Una bomba de tiempo al estallar: Impuestos-deuda externa

Por Carlos Luis Baron miércoles 18 de julio, 2012

Los políticos de nuevo cuño se están durmiendo en sus laureles de poder; y olvidan que, cuando los pueblos se “revoltean”, lo hacen de muy mala manera; no reparan en las represiones estatales, fuerzas de choque, o ejercito alguno. Ahí, ¡sí en verdad que se va pa’lante!

En los últimos tiempos, los gobiernos encabezados por los políticos acuñados a lo moderno, comerciantes e inversionistas en su mayoría, que logran hacer muy buenos negocios dentro de esa disciplina, caracterizada en el presente por el flagelo de la corrupción administrativa estatal, todo lo quieren resolver por las vías más fáciles: las abusivas cargas impositivas a las que someten a los pueblos, como al uso de las ventanillas ofertadas para los empréstitos, que alegremente ofrecen los organismos internacionales de financiamiento, administradores de los excedentes de capital que acumulan las grandes potencias mundiales, entre otras alternativas.

Préstamos con el exterior, y la creación de nuevos impuestos fundamentalmente, constituyen la mutual por excelencia en el “accionar”, o quehacer gubernamental presente; con tributos por una parte, que no son reciprocados con las poblaciones en la mayoría de los casos, en términos de los servicios y compensaciones directas que las mismas requieren. De igual forma se tienen, por el otro lado, las hipotecas condicionadas de las soberanías nacionales, con un alto nivel de injerencismo internacional.

Son los pobres pueblos los que al final tienen que pagar todos los platos rotos, y aceptar ser pisoteados por los prestamistas de ultramar, que amén de usarlos como mercados para la colocación de los grandes capitales extranjeros, también tienen que estar dispuestos a sacrificarse, pagando impuestos fiscales, para cubrir los gastos por concepto de los intereses que generan los adeudos. Y, cuando no también, honrar las amortizaciones de capital convenidas.

En nuestro país por ejemplo, esas son las dos herramientas cuyo uso más se estila, para cubrir gastos estatales de todo tipo. Vemos que, pasada recientemente una campaña electoral, con un despilfarro de recursos económicos alarmante por parte de los partidos políticos nuestros, subvencionada casi en su totalidad por el Estado dominicano, con principalía en el oficial gobernante, se tenía en carpeta, desde muy antes de concluir ese proceso, una nueva reforma fiscal, para sacarle a la ciudadanía de las costillas todos los cuartos que se gastaran en los proselitismos costosísimos acostumbrados, y que procedía utilizarlos en otros asuntos. Claro, ahora hay que introducir los disfraces acomodaticios de lugar, para tales fines.

Pero además, el festival congresual de la aprobación de préstamos con el exterior ha seguido viento en popa, a pesar de que el país se encuentra en el llamado período de transición para un cambio de autoridades. ¡A seguir cogiendo préstamos, que otros pagarán!

Luego, con esa carga tributaria actual, que pende en su mayor porcentaje sobre la cabeza de la parte más pobre de la sociedad dominicana, que está dividida en: ricos políticos corruptos, sectores de poder económico avasallante, y una extensa mayoría ciudadana depauperada, el estallar de una poblada de grandes proporciones no estaría tan lejos, de continuarse por los mismos caminos.

Con tanta gente aquí extorsionada, en el pago de servicios vitales, como lo es en el caso de la energía eléctrica, por ejemplo; pagando abusivos precios por los combustibles que se requieren; sin coberturas suficientes en las prestaciones por asistencia de salud; como, desamparada en términos de seguridad ciudadana, entre otras cosas, aquí estamos viviendo sobre un barril de pólvora, con un detonante que sólo necesita ser accionado por alguien; que en cualquier momento podría explotar, si continúan con la creación, o el aumento de impuestos no reciprocados, cargando más aun a la población.

Que sigan los políticos modernos, incluidos los nuestros, recurriendo a esas dos fuentes de recursos, préstamos e impuestos, en busca de cuartos para resolver los problemas de los países, necesarios y superfluos, como los suyos por supuesto, que el golpe avisa; y no muy tardío en el tiempo, a nivel de las diferentes naciones. ¡La España actual, entre otros, es un buen referente a considerar!

Ya hemos estado viendo que, lo único que necesitan los llamados “indignados” que últimamente se han estado expresando en diferentes latitudes, con probabilidades de extenderse por todas parte, es la dirección efectiva de un verdadero líder cabecera, que los conduzca por los senderos reivindicativos en que deben dirigir sus pasos.

¡Ojo al Cristo, señores políticos, que las voces de los pueblos se parecen mucho a la de Dios!

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