempos no tan remotos, hablando siempre en el contexto de la espiritualidad esoterista, no de la religiosidad convencional, el espíritu inmortal que mora en el interior de todo ser humano sobre la faz del planeta Tierra, ingresa y sale del mismo de manera recurrente (encarna en un cuerpo físico, se ausenta transitoriamente, y luego reencarna de nuevo). Utiliza el hombre terrestre, que tiene un propósito generalizado: servir como medio de manifestación en el plano de la materia, a la Divinidad Suprema, el Padre en los Cielos, ¡El cuerpo del hombre es templo del Espíritu Santo!, según las Sagradas Escrituras.

Sostienen aquellos que, todo espíritu encarnado en expresión terrenal, está sujeto a un total proceso evolutivo – expansión de la Conciencia Divina necesaria -, al descender hasta el plano de materialidad más denso e inferior del conjunto existente, considerado como la principal escuela para aprender y conquistar en ese orden, la Tierra, repetimos.

Que además, todo se lleva a cabo tras una máscara siempre, denominada personalidad o ego inferior, que es la que al final se debe matar por completo a través de la crucifixión, ejemplificada por el amado maestro Jesús durante su ministerio sobre los predios físicos terrenales, cuando actuó como el Cristo, la Conciencia Misma del Padre Supremo, en expresión.

En ese sentido, los viajes transitorios hacia el plano terrenal, que comúnmente denominan vida – subsistencia física humana -, siempre están dispuestos en base a una corriente presupuestada de antemano por al Divinidad Suprema, y sus auxiliares encomendados, según lo que se deba “Manifestar” en cada lapso de tiempo (edad cronológica), y las cargas kármicas seleccionadas y aceptadas para intentar conquistar durante el mismo – parte del llamado libre albedrío, también relativo (génesis condicionada) -; por lo que, nada de cuanto ocurra a las personas durante su estadía aquí, “es casual, sino que todo es causal”.

Luego, tomando en consideración las particularidades: física, emocional y mental dispuestas previamente para cada ser humano, según los propósitos individuales que se tengan, en términos de lo ya expresado; y, las diversas economías corporales diseñadas con características muy propias en cada caso, codificadas en el famoso “genoma humano”, hoy en vía de estudios y desciframientos por parte de la ciencia convencional, es evidente que son aspectos que invitan a reflexionar seriamente, en el sentido de la conveniencia o no de los “trasplantes de órganos” a nivel de la gente, a los fines de no interferir con la evolución espiritual inherente a cada Atributo divino, aquí representante del Padre Supremo, sólo como mero actor, en la “Gran Obra Divina”, de su manifestación terrenal en curso.

Claro que, la ponderación debe ser hecha frente a la prolongación de la subsistencia física que se pudiera derivar de los trasplantes orgánicos que a nivel humano se verifiquen, y del retraso posible, en cuanto a la evolución espiritual a cargo, propiamente se refiere.

Por tanto, la extensa pregunta obligada debería ser, ¿qué se reportaría como mejor, el continuar viviendo físicamente a partir de la utilización de órganos corporales ajenos; o, supeditarse conforme a lo dispuesto para cada corriente de vida en particular; de forma tal que, el proceso evolutivo en el orden de lo que se trata, no se vea interferido por la voluntad expresa de los hombres, marginando la Superior Divina?

Ahí está la gran interrogante que todos debemos hacernos, cuya respuesta altamente concienciada, ¡es la que debe guiar a la acción humana decisoria que se adopte!, en cuanto a la cuestión se refiere.

Esa temática tan compleja, más aun cuando se aborda en el marco absoluto de la mente humana, viene a colación a raíz de un trabajo publicado por Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio, bajo el título “Donar órganos”, en la edición de fecha 9-3-12, del periódico “Listín Diario”, en ocasión de celebrarse “El Día Internacional del Riñón”, que es uno de los componentes biológicos humanos más sujeto a ser cambiado en la práctica médica moderna.

Según expuso el susodicho prelado católico, “Los dominicanos estamos aprendiendo poco a poco a donar órganos, y hemos de lograr que se torne una cultura, es decir, que cuantas personas se acercan a mí y dicen”: “Si no me donan un riñón, voy a morir”.

“Por eso, proclamamos por todas partes: ¡donemos órganos!, busquemos nosotros en nuestro testamento dejar escrito, de alguna manera, manifestar nuestro deseo, de si hay posibilidad de que después de nuestra muerte nuestros órganos puedan ser útiles para dar vida a alguien, así lo podamos hacer.”

Se puede notar a partir de esas expresiones que, Mons. Benito de la Rosa y Carpio, acepta, la concibe como beneficiosa, y desde luego, comparte el promover dicha práctica médica, pareceres que respetamos; pero que, en nuestra humilde opinión, lucen algo distanciados de los profundos conocimientos esotéricos espirituales que suponemos él debe de tener, en su condición de alto eclesiástico, aun sea católico. Esto último, por la poca trascendencia que tienen muchas de las informaciones de que disponen esos guías espirituales, hacia las feligresías que están dentro de su organización, debido a las normas dispuestas por la jerarquía correspondiente, entendemos.

De ahí nos surgió la idea de escribir sobre el tema; pues para nadie es un secreto que, para alcanzar ese nivel dentro de la Iglesia Católica se tienen que cursar muy altos estudios; y no sólo los comunes teológicos propiamente, como algunos creen, sino que van más allá de los simples conocimientos religiosos convencionales, y trascendentes por supuesto.

Lo sacerdotes en su mayoría, están en capacidad de asimilar informaciones divinas de alto rango – esoterismo profundo -, y de lidiar con situaciones bien complejas en todos los sentidos, aunque por regular, esa aptitud no se externa hacia el común de la gente que les sigue.

Por lo tanto, como que resulta algo extraña una opinión así hecha pública, aceptando los trasplantes de órganos humanos que, aunque beneficiosos en términos físico-corporales se puede decir, es evidente que también podrían producir posibles efectos retardatarios, en términos de la evolución espiritual requerida por parte de los hombres, como Atributos divinos encarnados, según las enseñanzas esotéricas; información que por igual, debe ser del dominio de todos los sacerdotes, en razón de sus amplios y altos estudios a cargo, repetimos; preparación esa que, no sólo permitiría aseverar de forma absoluta, aduciendo en base a una vertiente única, sino también hablar sobre la otra. Fuera preferible referirse a ambas, para una edificación más completa y sustentatoria, en cuanto a las decisiones necesarias sobre el particular.

Pero al mismo tiempo, promover de esa manera – priorizando sólo lo físico -, la adopción de una cultura en torno a esa temática tan inescrutable para el grueso generalizado de la humanidad, aunque para los maestros de la sabiduría, y los grandes sacerdotes, ¡no!, reiteramos, induce a preguntase, ¿por qué hacerlo así?, en todos aquellos que hemos tenido la oportunidad de investigar y de edificarnos un poco sobre ese asunto.

La otra parte que mueve a reflexión particularizada es que, también, habría que ponerse a pensar sobre las amplias posibilidades de hacer grandes negocios económicos que se abrirían a partir de esa actitud humana, que bien pudiera considerarse como altruista; pero, con riesgo de resultar afectada en términos de administración y dirección efectiva, en sociedades escasas de controles en todos los órdenes, como lo es en el caso nuestro, verbigracia.

¡Nuestro respeto y bendiciones hacia usted, Monseñor!