Villa Francisca al poder

Por Carlos Luis Baron domingo 10 de junio, 2012

Nueva York.-Aunque de inmediato no se pueden desclasificar las turbiedades y efectivas irregularidades que se sucedieron en las pasadas elecciones presidenciales de la República Dominicana, sí se puede afirmar que los dominicanos seremos testigos de un hito en nuestra historia contemporánea. Hay una futura Primera Dama, oriunda del populoso sector capitalino de Villa Francisca.

La farsa capitalista de nuestra ambiciosa clase dominante, en el cuatrienio por venir, por los menos, y aunque sea por azar o a contrapelo; instala en el poder a un presidente que, aunque se alega representará a un gobierno ilegítimo, tiene una compañera de una trayectoria digna y colmada de legitimidades.

Cándida Montilla, hija de un orfebre, especializado en la zapatería, de seguro morigerará el mandato de Danilo Medina Sánchez. Estamos esperanzados en que con esta ella, al margen del refrán de que “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”; también se diga que con “una gran Primera Dama, hay un buen presidente”.

Para los que consideran nuestros escritos derrotistas, pesimistas y agresivos, y por si fuera poco perredeístas; les diremos que siempre tenemos a bien ensalzar y enaltecer lo nuestro. La hija de “Dulce el zapatero”, como le llamábamos a su padre, ha sido una mujer esforzada y noble; y aunque hace mucho no la vemos, estamos seguros de que sigue siendo aquella muchacha proveniente de un hontanar diáfano, que no ha exhibido oscuros meandros ni mayores deslealtades e infidelidades.

Tal vez, para bien de la dominicanidad, nunca ha gustado de la política partidaria; es una mujer humilde sin nefastas aventuras ni ambiciones banales. Su adolescencia transcurrió en un entorno donde primaban los ideales libertarios de izquierda. Ojalá desde su despacho de Primera Dama, Candy, como le llaman ahora algunos, lleve bienestar y sirva al pueblo dominicano, sin mayores dispendios e innecesarios aspavientos

Le pedimos encarecidamente, que si acaso tiende organizar actos para beneficiar a las mujeres pobres de nuestros barrios; que lo haga siempre con decoro. Que tenga a bien entender que las conmiseraciones desorientadas y mal dirigidas, más que beneficiar y alentar, humillan. ¡Basta Ya! Nuestras madres y abuelas no deben ser vejadas con aborrecibles espectáculos en el que, en busca de algunas dádivas, sean zarandeadas y maltratadas, con una lastimosa secuela de desmayos, laceraciones y hasta fatalidades.

Que comprenda que lo idóneo de un Estado funcional, no debe ser el del limosnero que atropella, y su misión es crear los mecanismos que contrarresten esas penosas escenas.

No exigimos que tenga el fulgor de una Evita Perón y mucho menos lo emblemático de la que también fuera Primera Dama, Doña Reneé Klang de Guzmán. Pero si no puede ser la más humilde como lo es, Lucía Polansky del Uruguay, por lo menos, sea una Primera Dama sensata y moderada, y que actúe de forma que sirva de fortín a su compañero Medina Sánchez, ante las malsanas intenciones de oportunistas, corsarios, gambusinos y otras lacras que quieren perpetuarse en poder. Y vamos a repetir lo que dijimos alguna vez; por favor, Cándida no pierda tu candidez.

El autor es periodista directivo del CDP, en Nueva York, donde reside