Una buena educación para una mejor población

Por Carlos Luis Baron domingo 8 de julio, 2012

Con frecuencia, nos quejamos de que la corrupción se entroniza en todos los estamentos de la sociedad, que la violencia (y no solo contra nuestras mujeres) se ha convertido en el pan de cada y que el clientelismo es una práctica dañina. .Se culpa de estos males de nuestra sociedad, a la falta de inversión en la educación, a la displicencia de las autoridades y a la ineficiencia de nuestros cuerpos de policías.

Visto desde la perspectiva de las grandes limitaciones que acusa nuestro sistema educativo, de la periodicidad con que suceden los femenicidios, atracos y crímenes, así como de las prácticas clientelares de nuestros políticos y empresarios, parece totalmente cierto que estos son los únicos culpables.

Nuestros medios de comunicación, presentan la característica de la uniformidad, por cuanto se combinan para traernos cada día las mismas informaciones y con el mismo enfoque, contribuyendo a imponer criterios predeterminados que sobre los distintos temas tienen sus dueños o arrendatarios, en su mayoría asociados en algún negocio que les hace tener intereses comunes.

Así se han construido falsos paradigmas como lo que nos dicen que: “los choferes son los dueños del país”, cuando en realidad solo han tomado las calles creando un caos vial, con la complicidad de los verdaderos dueños del país quienes se hacen los chivos locos, pues mientras se fija la atención en los choferes a ellos nadie los enfoca.

Las balas disparadas por irresponsables, son” balas perdidas”, pues es más fácil calificarlas de “pérdidas” que eliminar las ventas de armas. Además mientras las balas que matan inocentes, sean “perdidas” no hay que identificar a los irresponsables que las disparan y así es mejor ya que no hay que hacer nada.

Los apagones se deben a “la falta de pago por parte de los usurarios” y no a un negocio de mafiosos que se hicieron contratos donde tanto la población como el estado estamos obligados a pagarles por un servicio que no nos brindan, porque lo que no se dice es que el mejor negocio es el de los apagones, ya que se cobran más caro que los circuitos veinticuatro horas, debido a que el subsidio eléctrico es, precisamente para pagarles la luz que a nadie dan y lo único que hacen es decir cuánto quieren cada vez.

Los atracos se deben “a la avaricia de quienes todo lo quieren fácil” y no a la exclusión social que provoca un injusto estado de cosas que reproduce la pobreza y promueve la desvergüenza, de tratar como honrado y distinguido a todo el que muestre solvencia económica y como delincuentes a los que no, independientemente de la manera que las hayan obtenido.

Y así nos presentan un largo rosario de mentiras que a fuerzas de repetírnoslas las aceptamos como verdades, ocultando las causas reales estos fenómenos sociales.

El funcionario, el policía, el empresario, el maestro, el político, el periodista, el cura y hasta el bombero corrupto se incubo muchos años atrás, cuando apenas tenía cinco o seis años, te cogía el sueño y al llegar tarde a la escuela le pedias decirle a la maestra, que un camión de la basura te retuvo veinte minutos o cuando te llamaban por teléfono y lo ponías a responder que no estabas estando. Allí se fundó a estas personas que hoy nos resultan despreciables.

¿Cuando fue sembrado el árbol del clientelismo? En el mismo instante que premiaste a tu hijo por hacer las tareas, llevándolo de paseo o comprándole el helado o ese juego que pedía. De niño se acostumbró a tener a derechos sin tener que cumplir sus deberes.

Cuando se combinan el político o al empresario corrupto con el poblador carente de todo, no puedes obtener otra relación que no sea clientelar. De manera que la cosa comenzó muy atrás y hoy que se expresa en el funcionario, el policía, el comunicador, el empresario, etc. porque les cambiamos la tabla de valores cuando eran niños y ahora son adultos y peor aun con poder.

El abusador que golpea a su mujer, a sus hijos y hasta a sus propios padres, es ese mismo niño al que ayer complacías en todo, sin que cumpliera con nada y se acostumbró a imponerse manipulando, chantajeando o reprimiendo, eso era lo que hacía cuando lloraba y tu cedías. Ahora tenemos monstruos y estamos asustados, pero no es tarde, pues la conducta humana se cambia mejorando la educación y no solo la formal, aplicando las reglas a los violadores sin excepción y sobre la base de hacer comprender con el ejemplo, que los derechos se ganan cumpliendo los deberes y de que las cosas serán mejores si nadie abusa, pero también si se castiga como se debe al abusador, aun solo sea tan solo con el desprecio de la sociedad.

Estamos a tiempo de hacer las cosas bien. De decirle a nuestros hijos que le digan a esa persona que nos llama, que le devolveremos luego. Si encaramos a la maestra frente a nuestros hijos diciéndole que nos cogió el sueño si aunque nos duela su llanto, explicamos a nuestros hijos que no habrá pizzas o helados porque ellos no cumplieron con sus deberes a tiempo.

Si nos detenemos a explicarles que la mentira daña a quienes más queremos y casi siempre a nosotros mismos. Si a nuestros varones enseñamos que es mejor abrazar que pegar y a nuestras niñas que nadie daña a quien ama.

Si nos fijamos mas en las cosas que nosotros mismos debemos corregir a lo que deben los demás, en poco tiempo tendremos una sociedad mejor que la de antes, porque ese político corrupto, ese policía, ese cartero, esa maestra, ese cura, ese empresario, esa periodista, son nuestros hijos, nuestros hermanos y nuestros compañeros de estudios.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.