Unidad Latinoamericana y el Foro de Sao Paulo

Por Carlos Luis Baron sábado 7 de julio, 2012

Ayer concluyó en Caracas, Venezuela el XVIII Encuentro del Foro de Sao Paulo.

El grupo de organizaciones políticas más importantes que ha surgido en el mundo después de la primera y segunda internacional para beneficio de los pueblos latinoamericanos es el Foro de Sao Paulo, solo comparable a la creación en la Habana de La Organización Latino-Americana de Solidaridad (OLAS) en el 1967. Es admirable la visión político-estratégica de Don Ignacio Lula da Silva y los demás fundadores y organizadores del Foro, comprendiendo que el epicentro de las contradicciones entre el capitalismo y la nueva sociedad socialista se había trasladado de los continentes europeo y asiático a América Latina.

Después de la Primera Guerra Mundial surge en la antigua Rusia zarista el primer estado socialista del mundo, dirigido por el Partido Bolchevique o mayoritario, liderado por Vladimir Lenin. Ese nuevo estado fue víctima de numerosas agresiones de parte de los países capitalistas que trataban de ahogar en la cuna dicho proyecto. El estallido de la segunda gran guerra entre las mayores potencias imperialistas y colonialistas por el control de las rutas comerciales, las colonias y los yacimientos petrolíferos y otros recursos naturales, así como el surgimiento del fascismo en Italia y el nazismo en Alemania agregaron nuevos elementos a la lucha de los pueblos amantes de la paz.

La derrota infligida a las huestes hitlerianas por el Ejército Rojo cambió la correlación de fuerzas a nivel internacional, donde tanto Francia como Inglaterra, otrora grandes potencias mundiales colonialistas e imperialistas, quedaron supeditadas a un segundo plano detrás del poderío de los Estados Unidos, que junto con la Unión Soviética pasa a liderar uno de los llamados bloques en que quedó dividido el mundo, el socialista y el capitalista.

Durante el periodo de la llamada Guerra Fría el epicentro de las contradicciones entre el capitalismo y el socialismo estuvo en Europa, y en algunos momentos se trasladó al continente asiático, específicamente durante el periodo de la Revolución Obrero-campesina en China, la Guerra de Liberación de Corea y la heroica guerra del pueblo de Vietnam.

América Latina era un continente sometido a una paz tutelada por los Estados Unidos, de lo contrario la infantería de marina yanqui con sus cañones, aviones y soldados se lo hacía recordar interviniendo militarmente. Nuestros países no tenían voz independiente y no eran respetados en los organismos internacionales. Con el triunfo de la Revolución Cubana las contradicciones políticas y sociales que dominaban el mundo se reflejaron con mucha intensidad en esta parte del mundo, y más específicamente en el Mar Caribe, definido por Juan Bosch como la Frontera Imperial.

Después del 1959, año del triunfo de la Revolución Cubana, todos los intentos democráticos en esta parte del mundo fueron salvajemente combatidos y/o exterminados. Si fallaban los ejércitos nacionales, financiados, armados y estrenados por el pentágono, el propio ejército yanqui intervenía directamente, tal y como sucedió en Abril de 1965 en Santo Domingo, cuando más de cuarenta y dos mil marines violaron la soberanía de nuestro pequeño país de manera abusiva y en violación de todas las leyes internacionales. Esa revuelta buscaba esencialmente la restitución en el poder del profesor Juan Bosch, primer presidente electo democráticamente después del ajusticiamiento del dictador Trujillo en el año 1961.

En 1973 en Chile es derrocado Salvador Allende y miles de chilenos fueron asesinados o simplemente desaparecidos junto con su presidente mártir por querer instaurar el socialismo por la vía democrática. Incontables son los intentos y esfuerzos del imperio por entorpecer todos los cambios democráticos y/o revolucionarios en todas partes del mundo. El intento de golpe de estado en Venezuela en el 2002, el derrocamiento militar del presidente Zelaya en Honduras en el 2009 y el bombardeo, destrucción y desplazamiento del régimen socialista de Libia junto con el asesinato de Muamar Khadafi y sus hijos son algunos ejemplos de esta afirmación.

El acierto político de los fundadores del Foro de Sao Paulo está precisamente en haber tenido el fino olfato para comprender lo que se veía venir: la desaparición de la Unión Soviética y el surgimiento de los EEUU como única súper-potencia. La crisis económica capitalista por un lado, que es la crisis más profunda que ha conocido el capitalismo, y la cual sigue su desarrollo reflejada en la crítica situación alimentaria y del medio ambiente por la que el mundo está atravesando en estos momentos, abriría un espacio para las fuerzas progresistas en América que se debía aprovechar para alcanzar el poder por la vía democrática en nuestros países.

Esa visión del Foro, el apoyo solidario a las organizaciones hermanas del continente, el análisis oportuno de lo que podría pasar si la crisis sigue profundizándose, como se espera, y como consecuencia lógica afecte a nuestros países, y qué medidas preventivas se pueden tomar para prevenir sus posibles efectos, los cuales pueden traducirse en desestabilización, intentos de golpes de estado, planes para asesinar los líderes más connotados del proceso, invasiones de mercenarios y la posible acción directa del imperio en algunos de nuestros países.

La creación de la UNASUR, del ALBA, del CELAC y todas las organizaciones que han surgido últimamente en nuestra América demuestra de manera diáfana que la dirección política actual a la cabeza del Foro sabe de los peligros y las amenazas que, cual espada de Damocles, pende sobre las cabezas de todos y cada uno de los gobiernos y dirigentes revolucionarios y progresistas, en el poder o fuera de él. El caso más reciente es la grotesca destitución de Fernando Lugo.

Hoy el mundo está atento a lo que pasa en América, y todos y todas sabemos lo que se juega en esta parte del planeta, esperando una respuesta contundente y unitaria, y no debemos fallarle. La crítica oportuna, el consejo sabio, la orientación precisa, la colaboración que sea necesaria, son de las acciones que en estos momentos no deben faltarle a ningún miembro del Foro. Después de 200 años de humillaciones ha llegado el momento de la dignidad de nuestros pueblos y este foro debe cumplir el papel que la historia le ha asignado.

Los grandes capitales y los sectores colonialistas no descansan. Están siempre al acecho para minar las bases de los gobiernos democráticos de nuestra América. Usan todos los mecanismos, legales e ilegales, para tratar de desplazar las fuerzas emergentes revolucionarias y progresistas de esta y otras partes del mundo. Usan la fuerza militar en Honduras. Desestabilizan o tratan de desestabilizar gobiernos democráticamente electos como los de Bolivia y Ecuador. Utilizan ardides legales en Paraguay. Todo con el objetivo de recuperar o no perder el control de aquellos estados en los que se prioriza a los trabajadores y los sectores más empobrecidos.

Se requiere de una estrecha unidad y colaboración entre los gobiernos revolucionarios y democráticos; de los partidos y organizaciones que compartimos la aspiración de un futuro digno, de justicia social y equidad. Pero esta unidad debe ser activa y militante, no pasiva. Todos los movimientos progresistas aquí presentes debemos coordinar nuestro accionar. La unidad nos hará invencibles.

Los autores son militantes revolucionarios dominicanos.