Una prueba de fuego para el Jefe de la Policía

Por Carlos Luis Baron domingo 18 de agosto, 2013

En el caso del extraño allanamiento en que un ciudadano alemán fue muerto a tiros y habrían desaparecido dos cajas fuertes conteniendo alrededor de RD$60 millones en un residencial habitado por turistas en Sosùa, Puerto Plata, tiene el actual jefe de la Policía una excelente oportunidad de demostrar a la ciudadanía que su anunciada disposición de liberar ese cuerpo de vulgares delincuentes y criminales no es más que un clichés repetido por todos sus antecesores para interpretar el deseo de la ciudadanía.

Llama poderosamente la atención que un escándalo de semejantes, características estalle casi un año después de haber acontecido, a pesar de que lejos de parecer un allanamiento común y corriente se asemeja más bien a un vulgar asalto a mano armada.

Es evidente que alrededor del sangriento incidente se produjo una especie de confabulación mediática para minimizar lo ocurrido ante los medios de comunicación nacionales e internacionales y de esa manera evitar que personas que están disque para proteger al ciudadano quedarán evidenciados como una banda de forajidos.

Las tardías investigaciones para esclarecer el hecho debían empezar por determinar si algún funcionario policial y judicial de Puerto Plata y la ciudad capital intentaron minimizar el trágico evento movidos por segundas intenciones.

Como se recordará, en aquella oportunidad se informó que los alemanes que residen en la urbanización La Mulata III integraban una secta satánica y poseían un arsenal con los que enfrentaron a los agentes enviados, no se sabe por quién, para practicar el susodicho allanamiento.

Sin embargo, conforme avanzan las investigaciones sobre el trágico incidente, esos alegatos tienden a debilitarse, quedando sus autores evidenciados como vulgares mentirosos interesados en tapar la realidad de un evento que habla muy mal del país en el plano internacional.

(La fiscal de Puerto Plata, licenciada Alba Núñez Pichardo, declaró a los medios de comunicación que hay pruebas de que los famosos 60 millones de pesos y las prendas preciosas guardadas en dos cajas fuertes que fueron substraídas supuestamente por los agentes participantes en el operativo que según se dice no fue autorizado por la jefatura policial de entonces ni por la representante del ministerio público de esa población)

En vista de la destacada participación de miembros de la Policía Nacional en el operativo e independientemente de la labor de la justicia, la comisión que ha designado para el efecto el mayor general Manuel Castro Castillo no debe dejar piedra sobre piedra hasta determinar el nivel de responsabilidad de los miembros de la institución en la muerte del ciudadano alemán Peter Ebert Demetrick y en el denunciado robo de la respetable suma.

Llama poderosamente la atención el hecho de que el jefe de la Policía de entonces, mayor general José Polanco Gómez, calificará el hecho de un enfrentamiento entre integrantes de sectas religiosas y los agentes policiales, sin mencionar para nada el alegado robo de los 60 millones de pesos y las prendas preciosas.

El mayor general Castro Castillo haría una contribución inestimable al proceso de adecentamiento que según dice lleva a cabo su gestión, si tras una investigación seria, imparcial y libre de mañas decide entregar a la justicia ordinaria- contrario a lo que se estila en ese cuerpo desde su fundación- a los agentes que resultaren responsables y co responsables de los trágicos incidentes ocurridos hace ocho meses en Sosùa, Puerto Plata.

Así, de primera intención, todo parece indicar que estamos en presencia de un nuevo caso que explica las causas del descredito en que está sumida la Policía Nacional desde hace décadas y esa realidad hay que revertirla porque de lo contrario el bien intencionado Plan de Seguridad Ciudadana que motoriza la actual administración de gobierno no sería más que una nueva forma de perder el tiempo.