¡Ya sí llegamos donde íbamos!

Por Carlos Luis Baron martes 5 de junio, 2012

La verdad es que, mucha gente en este país se molesta cuando alguien hace alusión al sentido de respeto y civismo que tenía u observaba la ciudadanía, aun fuera a las malas, como se dice, durante la llamada “Era de Trujillo”, a propósito de un nuevo aniversario más – reciente -, de los hechos históricos acaecidos el 30 de mayo de 1961. ¡Es que hay cosas que se deben reconocer, aun no se quiera, o no convenga hacerlo!

Todos esos que mal se sienten por tal mención, deberían cambiar de parecer, cuando traten de reparar con atención verdadera, sobre esas actitudes tan desaprensivas que se vienen verificando en el país actualmente, como lo es una de ellas, el robo de los cables de acero en que se sustenta el puente “Duarte”, según la noticia de primera plana que publicaran dos de los principales medios escritos locales, en su edición correspondiente al 3-6-12.

Esa fue una de las magnas obras levantadas durante aquella Era (1955), otrora denominada “puente Radhamés Trujillo”, en contra de la cual en la actualidad se procede de esa manera tan deleznable, sin tomar en consideración los altos riesgos probables que implican acciones vandálicas de esa naturaleza. ¿Y las autoridades, dónde están, para prevenir y castigar?

Ese puente colgante, que a la sazón fuera considerado el de mejor construcción en toda el área del Caribe, y el más grande de las Antillas, ha resistido, para avalar aquel parecer, percances y tratamientos inadecuados de todo género a través de los años: las inclemencias de tiempo, el uso abusivo, la falta de mantenimiento oportuno, los azotes e impactos balísticos de alto calibre durante la guerra civil del año 1965; y, hasta el robo descarado de sus cables de sustentación, sin que nunca haya dejado de prestar sus valiosos servicios a la ciudadanía que transita sobre el mismo, por tales razones, a pesar de la diferencia tan grande entre la cantidad de vehículos que para ese entonces le cruzaban, con respecto a los que hoy lo hacen, sin importar su peso.

Lo que ocurría era que, a Trujillo no lo engañaban muy fácilmente, ni le abultaban presupuestos, como ahora se estila. Todas las edificaciones estatales realizadas durante esa época, a pesar de los tantos años de uso, descuidos y abusos, difícilmente se les encuentra alguna pequeña grieta en el presente. Para entonces, no se admitían los vicios de construcción; no eran la moda. Se podían pagar bien caros.

Además, la ciudadanía tenía que cuidar del patrimonio público. Con eso no se podía jugar, para evitarse caer mal preso, o alguna otra cosa peor. ¿Por qué? Porque había respeto, innegable.

Entonces, nadie quiere en estos momentos que se le hable en favor de las cosas buenas que tenia el gobierno del Trujillo. ¿Cuál será la razón principal?……… ¡Cuanta falsía y demagogia!