Voluntad y pragmatismo para detener los feminicidios

Por Carlos Luis Baron martes 10 de julio, 2012

Si los números que vemos en violencia doméstica se aplican al terrorismo o a las pandillas, el país entero se levantaría en arma y seria la principal historia en los noticieros todas las noches.

Mark Green

Hay una manera subconsciente de tomar la violencia como una manera de expresión, como lo normal, y esto tiene serios efectos negativos en el proceso de la juventud.

Salma Hayek

Así como no funcionan las órdenes de alejamiento, las amenazas de largas condenas, las marchas y la mayoría de las estrategias del Ministerio de Justicia, tampoco significa nada en la intención criminal un efecto persuasivo que pretenda detener al homicida, tampoco el que se dramatice la situación con marchas y símbolos de luto. No lo detiene la pena de muerte porque en la mayoría de los casos ellos mismos se la aplican. Existe una situación de emergencia en donde se debe detener el asesinato de unas 300 mujeres todos los años. Es muy valioso todo lo mencionado anteriormente pero eso no le importa al que está dentro de la relación tormentosa que ha llevado tantas mujeres jóvenes al cementerio. Hay que actuar para salvar vida y eso requiere de medidas no convencionales.

Dos semanas después de publicar mí artículo Preludio de un Velorio debo decir con mucha tristeza que fue el preludio de unos 15 velorios, el número de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas en sólo dos semanas. El tema se ha posicionado y muchos medios, la opinión pública y las autoridades están respondiendo, en la mayoría de los casos con reacciones de impotencia. Es evidente que si todos los esfuerzos convencionales han fallado se debe recurrir al plan B. Si el plan B no está diseñado se debe diseñar de inmediato ya que estamos hablando de un número que a cuentagotas no es tan indignante (pero lo es), pero es un número que puede compararse con un accidente aéreo en nuestro suelo, todos los años. Que se caiga un jet comercial, lleno de pasajeros. Sólo imagíneselo.

Es necesario que se destinen recursos y procedimientos de inteligencia militar para detectar la potencial víctima, reubicarla y hacer que su sobrevivencia incluya un proceso de preparación que le haga autosuficiente. La fuerza que mueve los ánimos homicidas va más rápido que cualquiera de los procedimientos burocráticos existentes. La mujer dominicana tiene un enemigo poderoso que la inmoviliza: el perfil socioeconómico. La mayor parte de los feminicidios ocurren contra mujeres pobres. Pero en una situación tan crítica la respuesta no es comenzar por los diagnósticos. La respuesta es salvar esa vida que ha sido amenazada. Luego que venga todo lo preventivo, lo terapéutico, lo patológico. Necesitamos un plan de emergencia y que lo pongan en marcha los organismos de seguridad, el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de Justicia, las iglesias que quieran asumir un rol de participación para aliviar esta crisis. Se necesitan acciones nuevas, que no tengamos que esperar millares de cruces en lo que maduran los proyectos preventivos.