Yo conocí a Juan Bosch

Por Carlos Luis Baron lunes 30 de julio, 2012

El pasado mes de junio (30/06/12) se cumplieron los 103 años del nacimiento de Juan Bosch y el Partido de la Liberación Dominicana celebró la fecha con diferentes actividades tanto a nivel nacional e internacional. De Juan Bosch demasiado se ha dicho, se ha hablado y se seguirá hablando, ya que una persona como él, siempre tendrá amigos y enemigos de ambos lados. Como tuve el privilegio de conocerlo y tratarlo me permito recordarlo con este pequeño escrito. Conocí a Juan Bosch antes de tratarlo. Ñeña – la que me trajo a este mundo – me lo describía.

“Ese señor yo no sabía que existía, que buenos sentimientos tiene, quiere felicidad y bienestar para todos nosotros. ¿Adónde lo tenían escondido?”. Ella leía los periódicos de la época que semanalmente Margarita – mi abuela- los llevaba desde Boca Chica a nuestra casa del Kilometro 36 ½ de la Carretera Mella.

En mi adolescencia el difunto Jorge (amigo de infancia) me arrinconó con el movimiento político 14 de Junio. Mi mente se confundía; es Juan el bueno, el preocupado por nosotros (los hijos de machepa) o es Manolo el de los lentes oscuros. Juan se robó el show. Es por ello que estando en Puerto Escondido (Duvergés) el 24 de abril del 65 decidí viajar a la capital dominicana junto a los compañeros Artemio Ogando, Francisco Hasoury y Cibao, el cual tenía un revolver calibre 38mm.

Llegamos el domingo 25 en la tarde. Sin techo, amanecimos en la cabecera oeste del Puente Duarte, esperando a los guardias del CEFA (Centro de Enseñanza de la Fuerza Aérea). No fue hasta aproximadamente al medio día del día 26 que sucedió lo esperado, el bombardeo por los aviones de San Isidro.

Con Caamaño a su lado, vi a Juan Bosch en el Parque Rubén Darío, en la Avenida George Washington (Malecón) cuando regresó de Puerto Rico, al final de la Guerra de Abril. Vestido con un traje color crema. Él hizo mucho énfasis en la valentía de Elio Capocci (combatiente) sin ser dominicano. Así transcurrió el tiempo…lo veía por televisión; El hombre del caco blanco.

En la universidad (UASD) mis compañeros me decían que con Juan Bosch y el PRD, la lucha era imposible.

O sea, él era una retranca para la revolución dominicana. En el año 1974 comenzamos a hacer pininos en el nuevo Partido de la Liberación Dominicana a través de un círculo de estudio en el Comité Intermedio Juan Núñez Mieses, en Villa Consuelo. En 1979 llegaron a mi casa los compañeros Reyes Pimentes y Luis Pimentel los cuales me invitaron a visitar a alguien. Aproximadamente a las 7:00pm llegamos a un apartamento en la Cesar Nicolás Penzon #60, 2do piso.

Ese alguien era Juan Bosch. Me presentaron ante él como futuro miembro de su seguridad. Por primera vez estreché la mano de quien yo tanto admiraba. Quedé enrolado a partir de ese momento en el equipo de seguridad del compañero Juan Bosch. Más tarde compartimos la dirección de seguridad del compañero Juan con Norge Botello en el CP, Luis Hernández en el CC, Reyes Pimentel activista, Rafael Espinal y Ángel Moreno.

Teníamos días fijos (noches), los domingos y cuando faltaba alguien ahí estábamos.

Conocí al Juan Bosch, el profesor; Juan; a él que no le importaba la hora de acostarse sino la de levantarse. Él nos complacía con desayuno en la mañana, concebido y hecho por él. Cuantos consejos y aclaraciones oportunas nos impartía. Nos valoraba a todos, nos defendía ante los que por ignorancia, y a veces por tufo elitista, nos querían tratar como simples choferes, compañeros de seguridad y compañeritos.

Para Juan Bosch éramos trabajadores del Partido, compañeros que lo entregábamos todo, la vida si fuera necesario, para que él siguiera produciendo para beneficio de la patria. Conocer y tratar al compañero Juan fue para mí una bendición del Todopoderoso.

Él nos abrió la puerta de su casa: bondadoso, exigente, consejero compasivo. Nunca se rindió. Que titán. Odiaba lo mal hecho, amaba la entereza. Todo lo estudiaba, lo ponderaba, lo analizaba, lo discutía, la conclusión la unificaba.

En la verdadera seguridad (guarda espalda) se practica lo siguiente: Nada se sabe y nada se dice, se es ajeno a todo y siempre se está pendiente de todo. De todos los momentos pasados y vividos junto a ese gran hombre llamado Juan Bosch, permítanme contarle lo siguiente, esto me lo permito, no como seguridad del expresidente, sino como el compañero miembro por 38 años de militancia en el PLD, pasando desde circulista hasta activista nacional y vicesecretario de organización.

Esa mañana nos llamaron. Santana, el compañero Juan, va a hacer una salida, ven para que lo acompañes. Así pues, me puse mi chacabana y corrí a su residencia. Al llegar me esperaban dos compañeros y de inmediato abordamos la guagüita propiedad de la familia. El compañero Juan fue al Mercado Modelo en la Avenida Mella.

Cuando doblamos en la intersección de la Calle Santomé y la Avenida Mella, los militares de servicio en la calle, cuando vieron a Juan Bosch le hicieron el saludo efusivamente, lo cual llamó mucho la atención del compañero Hernández.

Entonces, el compañero le dijo a Juan Bosch: “esos guardias lo respetan mucho mira como lo saludan”. Juan le contestó: “Es que yo soy un expresidente de la República, además yo no les ataco a su jefe”. ¿Cuál jefe?, inquirió el compañero Fernández. “El Dr. Balaguer”, contestó el compañero Juan. ¡Oh, pero Don Juan¡ Balaguer es un asesino”…y el compañero Juan le dijo: “El Dr. Balaguer es incapaz de mandar a matar a nadie”. Para nosotros esa afirmación del compañero Juan nos dejos perplejos, pero asentimos, porque al salir de él lo dimos como un hecho verdadero.

Tenía más de tres décadas en querer narrar esto, si lo estoy haciendo ahora es porque considero que los hechos históricos no siempre tienen que ser grandes acontecimientos, sino los hombre que hacen que la historia los aborde. Juan Bosch, hijo, padre, compañero, amigo, en el lugar que te encuentres, gracias. Tanto que te debemos Juan.

¡Ay Juan, si no fuera por todo lo que hiciste, cómo estuviéramos¡.

Nos dejaste un gran equipo. Poco a poco estamos sacando la carreta del pantano. La aurora se despeja y está permitiendo ver la esperanza. Gracias compañero Juan, Gracias Don Juan, Gracias Profesor. José Santana.