Washington compró a Japón secretos de guerra biológica

Por lunes 15 de agosto, 2005

Tokio, (EFE).- Dos años después de terminada la Segunda Guerra mundial Estados Unidos pagó sumas millonarias a científicos japoneses que habían desarrollado armas biológicas durante el conflicto, pues temía ser adelantada por la Unión Soviética, informa la prensa local.

Washington gastó el equivalente actual de entre 20 y 40 millones de yenes (180.000 y 360.000 dólares) en regalos e invitaciones a ex miembros de la temida "Unidad 731", encargada de investigar el efecto en los humanos de gérmenes para usarlos como armas de combate, según un despacho de la agencia Kyodo.

La información cita documentos obtenidos en los Archivos Nacionales estadounidenses por el profesor Keiichi Tsuneishi, experto en armas biológicas y químicas de la Universidad de Kanagawa.

Uno de los documentos es una carta del jefe de espionaje de las Fuerzas aliadas de Ocupación en Japón, Charles Willoughby, en la que explica a un superior la necesidad de "seguir recurriendo a fondos confidenciales" para obtener resultados de los experimentos nipones con armas biológicas.

La información obtenida, dice la carta fechada el 22 de julio de 1947, tendrá un "gran valor en el futuro desarrollo del programa de armas biológicas de los Estados Unidos".

Se precisa una "hábil aproximación psicológica a los principales científicos" de la Unidad 731 para obtener información cuyo valor es "incalculable" dice el mensaje.

Willoughby afirma que la cantidad invertida, que incluía dinero en efectivo, agasajos y regalos, es "insignificante" dado que procurará a los Estados Unidos "el fruto de veinte años de pruebas de laboratorio e investigaciones".

Según Kyodo, las fuerzas aliadas que ocuparon Japón ofrecieron exonerar de culpas a los científicos de la Unidad 731 a cambio de información y los documentos revelan "el afán estadounidense por competir con la Unión Soviética en la carrera de las armas".

Los documentos, por otra parte, contradicen la creencia de que Estados Unidos había forzado a los científicos de la Unidad 731 a escoger entre "entregar información o ser acusados de crímenes de guerra", dice Kyodo.

La Unidad 731, establecida en China en 1936 por el Ejército Imperial de Japón, estaba dirigida por el doctor Shiro Ishii y se cree que miles de personas, incluidos ciudadanos rusos y de otras nacionalidades, murieron en experimentos con gérmenes.

Al final de la Segunda Guerra mundial los aliados interrogaron ex miembros del mortífero equipo científico nipón pero solo tuvieron certeza de los experimentos con humanos en 1946 cuando oficiales japoneses de alto rango reconocieron esas investigaciones.

Debido a que los aliados anularon las acusaciones contra los oficiales de la Unidad 731, cuando más adelante trataron de obtener información sobre los experimentos se vieron forzados a recurrir a la compensación monetaria, afirma Kyodo.

Según los historiadores, el temido grupo se dispersó y destruyó sus instalaciones en China al final de la guerra y pidió a sus miembros "llevarse los secretos a la tumba".

El historiador Hal Gold, autor de una recopilación de testimonios sobre la Unidad 731 publicada en 1996, describe cómo algunos prisioneros de avanzada edad eran aislados y obligados a vestir una prenda acolchada en la que se criaban al menos un centenar de pulgas cada día.

Los animales eran recogidos e infectados con gérmenes y luego utilizados como arma contra la población, pese a que un tratado internacional había prohibido la guerra bacteriológica.

Hoy, en la conmemoración de los 60 años de la rendición incondicional nipona, el primer ministro Junichiro Koizumi pidió perdón porque Japón "causó un tremendo daño y sufrimiento a las gentes de muchos países, especialmente de Asia, a través del dominio colonial y de la invasión".