Una humilde sugerencia a la ministra de educacion o tal vez al honorable señor presidente.

Por El Nuevo Diario martes 21 de febrero, 2012

De la señora ministra de educación he oído elogios. Cuando fue designada estuve cerca de alguien que la conoce en el campo bastante bien y me aseguró las cualidades humanas y profesionales de la entonces flamante funcionaria.

No sé en que está embarcada en estos momentos, qué hará de diferente para ser diferente a todos aquellos que le han precedido. No, no lo sé.

Lo que si sé, es que todo parece indicar que grados más, grados menos, su gestión terminará al ritmo que lleva, sin diferenciarse mucho de sus antecesores y no porque tal vez ella no quiera tomar ventajas; sino tal vez, pienso yo, porque las estructuras funcionales del sistema educativo la atrapa, se gasta entre problemas y burocracia, no porque quiera, sino porque así discurren las cosas.

Quizás ya es hora de que el Ministerio de Educación se subdivida en lo que son sus funciones administrativas y sus funciones docentes; medio lo que pasó en Poder Judicial y la creación del Consejo del Poder Judicial con funciones que antes tenía la Suprema Corte de Justicia.

O quizás tomando el ejemplo que está pasando en muchos centros educativos privados en donde hay un Director administrativo y un Director Docente, este último no se distrae con cobros, pagos y esos asuntos, se concentra en lo que tiene que ver con la impartición de las clases, cumplimiento de programas y cosas por el estilo.

Pero mientras llega eso, le aconsejo si ella o él me lo permitiera, indagar sobre los conocimientos y la práctica docente de un hombre con la experiencia de los años, con una mente privilegiada, encendida, luminosa, vigente, actualizada, llamado Ángel Palacio.

Un hombre que ha vivido en la educación ¡y la vive! Un romántico enamorado de ella, un filósofo, un hombre que a pesar del encanto que tiene por la educación, mantiene los pies sobre la tierra, un hombre que con poco presupuesto haría magia con los resultados, capaz de salir de la “entelequia y caminar hacia utopías” que permitirían avances y desarrollo en el sistema.

Tal vez esta petición no debería ir a la ministra; sino al Presidente de la República, porque el calibre de Don Ángel es digno de de que lo tome en cuenta la primera figura de la Nación.

Escribe Don Ángel el las páginas 92 y 93 de una joya a la que le puso el nombre de Educar es mucho más (en el subtítulo el camino de la autonomía moral) lo siguiente:

“El hombre no es un resorte que responde a un estímulo. Entre el estímulo y la respuesta hay una pausa”.

“Educación moral quiere decir educar el razonamiento moral. La escuela debe enseñar el razonamiento moral”.

“La educación moral consiste en acompañar al menor (educando) en la toma de sus decisiones hasta que aprenda a tomarlas por si solo”.

“Acompañar al menor hasta ese lugar recóndito, hasta ese profundo hondón interior, donde se toman las decisiones humanas es una ciencia, un arte, un privilegio y también un deber, el que no tiene ese arte no debiera considerarse un educador”.

“Esta es la interpretación de educación como educare, sacar a caminar, acompañar al menor en el camino de la vida, porque estar educado es haber aprendido un camino”.

“Si pretendemos formar personas autónomas creativas críticas, cooperadoras y solidarias, tenemos que optar por un paradigma educativo diferente de los modelos convencionales actuales. Un modelo que fue influenciado por unas doctrinas psicológicas y filosóficas ancladas en el paradigma mecanicista adoptado por la ciencia durante mucho tiempo”.

“El asunto es enseñar a vivir bien, llegar al corazón del alumno. Acompañar al alumno hasta el fondo de si mismo, allí donde se toman las decisiones últimas. Acompañándolo de lejos y respetuosamente en el diálogo consigo mismo”.

“El sencillo yo infantil puede influirse pedagógicamente sólo por medio de una sutil regulación de sentimientos e impulsos: Cuando encima del yo se instala otro yo que contempla al primero sucede una importante escisión. Ahí se abre el camino de la educación para lo humano. Después una vez que el otro yo se ha manifestado ninguna conducción autoritaria desde el exterior surte efecto”.

Yo agrego lo que él mismo dice en otra parte de su libro; ha surgido la persona libre, inteligente y responsable.

Finalmente, recordarle que Don Ángel, aunque tiene más energía que cualquier joven de estos tiempos, lleva respetables años acumulados en su piel,aunque su mente es lúcida, brillante y preñada de magnificas ideas. ¿Cuánto le queda en esas condiciones? Es una incógnita, lo que es un axioma, es que si se le acercaran en estos momentos aportaría tanto, que muchas décadas posteriores a su partida seguirán, en el campo tratado, brillando intensamente .

Su libro está ahí, bien haría la ministra o los funcionarios educativos de primer orden procurar leerlo, yo estoy seguro se enamorarían de él como lo estoy yo y procurarían que cada maestro lo tuviera en su librero con la esperanza que lo lleven a su cerebro, su mente y corazón

Hasta la próxima.