Vacuna contra el chantaje

Por Carlos Luis Baron miércoles 18 de julio, 2012

Ninguna institución que tenga por objetivo servir a la sociedad para su desarrollo puede tomar decisiones presa de chantaje.

A quienes se les confía responsabilidad de ejercer la función de dirección en una institución fundamental para un país, deben tener la suficiente entereza para anteponer los intereses de la colectividad por encima de cualquier interés de grupo o sobre cualquier pretensión de boicot, sin importar su procedencia.

El autobús donde viajaban los miembros del Consejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, fue apedreado por uno de los grupos que alli operan, cuando se disponian a trasladarse desde San Francisco de Macorís a Santo Domingo, luego de presidir un acto de investidura.

La vandálica acción se llevo a cabo en “protesta” por la decisión que adopto ese organismo de indexar las tarifas en los aportes que deben realizar sus alumnos para retribuir en parte los costos de los servicios académicos que se les sirven, incluido el crédito educativo, medida esta ultima que solo aplica a los estudiantes de nuevo ingreso y que exime de su aplicación a los 180,000 alumnos actuales quienes concluirán sus estudios aportando las mismas tarifas vigentes desde el año 1967.

Cuando se averigua cual es el aporte del nuevo crédito educativo que deberán realizar los nuevos alumnos de la Universidad, los protestantes no pueden más que evidenciarse como ridículos.

A veinte pesos (RD$20.00) el crédito, el estudiante que tome la mayor carga académica, aportará cuatrocientos ochenta pesos (RD$480.00) por cada semestre, es decir, ochenta pesos (RD$80.00) mensuales, ¡vaya la gran carga! para una población estudiantil que en las escuelas públicas, léase bien, en las escuelas públicas, desde donde viene la mayoría, deben aportar hasta tres veces esa cantidad como contribución voluntaria.

Visite cualquier aula de la UASD, y pídale a los alumnos que les muestren sus teléfonos celulares y comprobará que más del 90% invierte en llamadas telefónicas hasta diez veces al mes, la cantidad que sus “revolucionarios” y “progresistas” “defensores” alegan no están en condiciones de aportar para ayudar a mejorar las condiciones de la institución que tanto aman y de la que más de uno vive.

Acérquese a un colmadon de los alrededores de la sede central de la autónoma o de cualquiera de sus recintos regionales y comprobará que con solo sacrificar una cerveza de la tipo yumbo a la semana, podrían aportar a la sostenibilidad de su alma mater seis veces la cantidad que se les pide.

Durante las rectorías de Julio Ravelo Astacio y Miguel Rosado fueron suprimidos y sacados grupos de “estudiantes” anárquicos y los comercios que arrabalizaban el campus. En ambas oportunidades se vertieron amenazas como las que ahora se hacen correr para hacer recular a las autoridades.

El consejo universitario debe convocar al claustro para pedir que se le autorice limpiar la Universidad de quienes en nombre la democracia impiden su avance, no importa si son autoridades, profesores, empleados, estudiantes o provocadores pagados.

La Universidad tiene que romper los anacrónicos paradigmas que durante cuarenta años la han sometido a la peor de las dictaduras, el engaño, aunque para ello su liderazgo tenga adquirir una vacuna contra el chantaje.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.