Volver, con la frente marchita

Por Carlos Luis Baron domingo 23 de diciembre, 2012

Como consecuencia de la grave crisis económica actual que atraviesan muchos países desarrollados, numerosos inmigrantes económicos se han visto forzados a regresar a su tierra natal. Volver sin haber alcanzado el objetivo que se planteaban muchas de las personas que emigran está visto como un fracaso. Algunos inmigrantes se han convertido en "exilados económicos", ya que la crisis les ha atrapado sin ahorros y las entidades financieras se han vuelto muy selectivas a la hora de conceder préstamos.

Como los españoles, muchos inmigrantes pensaron que lo natural y lógico era vivir del préstamo, olvidando que podían quedarse sin trabajo. Solo desde esta perspectiva se puede entender que tanta gente cayera en el riesgo de las hipotecas. Cuando pagas lo mismo por el alquiler que por la hipoteca, es muy fácil dejarse llevar por la tentación de comprar, ya que algún día la vivienda puede ser tuya. Hoy, el sueño de mucha gente se ha tornado en pesadilla.

En ocasiones, para la sociedad de origen, la vuelta al país de los que emigran, sin haber alcanzado el progreso deseado, estigmatiza a la persona como un fracasado. En una sociedad tan materialista como la que vivimos, esto es algo vergonzoso. En los países pobres –en vías de desarrollo- el tanto tienes, tanto vales es aún más exagerado que en los ricos, de ahí que mucha gente caiga en asuntos turbios como el tráfico de drogas o la prostitución para mejorar su situación personal y familiar, lo antes posible. Los que caen en este tipo de "negocios" rápidamente se ven envueltos en un círculo vicioso del cual es muy difícil escapar.

Cuando las personas ganan mucho dinero de manera fácil, también se crean muchos gastos y dependencias que no pueden suprimir fácilmente. Cuando EE.UU. expulsa a inmigrantes relacionados con el tráfico de drogas, por ejemplo, los Dominican York, le crean un problema al país de origen. La mayor parte de estas personas no se adaptaría a un trabajo normal, y sobretodo, a un sueldo normal, de modo que intentan reproducir su anterior estilo de vida en su país.

El drama de los desahucios se ha cebado, especialmente, en la comunidad inmigrante que vieron en la adquisición de una vivienda el camino para alcanzar un sueño que se ha truncado. Según la ONG Cáritas, el 60% de las personas que acuden a ellos son foráneos. Los inmigrantes fueron los primeros en notar la crisis, ya que la mayoría tenían trabajos inestables relacionados con la economía sumergida. Se calcula que el 20% de la economía española no se realiza de manera legal, aunque todavía no se ha llegado a los niveles de Grecia o Italia.

Por culpa de la crisis, muchos jóvenes españoles preparados han tenido que emigrar ante la falta de perspectivas de futuro. En la actualidad el paro juvenil ronda el 57%. Está estudiado que en tiempo de crisis la gente se vuelve más egoísta y tiende a favorecer a los suyos ( familiares, amigos, compatriotas, etc.) aumentando las tensiones sociales con los que vienen de fuera. Esta crisis ha afectado duramente a todos los sectores de la sociedad, pero con más dureza a los inmigrantes. En lo que va de año, más de 60.000 españoles han emigrado en busca de un futuro mejor a países como Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Alemania, Brasil, Chile, Venezuela, Marruecos y China. La mayoría de los que emigran tienen entre 28 y 45 años. Desde hace muchos años España ha experimentado un saldo migratorio negativo (diferencia entre los que entran y los que salen).

Hasta hace pocos años, España era uno de los países de la OCDE que más inmigrantes recibía, en parte por su situación geoestratégica en Europa. El 2010 fue el último año con un saldo positivo. Entre enero del 2011 y septiembre del 2012 han emigrado de España 927.890 personas, de las cuales 117.523 eran españoles y 810.367 eran extranjeros según el Instituto Nacional de Estadística. La llegada de inmigrantes se ha reducido mucho por culpa de difícil situación económica. En la era de la Globalización, los inmigrantes también están bien informados.

Muchos inmigrantes optan por regresar ante la grave situación económica que vive España y por las ventajas que les concede el llamado "retorno voluntario" que permite capitalizar el llamado subsidio por desempleo. El interesado puede cobrar el 40% en España y el 60% restante en el país de origen. Solo en este 2012, más de 40.000 inmigrantes se han acogido a este plan para empezar de nuevo en su país o para reflexionar sobre su futuro sin renunciar a una posible vuelta. La gran mayoría son concientes de que no pueden volver en un plazo de tres años. Muchos de los que se han acogido a esta medida son ecuatorianos (44%) y colombianos (19%), aunque también se han beneficiado de ella bolivianos, peruanos, dominicanos, brasileños y marroquíes, entre otros. El gobierno de Ecuador que preside Rafael Correa ha hecho un llamamiento a los ecuatorianos que quieran regresar a su país y contribuir a su desarrollo dando facilidades para ello.

Entre el 2007 y el 2010 la crisis se cebó principalmente con los extranjeros que tenían menos protección social. Fue a partir del 2010 cuando la crisis comenzó a afectar a los españoles, justo cuando se terminaban los dos años del subsidio por desempleo (paro). A partir de este momento muchos parados vieron que los poco más de 400 euros de ayuda que les daba el Estado no eran una solución a largo plazo.

Muchos inmigrantes son concientes de la dificultad que tendrán para volver si regresan a su país, ya que progresivamente los países ricos están aumentando los requisitos para obtener la residencia en sus países. En España, el gobierno en funciones ha retirado la "asistencia sanitaria" a todos los inmigrantes ilegales. Tener derecho a la sanidad les costará unos 710 euros, casi igual que pagar la asistencia privada.

Según la Ley de Extranjería se pueden regularizar los documentos por arraigo social o laboral. Por la primera, la persona debe demostrar que reside en España de manera continuada durante un mínimo de tres años, y contar con otros documentos como una oferta de empleo de duración igual o superior a un año. A poder ser de más de 40 horas semanales. Cuando se trata del arraigo laboral el extranjero deberá demostrar su permanencia continuada en España durante un periodo mínimo de dos años y contar con un acta de inspección de trabajo o una sentencia judicial que reconozca el vínculo laboral en una empresa durante al menos seis meses. Cuando se trate del Régimen Comunitario, el extranjero deberá demostrar el vínculo con un ciudadano comunitario –madre, padre, hijo, cónyuge, pareja de hecho- siempre y cuando el ciudadano comunitario disponga de medios económicos.

Son medidas impopulares, pero efectivas para permitir la salida de extranjeros y dificultar la entrada, muy frecuentes en muchos países ricos en tiempo de crisis. Está claro que las personas (mano de obra) son un recurso más de los factores de producción, una mercancía sin corazón ni sentimientos de la que se puede prescindir según la situación económica. "Volver con la frente marchita" como decía la canción de Carlos Gardel se ha convertido en una solución temporal o definitiva. Aunque se trate de una dura experiencia, regresar al país de origen tiene que ser percibida como un punto y seguido en nuestra historia vital.

El mundo ha cambiado, ahora son países como España los que buscan inversores en Sudamérica y en países emergentes. Para muchos inmigrantes se trata de una movilidad laboral, más que de una migración definitiva permitida por la Aldea global. Con esta crisis termina un ciclo de 13 años de aumento de la población extranjera en España. Solo en el primer trimestre del 2012 el saldo migratorio fue de -31.351, debido a la fuerte salida de extranjeros y españoles hacia otros países.

En un mundo globalizado, tenemos que cambiar nuestra manera de pensar. El tiempo en que la gente emigraba y volvía a su país en la edad de la jubilación para disfrutar de lo que habían ganado está llegando a su fin. Cada vez es más frecuente que las personas emigren y retornen a su tierra en función de las crisis cíclicas que se producen en el capitalismo. Adaptarnos a nuestra cambiante situación socioeconómica no es nada más que reconocer nuestra realidad cotidiana. Por más que nos intenten asustar con el fin del mundo, nuestras penas y alegrías continuarán durante mucho tiempo, y es mejor hacerse a la idea cuanto antes.