Una fundación para el prójimo

Por El Nuevo Diario miércoles 6 de junio, 2012

Los barrios de Villa María y Mejoramiento Social le regalaron a la madre en su mejilla un beso y a su espíritu un canto, en su pecho colocaron un simbólico corazón de color rojo carmesí y a Dios le piden para que sigan siendo ejemplo de ternura y amor filial.

Al adulto, paciencia; al joven, una orientación y al niño, los libros para su educación.

Para el barrio paz, pan y trabajo, y justicia para quienes desde lejanas celdas imploran libertad.

Ardua es la lucha, tesonero es el esfuerzo, pero a la larga la recompensa será la satisfacción del deber cumplido.

La construcción de un barrio justo y humano, donde todos y todas tengamos el derecho de vivir como hermanos, es la sagrada aspiración de una institución, que desde abajo observa el resplandecer de un nuevo sol y visibiliza un norte promisorio.

La apuesta no es a un barrio perfecto, pero si al cambio de comportamiento, al compromiso y a la unidad.

Luchar por espacios de salud, educativos y recreativos para nuestros adultos, infancia y juventud es tarea de todos.

Nuestra utopía es ver a nuestros envejecientes sanos y a nuestros hombres y mujeres levantarse junto al alba en busca del sustento de los suyos.

Calles limpias, asfaltadas, libre de desechos, con sus casitas pintadas y con sus arboles reverdecientes, es el deseo ardiente de una entidad que vela y se desvela por el desarrollo de sus munícipes.

Creer en el prójimo para crecer en un ambiente de armonía, seguridad y solidaridad, es el sueño de una institución que hace realidad la misión de su existir.

La visión de una noble entidad llamada Fundación Villa María-Mejoramiento Social (Funvimameso), que, desde su horizonte cristaliza su praxis y con afán, tesón y ardor trabaja y lucha para que el barrio alcance la seis “C”: que lo hagan consciente, crítico, contemplativo, comunicativo, creativo y comprometido.

Demos gracias a Dios, a los hombres y a las mujeres de la Fundación Villa María, por hacernos felices y por convertirse en los encantadores jardineros que cada día riegan las flores de nuestros espíritus.