¿Una procesión de Viernes Santo como atractivo turístico?

Por Gregory Castellanos Ruano miércoles 21 de marzo, 2012

Puerto Plata hasta 1975 fue una especie de sociedad semi-cerrada o prácticamente cuasi-blindada respecto de influencias extrañas al respeto a las costumbres católicas o religiosas propias de la Semana Santa.

Recuerdo que en mi época de niñez mi mamá me vestía y me obligaba a ir con élla el Viernes Santo a la procesión de la Iglesia Católica.

Una multitud enorme se iba congregando en los alrededores de dicha iglesia. Aquello era impresionante: era un tumulto gigantesco.

La Banda Municipal de Música estaba estacionada frente a la Casa Parroquial a la espera de que el cura diera la orden para los músicos comenzar a ejecutar marchas religiosas.

Sacaban una imagen de Jesúscristo cargando su cruz, la colocaban frente a dicha iglesia, venía un grupo vestido de capuchinos (=con el rostro cubierto totalmente por un gorro de tela terminado en punta o pico), levantaban la imagen en cuestión, salía el cura y la procesión daba comienzo.

Yo, un niño de unos cinco años y luego algo más, veía aquello con un miedo gigantesco, con terror, sobre todo cuando dirigía mi mirada hacia el grupo de los capuchinos.

Aquello representaba para mí algo que me causaba pánico y yo iba agarrado de las faldas de mi mamá (supongo que con los ojos desorbitados) y viendo hacia atrás a los capuchinos: !Qué miedo me causaba aquella escena!

Naturalmente: la explicación está en que sacar a un niño de esa edad de su ambiente natural de juegos con sus amiguitos e insertarlo intempestivamente en aquel ambiente de recogimiento y sin mi mamá explicarme absolutamente nada sobre todo aquello.

Recuerdo que el caminar de aquella multitud era lentísimo debido a los millares y millares de personas que iban unas detrás de las otras: parecíamos sardinas queriendo movernos dentro de una lata de sardina.

La procesión encabezada por el cura caminaba una ruta dentro del pueblo. Casi todo el pueblo de Puerto Plata, mejor, casi toda la Provincia de Puerto Plata estaba reunida allí.

La práctica de las vestimentas de los capuchinos y de sacar un altar con una representación de Cristo llevando la cruz evidentemente era un claro reflejo de la práctica española de las cofradías que se forman en España (sobre todo en Madrid) para desfilar con motivo del Viernes de Semana Santa.

Aquella influencia tremenda que la Iglesia Católica ejercía sobre la población puertoplateña empezó a cesar de una manera asombrosa a partir del referido año 1975.

¿Porqué a partir de 1975?

Porque la infraestructura turística creada por el Presidente Joaquín Balaguer y la entonces nueva carretera Navarrete-Puerto Plata permitiría que personas de otras partes del país se trasladasen a las playas de Puerto Plata.

Pero hubo algo que, dentro de ese contexto, fue el detonante que dio el impulso para que aquél panorama de recogimiento fuese cambiado casi absolutamente.

Una persona llamada Lupo de Lemos tuvo la visión (mi papá lo admiraba y decía que Lupo era un joven visionario con una capacidad tremenda para alcanzar a ver más allá del horizonte) de colocar afiches en todos los carros que salían de Puerto Plata promoviendo a Puerto Plata como destino turístico con motivo de la Semana Santa.

Fueron los volantes que transformaron a Puerto Plata.

Anunciaron su transformación física y dieron lugar a transformarla espiritualmente.

Aquello fue el anuncio definitivo de que Puerto Plata ya estaba preparada para recibir grandes cantidades de visitantes del interior del país.

Producto de aquella propaganda de Lupo de Lemos, Puerto Plata vio una afluencia aluvional, masiva, de personas: los hoteles no dieron abasto, habitaciones de casas particulares fueron arrendadas, y las galerías de viviendas privadas fueron ocupadas en la medianoche y en la madrugada por los que no encontraron donde alojarse para dormir.

Fue como si un ejército invasor hubiese ocupado a Puerto Plata.

A partir de entonces Puerto Plata se transformó totalmente.

Desde entonces cada Semana Santa en Puerto Plata vio decrecer cada vez más y más a los participantes de la procesión del Viernes Santo.

Tanto fue así que recuerdo que (ya viviendo yo en Santo Domingo, Distrito Nacional), en una visita que hice a Puerto Plata mi vehículo quedó detrás de la procesión y, sin mentir, conté diez personas (“!Diez gatos!“, como dice la expresión popular), junto con el cura, desfilando por la calle José del Carmen Ariza de retorno a la iglesia: y el desfile no consistía en un caminar uno detrás del otro, sino en un caminar en una fila horizontal para ésos diez poder ocupar la calle de extremo a extremo. Dicho espectáculo fue (y es) deprimente.

Lo que una vez fue una gran práctica o tradición religiosa se desinfló para apagarse casi totalmente.

Mientras un puñado de feligreses contables con los dedos de las manos participan en dicha procesión, la inmensa mayoría de la población está metida en el mundano disfrute de las playas, de la bebentina, de la música, y de la barahunda del desorden

En el resto del pa?ís el mismo fenómeno también fue ocurriendo: en Semana Santa las multitudes se alejaron igualmente del templo para ir a disfrutar de las playas.

Cristianos idos a las playas son cristianos que se desvinculan de la tradición de la procesión católica del Viernes Santo.

Desde hace cierto tiempo Puerto Plata tiene fuertes competidores, es decir, otros polos turísticos, que han provocado una merma considerable del flujo de visitantes de otra parte del país hacia Puerto Plata y le han quitado a esta el sitial que una vez tuvo de Polo Turístico No. 1 de todo el país.

Por ello actualmente Puerto Plata debe centrar su atención en ubicar aspectos que puedan convertirse en atractivos turísticos para institucionalizarlos y explotarlos como tales atractivos turísticos.

¿Se puede revivir una tradición de procesión de Viernes Santo tipo Madrid, España, como esa que se practicaba en Puerto Plata, y transformarla en un atractivo turístico?

Es una tarea casi comparable a revivir a un muerto, no obstante como respuesta digo que yo creo que sí.

¿Cómo se lograría revivir esa tradición y al mismo tiempo convertirla en un atractivo turístico?

Creo que el concepto `espectáculo` es lo que debe dominar la mente de quienes acaso puedan interesarse en revivir y organizar una tradición de esa naturaleza: a las grandes masas les gusta el espectáculo: eso está en su psique.

Pero creo que a ese espectáculo de la procesión en sí hay que agregarle algunos otros elementos para que el `espectáculo` sea un `espectáculo completo` que se convierta en un catalizador, en un atractivo turístico de primera magnitud.

La idea es hacer un espectáculo de primera, naturalmente todo bajo la aprobación de la Iglesia Católica.

Dicha tradición se lograría revivir y al mismo tiempo convertirla en un atractivo turístico de la siguiente manera: teniendo en cuenta, es decir, respetando el horario de los bañistas y adicionando algo más o algunas cosas más para que pasen a formar parte de la procesión y darle gran publicidad a todo lo siguiente que toco en el presente artículo.

Habría que comenzar por cambiar la hora de comienzo de la procesión (el Viernes Santo la multitud está en las playas y empieza a salir de ella a las cinco de la tarde) para las siete de la tarde: desde esa hora hasta las doce de la noche hay cero actividad.

Hay que incorporar diferentes cofradías tipo las de Madrid, España (el mayor número posible: existen, pero no tienen activismo del tipo señalado, y se pueden crear más, muchas a los fines perseguidos con el presente artículo),vestidos sus miembros de capuchinos, otros como quieran hacerlo, pero preferiblemente de capuchinos, pueseso es lo que llama poderosamente la atención; a Madrid, España, acuden millares y millares de turistas extranjeros para ver los desfiles de dichas cofradías con sus vestimentas de capuchinos y tomarles fotografías y fílmicas. Se trata de un espectáculo sumamente impresionante.

Igualmente hay que incorporar una representación teatral profesional que escenifique el tránsito de Jesúscristo, acompañado de aquéllos dos ladrones: Dimas y Gestas, hacia su crucifixión, es decir, Cristo y éllos dos cargando cada uno su respectiva cruz, legionarios romanos tras éllos y a su alrededor, con sus vestimentas profesionalmente hechas para que sean una réplica exacta de las de los legionarios romanos (es decir, no las replicas maríapalito o cuquicá que ocasionalmente he visto en procesiones de Santo Domingo, Distrito Nacional), lanzas y espadas, uno de dichos legionarios romanos o tres respectivamente con un látigo obligando a Cristo y demás a ser crucificados a avanzar.

El de o los de los látigos tendrían que ser un profesional o unos profesionales del uso del látigo: quizás la importación de un montecristeño o de tres montecristeños expertos sonadores de látigos de carnaval sea lo más apropiado.

De esa manera se podrían reproducir fielmente las estaciones del tránsito de Cristo.

El perfil fielmente romano de las vestimentas de los legionarios tiene que ser perfecta, es lo que más llamaría la atención, conformando una especie de pequeño ejército, unos a pie con sus escudos y otros a caballo.

Cascos de caballos sonando en horas de la noche.

Legionarios romanos con teas.

Tambores romanos sonando en la noche de Puerto Plata.

Mientras las vestimentas de los participantes sean una réplica tales cuales eran las de los legionarios romanos el éxito estará asegurado.

Los uniformes romanos podrían ser encargados a alguna compañía experta en la materia y conocida por haberle prestado servicios en ese sentido a la industria cinematográfica internacional; o comprar en el extranjero un traje profesional y copiarlo en forma identica en ciertas cantidades para la ocasión.

El Viernes Santo de Filipinas atrae, igualmente, a millares y millares de turistas extranjeros a ver las representaciones de las crucifixiones de quienes encarnan a Cristo y para tomarles fotografías y fílmicas.

Allí participan autoflageladores.

Si fuera posible incorporar autoflageladores, mejor. En nuestro medio esto parece difícil de conseguir, pero siempre aparecerán personas que crean en eso. Sería fantástico que se pudiesen conseguir personas dispuestas a ello. Y si no aparecen reales autoflageladores, entonces crear simuladores de autoflageladores.

Se podrían añadir otros desfilantes alegóricos con otras temáticas afines. Habría que darle cerebro al asunto para ver hasta donde se podría llegar en tal sentido.

Un demonio rojo de alta estatura con cuernos gigantes como alegoría del demonio que intentó la tentación de Cristo en el desierto por Satanás.

Una cierta cantidad de demonios y de ángeles, con más ángeles que demonios.

Los doce apóstoles.

Representar a los siete pecados capitales clasificados por el monje griego Evagrio Póntico.

Representaciones de los fariseos, con su líder Caifás, Sumo Pontífice de la religión judaica; de Herodes Antipas, de Pilato y otras tantas más, más o menos parecidas.

Se podrían incorporar grupos particulares con vestimentas y temáticas afines al asunto, pero previa aprobación del grupo organizador del espectáculo en cuestión.

No estamos hablando de un carnaval, lejos de mí tal cosa, pero sí de crear y escenificar un espectáculo que llame poderosamente la atención.

A la Iglesia Católica le corresponderá establecer el orden o la secuencia de los nuevos aspectos temáticos que ella apruebe, cuestión de que el mismo no colida con el orden o la secuencia de los aspectos temáticos de su tradición de procesión.

Al ser de noche se necesitaría que la o las compañías de electricidad garanticen estrictamente que habrá fluído eléctrico para que el espectáculo pueda ser visto y apreciado por los visitantes del interior y del extranjero y para que baterías de reflectores estratégicamente colocados para iluminar puedan hacer su trabajo.

Los micrófonos inalámbricos existentes modernamente pueden facilitar enormemente que el público pueda escuchar el sonido de cada uno de los participantes en la representación del víacrucis de Jesúscristo.

La procesión comenzaría desde la misma hoy Catedral de San Felipe, transitando la calle José del Carmen Ariza, doblando por la Beller y a la altura de la calle del Parque Luperón que empalma a la Beller con el malecón (o alguna otra un poco más arriba que igualmente empalme con el malecón) ir directamente hacia el malecón y ya en este enfilar hacia la puntilla del mismo.

El lugar de la escenificación de la crucifixión: podría serlo próximo a la puntilla del malecón, en la parte de la grama, frente, pero a cierta distancia, de la fortaleza colonial y de dicha puntilla.

La representación habría que terminarla a más tardar a las once de la noche (porque a partir de ahí los jóvenes comienzan a vestirse para visitar las discotecas).

Si el asunto no se practica entre las siete y las once de la noche sería un fracaso rotundo: los bañistas vuelven al pueblo después de las cinco de la tarde, se bañan y cenan.

El asunto hay que pulirlo lo más posible, pero creo que es posible así transformar una tradición cuasi perdida (la procesión en cuestión) por la asaz notoria inasistencia de feligreses, en un atractivo turístico de primer orden.

La publicidad, el horario, la participación de numerosas cofradías con capuchinos y una representación profesional del tránsito de Cristo hacia su crucifixion, etc., serían determinantes para lograr el éxito en ese sentido.

Naturalmente, la Banda Municipal de Música vestida de gala y con sus marchas para la ocasión, no puede faltar.

Las nuevas temáticas alegóricas que propongo, al igual que las que propongan otros, deberán ser objeto de la correspondiente supervision y control de la Iglesia Católica, pues jamás está ni estará en el ánimo del proponente causar herida alguna al respeto debido a los misterios, a la liturgia y a la tradición de dicha iglesia.

De lo que se trata es de unir esfuerzos con la Iglesia Católica para que, por un lado, ella se beneficie de la asistencia masiva, enorme, a su procesión, y que, por otro lado, la comunidad de Puerto Plata se beneficie con tener una tradición religiosa convertida en un atractivo turístico.

Un diálogo sincero al respecto entre el sector con el enfoque turístico y el sector eclesiástico será de gran utilidad para lograr congeniar y armonizar, cuestión de que el efecto `atracción` que se quiere provocar encaje con la visión eclesiástica.

Y si algo de lo que aquí propongo acaso le causare algún malestar a la Iglesia Católica le pido excusa de antemano, bajo el predicamento de que no me mueve ningún móvil zahiriente o morboso.

En España esa procesión con sus cofradías y capuchinos es un atractivo turístico. En Filipinas la reproducción del tránsito de Cristo a su crucifixión y esta constituyen un atractivo turístico. Si España con el desfile de sus cofradías cristianas, vestidos sus miembros de capuchinos, tiene un gran atractivo turístico en sus manos; y si Filipinas con la escenificación de la crucifixión de Jesúscristo tiene otro gran activo turístico en sus manos, no veo porqué razón Puerto Plata no puede tener en ambas cosas, más los otros aspectos temáticos combinados, un atractivo turístico en sus manos. Todo va a depender de la calidad de las cofradías, vestidos sus miembros de capuchinos, de la calidad de la representación del tránsito de Jesúscristo hacia su crucifixion, de la calidad de esta última, y de la calidad de los otros aspectos temáticos combinados con aquellas dos.

Radio Televisión Española transmite por televisión y por radio, para el resto del mundo, ese espectáculo. Lo mismo hace Filipinas. Creo que lo mismo debe hacer Puerto Plata en caso de que se decida a concretizar el objeto tratado en el presente artículo.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano